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En el pequeño pueblo lejano de Estados Unidos los rayos del sol empezaban a bañar las casas cada vez con más fuerza cada día que pasaba los finales de la primavera eran evidentes y el inevitable verano empezaba a dar paso.

Miyazaki Shouto salía de sus clases más temprano, un profesor había faltado, claro, estaba feliz porque significaba menos clases innecesarias, después de todo a nadie por más inteligente o estudioso que fuera le gustaría estar nueve horas enteras en la escuela. El chico caminaba con una sonrisa boba con su mochila colgada a su hombro de forma perezosa, iba caminando solo ya que aunque tenga muchos amigos ninguno vive por donde él vive, sentía el sudor bajando por su frente y la limpiaba con la manga de su sudadera una y otra vez. El día era tan caluroso que estaba seguro que podía sentir la sangre de su nariz correr en cualquier momento.

Se detuvo frente a la reja negra que intercalaba entre tablas viejas y fierros nuevos, hizo un movimiento parecido al de un gato tratando de entrar a un pequeño hueco para poder pasar entre el espacio que quedaba en una tabla mal puesta y un fierro que había sido colocado muy lejos. Había olvidado las llaves y estaba seguro que en casa no habría nadie.

Solo vivía su abuela, su hermano pequeño y él, además de un chico que trabajaba para su abuela que aveces ayudaba en casa su nombre era Harry, tenía una edad parecida a la de Shouto por lo que solían tener buena afinidad, entró al terreno, una pequeña choza antigua, su abuela se rehusaba a pesar de los años y como las lluvias habían afectado a las tablas hinchadas a cambiar algo de esa casa. Por esa misma razón a su hermano le molestaba tanto llevar amigos a casa.

Shouto se paso la mano por la cara y empujó la pesada y vieja puerta de entrada, la manilla ya casi ni hacía su función y la puerta simplemente era abierta por la fuerza de quien la empujaba, al entrar vio el alrededor, todo estaba como lo había visto en la mañana, la televisión antigua, los sofás viejos y la mesa de madera que tenía exactamente en la misma posición la tostada que no se quiso comer, suspiró. Un poco cansado de la repetitiva rutina en su pueblo, tiro la mochila en cualquier lugar y fue a su cuarto, se quito el pegajoso uniforme con una mueca de asco y volvió a salir de casa, la sensación abrumante de esa casa cuando no había nadie era algo que le inquietaba a Shouto, nunca supo como describir lo que sentía, pero simplemente no le gustaba sentirlo.

Deambulo sólo por el pueblo, hasta que fue a donde supo que podría encontrar a su abuela, fue a las cosechas, y efectivamente ahí estaba.

Su abuela ya era una mujer de una edad bastante avanzada para estar trabajando, pero ella insistía en seguir haciéndolo ya que tenía que mantenerlo a él y su hermano menor, Shouto sentía como si estuviera aprovechándose, por lo que siempre que podía la ayudaba. Nunca supo de sus padres, pero tampoco preguntaba por ellos, ya que sentía que no tenía necesidad de hacerlo, si ellos no estaban, por algo debía de ser.

La mujer al verlo se apartó unos mechones blancos de la cara con sus guantes llenos de tierra, hizo unos gestos para que se acercará y con su voz algo ya más débil le reprochó con el ceño fruncido:

—Shouto, ¿no deberías estar en clases? ¿Que haces aquí?

El adolescente sonrió por lo bajo al saber que tenía una respuesta totalmente válida que haría que el enojo de su abuela se desvanaciera de inmediato, solo con un resoplido y un tono bastante satisfecho dijo:

—Salía más temprano hoy, el profesor ha faltado, pero Kenta se ha tenido que quedar

Ni media palabra más tuvo que dar para que su abuela aceptara y le pusiera a cosechar tambien, le dio un par de baldes y unos guantes, Shouto no se negó, por una parte porque sabía que su abuela necesitaba ayuda y otra porque ya estaba tan aburrido que en ese pueblo tan lejano cosechar no sonaba tan mal.

—Harry no vendrá hoy

Comentó la anciana mientras sacaba un par de vegetales sucios de la tierra que empezaba a mojarse levemente.

—¿No? ¿Y eso por que?

Preguntó el adolescente mientras apartaba uno de sus mechones con un soplido torpe, haciendo sonreir a su abuela.

—Estaba enfermo, deberías después ir a ver como está...sabes que es de bastante ayuda y es casi como uno más de la familia

El chico tarareo en respuesta antes de asentir con calma y seguir sacando vegetales con una energia inagotable, ese lugar tan pequeño le agobiaba y buscaba forma de gastar energía.

Después de estar casi toda la tarde ayudando a su abuela a cosechar bajo el sol llegó a casa con la sensación del sol pegandole en la cara como efecto secundario, sus pies se arrastraban y gruñó al ver a su hermano, Kenta simplemente leyendo una revista mientras bebía jugo, odiaba que ese mocoso que solo era dos años menor que él siempre se salía con la suya.

—Tsk, ¿te quedaste aquí y no fuiste a ayudar a la abuela?

Dijo el mayor con clara irritación, el chico que seguía leyendo la revista alzó un poco la mirada y solo se encogió de hombros.

—Para que iba a ir yo, si ya habías ido tú

Respondió el mocoso, haciendo que Shouto apretara sus puños, ¿él también fue así de insoportable cuando tuvo catorce? No lo recuerda, probablemente no, porque Kenta era un mimado.

—Que molesto eres, por eso no sabes hacer nada

Dijo mordaz mientras caminaba más rápido, el menor solo alzó una ceja y murmuró una respuesta que Shouto no alcanzó a oír por suerte antes de que la discusión siguiera y ambos empezaran a decirse cosas más graves y escalar a una pelea, como solía siempre ocurrir.

Al entrar a su habitación la cosa era distinta, se podía relajar, había fotos de postales de la ciudad por todos lados, aunque Nueva York no fuera una ciudad ejemplar, Shouto hubiera deseado haber vivido ahí en lugar de el pueblo que le tocó. Su meta era irse a estudiar a la ciudad y poder dejar el pueblo rápidamente.

Se recostó en su cama y cerró los ojos por un momento, cansado de todo.

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⏰ Last updated: Sep 22, 2025 ⏰

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