When you're gone

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Apenas se había percatado de mi presencia en un par de ocasiones, lo suficiente para reparar en mi existencia; uno de tantos superiores que tenía, pero el más imponente. Esa imagen fría y lejana que lograba despejar los pasillos haciendo que los que ahí estuvieran, se hicieran a un lado solo para que pasara; tras esos lentes oscuros no se podía dejar de sentir la intensidad de la mirada de unos ojos azules, que a pesar de ser claros como el cielo, cuando no eran cubiertos por esas gafas se presentía una tormenta proviniendo de ellos con fuerza.

Podía contar las veces que esos ojos me miraron, porque eran las mismas veces que mis piernas habían temblado al punto de hacerme creer que se derretirían igual a una gelatina y en las que mi corazón pareció detenerse con tan solo percatarme de su imagen delante; y la respiración, bueno, no creía que hubiera alguien que pudiera respirar su mismo aire.

Sin palabras en esos cortos encuentros, dudaba en serio que él los pudiera recordar con la misma importancia con que yo hacía. 

Luego esa noche...

La noche en que los S.T.A.R.S fueron enterrados junto a la ciudad. Nosotros, los que sobrevivimos, no eramos más parte de ese escuadrón especial; eramos precisamente eso, sobrevivientes. 

Memorias oscuras y entre cortadas, apenas lo suficientemente claras para terminar mis sueños y provocar mis más temidas pesadillas.

No me había dolido el aterrizar con brusquedad en el suelo ni tampoco el ardor del paso de la bala a través de mi piel cuando me disparo.  Esa bestia despertó mientras yo perdía la consciencia; y cuando ella cayó al fin y yo despertaba, desde los brazos de Chris, quien me salvaba de ese lugar a punto de estallar junto a sus turbios secretos, lo vi.

Sin vida. Desangrado. Con esa herida abierta en su pecho y la garra de esa criatura cubierta del carmín que manchaba el suelo mientras se derramaba con la lentitud de un suspiro.

La rehabilitación curo la herida de mi cuerpo, pero el tiempo no borró el recuerdo.

Sola en la habitación de un hospital, miré por la ventana la noche sin estrellas justo como cuando llegamos a esa mansión y todo cuanto acontenció hasta llegado el amanecer; cansada, decepcionada, abatida y frustrada, el sueño no tardó en hacer mella en mi ser provocando que lentamente, mis párpados se fueran sintiendo cada vez más pesados al punto de ladear la cabeza y perderme de nuevo en un sueño.

La imagen de meses atrás cuando recién me entregaron mi uniforme y uno de mis compañeros me dijo que buscara al jefe Brian Irons para que me diera más instrucciones, sobre a que equipo pertenecería y quien sería mi capitán. 

Por los pasillos de esa vieja biblioteca restaurada, la emoción de pertenecer ahora a los S.T.A.R.S. no lograba caber en mi pecho. Aunque por el momento, solo fuera una novata que anhelaba convertirse con su propia dedicación y esfuerzo en la mejor médico de apoyo.

Uno de los policías me indicó que el jefe Irons estaba en la oficina al fondo del pasillo, así que fue ahí a donde me dirigí. 

Había dos miembros de un equipo de pie mirando por una de las ventanas, conversaban en voz baja y cuando me acerqué para ver por la puerta abierta, pude sentir la mirada de ambos sobre mí. Dentro había dos hombres conversando sentados a una mesa; uno, ya lo lograba reconocer, era el mismo jefe Irons, pero él otro, el de lentes oscuros y cabello castaño peinado hacia atrás, no lo conocía. Debatiendome en si tocar la puerta o no, la voz de la mujer me llamó antes de cualquier acción.

—Tu debes ser de las nuevas. —me volví sobre mis pies para ver que tenía media sonrisa en su rostro—. Será mejor que esperes a que ellos salgan, si no, no solo será tu primer día, será el último. —rió a lo bajo mirando al joven, quien negó con la cabeza por su comentario.

Play on meWhere stories live. Discover now