Después de una session de fotos en todo el día, no había nada mejor que llegar a casa, bañarme y acostarme. Las ganas de cocinar me faltaban así que era más probable que solo me coma unos Doritos y a la cama.
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.
o eso pensaba, como siempre Daniela llegando en el momento justo.
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.
[...] Al día siguiente, nos preparamos con Dani para ir a desayunar a una de las cafeterías que siempre íbamos. Era una costumbre que manteníamos desde hacía meses, como si el café y las charlas fueran nuestra forma de poner pausa a todo lo demás.
El lugar estaba igual que siempre: el olor a pan recién horneado, el ruido suave de las tazas, y el mismo fondo musical de siempre. Pero esta vez había alguien nueva detrás del mostrador.
-¿La viste? -susurró Dani, mientras buscábamos mesa. -Sí -dije, observándola de reojo.
Se llamaba Manon, o al menos eso decía su plaquita. Tenía el delantal un poco torcido y una sonrisa que parecía nerviosa pero sincera. El tipo de sonrisa que no se finge.
Nos sentamos cerca de la ventana, mi lugar favorito. Cuando ella se acercó a tomar el pedido, su voz sonó bajito, pero dulce. -Buen día, ¿qué les traigo? -Dos cafés con leche y medialunas, por favor -respondí.
-Perfecto -dijo, y anotó algo en su libretita con una caligrafía redonda, prolija.
Mientras se alejaba, Dani me miró con una sonrisita cómplice. -No digas nada -le advertí. -No dije nada -respondió, pero su tono lo decía todo.
Cuando Manon volvió con el pedido, se le notaba el cuidado en cada movimiento, como si tuviera miedo de hacer algo mal. -Perdón si no está perfecto, todavía me estoy aprendiendo todo -comentó, dejando las tazas. -Tranquila, está más que bien -le aseguré.
Ella levantó la vista, me reconoció por un segundo y sonrió, un poco sorprendida. -Vos sos... Lara, ¿no? -preguntó, dudando-. Te vi en una campaña, creo.
-Sí, algo así -respondí, tratando de sonar natural. No me gustaba mucho hablar de eso, pero su tono no tenía nada de fan, ni de interés raro. Era solo curiosidad genuina.
-Ah, pensé que me confundía. -rió, y se fue hacia el mostrador.
Mientras revolvía el azúcar en el café, la miré por última vez antes de seguir hablando con Dani. Y fue raro: no era la primera vez que alguien me reconocía, pero sí la primera vez que me importaba lo que esa persona pensara de mí.