Prologo

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"¿Dónde estoy?"

Levanté la mirada. El espacio era oscuro, pero a la vez parecía cristalino, como si todo estuviera sumergido en agua.

 El espacio era oscuro, pero a la vez parecía cristalino, como si todo estuviera sumergido en agua

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¿Este es el fin? ¿Así es el cielo?

Pensé, como siempre sobrepensando. Me vinieron las obvias ideas: debía sentirme arrepentido, no tenía recuerdos buenos y, a pesar de ser eficiente, no tenía a nadie. Y aun así no me importaba. No me angustiaba por haber desperdiciado una vida corta; si algo me movía, era la curiosidad.

Miré al vacío unos minutos y perdí la noción del tiempo. Tal vez me arrepentía más de no haber hecho una fortuna, pero eso era solo una excusa para creer que había servido para algo.

Una voz interrumpió mis pensamientos.

—Oye, cabezón.

Me giré buscando a quien hablaba, pero no había nadie.

¿Finalmente perdí la cabeza y escucho voces? pensé.

—No, tontito —dijo la voz—. Soy una identidad divina que te hará reencarnar en un mundo, probablemente más simple. Eres noble; no merecías lo que viviste. Bajo tu fachada fría, seguías ordenando la casa para ayudar a tu madre. Aunque la perrita de tu hermana se comiera tu comida, nunca la golpeaste. Tuviste arrebatos de ira, pero seguiste adelante. ¿Triste, no?

Mi expresión fue indolente; mi cuerpo rechazó sus palabras bondadosas.

—Básicamente quisiste decir "patética", ¿no?

La voz calló un instante, tan breve que apenas lo noté. O quizá mi mente se negó a escucharlo.

—Sniff —suspiró—. Mira... te enviaré a otro mundo. Será una sorpresa. Quizá te guste... eso espero.

Me calmé un poco. Obviamente pensé en isekai cliché, en portales, en vidas nuevas. Antes de terminar de llamarlo cliché, mis ojos se cerraron y caí en un sueño profundo.

Al despertar, si así podía llamarse, lo primero que escuché fue el sonido de autos moviéndose: un ruido tan cotidiano que parecía la banda sonora obligatoria de la vida.

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