Hace siglos, en el clan Tsukiyami, conocido solo por su leyenda, solo por un mito, surgía un niño distinto cada quinientos años. No era un nacimiento común: sus ojos portaban un poder capaz de absorber la fuerza vital y el chakra de quienes se cruzaran en su camino. No era un don, sino una prueba; quienes lo recibían nunca podían elegir su destino; el destino los elegía a ellos.
Los abuelos susurraban la historia a sus nietos junto al fuego, y las madres la repetían a sus hijos al acostarlos. Contaban cómo aquel que anhelara demasiado poder, creyendo que podría controlarlo, acababa consumido por él. Relataban la historia de uno de esos portadores: un hombre ambicioso que absorbió todo el chakra de un ser poderoso. Durante un instante, creyó haber alcanzado la gloria. Pero el poder que tanto deseó se volvió su condena, y lo mató.
Generación tras generación, los mayores recordaban a los jóvenes la misma lección: que el poder que un día alguien deseó con todo su corazón, el poder que creyó que lo haría invencible y eterno, fue precisamente ese mismo poder el que terminó matándolo.
El día en que nació aquella niña, la aldea de la Hoja estaba cubierta por nubes grises, y la lluvia golpeaba los tejados con un murmullo constante, como un suspiro de advertencia. La madre estaba sola, y su parto llegó sin aviso: rápido, violento y agotador. Cada contracción le robaba la fuerza, y cada segundo parecía eterno.
Cuando la sostuvo por primera vez, un escalofrío la recorrió de pies a cabeza. Su chakra comenzaba a drenarse lentamente, como si la vida misma se deslizara hacia la pequeña. Cada respiración se volvió pesada, cada latido resonaba con un eco de peligro.
Entonces miró los ojos de su hija. Uno azul, profundo y curioso, sereno como un río. El otro morado, oscuro y voraz, como un abismo que devoraba todo a su alrededor. La mujer sintió que su corazón se helaba; algo en ese ojo no era humano. Recordó las historias de su infancia sobre el clan Tsukiyami, los cuentos de poder y muerte, los ojos que tragaban la vida misma. Un recuerdo que ahora se volvía realidad ante sus ojos.
Con esfuerzo sobrehumano, se incorporó tambaleante. Sus piernas temblaban, su respiración se entrecortaba, y aun así avanzó hacia un cajón en busca de algo, cualquier cosa que pudiera contener ese poder. Nada servía. La desesperación la obligó a desgarrar su vestido con manos temblorosas, sintiendo el calor de la sangre y la tensión de cada fibra.
Con un hilo de chakra concentrado, impregnó el pedazo de tela, sintiendo cómo vibraba con la energía que emanaba la pequeña. Lo colocó sobre el ojo morado. Poco a poco, sintió que su chakra dejaba de drenarse tan rápido; al menos por ahora, el poder de su hija estaba contenido.
Pero había sido solo 7 segundos. Siete segundos mirando directamente aquel ojo, y la madre ya había sentido la fuerza de un poder capaz de devorar toda la vida. Si hubiera sido más tiempo... ambos habrían muerto.
Sosteniendo a su hija contra el pecho, comprendió que aquel pañuelo era solo un parche. Tendría que idear algo más seguro, algo que contuviera por completo aquel ojo, antes de que su hija y el mundo alrededor sufrieran las consecuencias de un poder que no perdona.
"7 segundos"
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Boruto
FantasyEn los confines de un clan olvidado por la historia, los Tsukiyami, marcados por el mito de unos ojos temidos y deseados a la vez, surge una niña destinada a desafiar su propio destino. Un ojo azul que revela la verdad. Un ojo morado que devora la v...
