salida al cine

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Una mujer de cabello medio rubio corría hacia el cine, esquivando a la gente con torpeza mientras sujetaba la bolsa que rebotaba contra su costado. Llegaba tarde, y eso la ponía más nerviosa de lo que quería admitir. No era solo una cita cualquiera: se había quedado de ver con alguien a quien no veía desde hacía un mes.

“Excompañera de trabajo”, pensó, aunque enseguida se rió sola. ¿Se le podía llamar trabajo a lo que vivieron? No exactamente. No después de haber estado encerradas dos meses juntas en aquella casa, vigiladas por cámaras, compartiendo risas, peleas y silencios incómodos. La Casa de los Famosos había sido cualquier cosa menos un trabajo normal.

Ese mes sin verse se le había hecho eterno. Dal, ocupada con compromisos del programa, entrevistas y viajes. Y ella, metida de lleno en su nueva novela, esa que le había dado el papel que tanto soñaba. Ambas habían estado sumergidas en su propio torbellino, pero aun así, esa ausencia pesaba.

Apretó el paso. El corazón no solo le latía por la carrera: era la ansiedad de reencontrarse. Había tantas cosas no dichas, tantas conversaciones pausadas que exigían un “continuará”.

Frente al cine, respiró hondo. Se acomodó el cabello rubio con las manos temblorosas y buscó con la mirada. Y entonces la vio.

Dalilah estaba allí, recargada en una columna, con un suéter oversize vino que le caía como un abrazo y los brazos cruzados, sosteniendo en la mano un vaso de refresco. La pantalla iluminaba su rostro a ratos con anuncios de películas próximas, dándole un aire entre melancólico y encantador.

Ella sonrió sin poder evitarlo. El mes había dolido, pero esa sonrisa valía la espera

Se acercó a Dal con una sonrisa nerviosa.

—Pensé que me ibas a dejar sola… o plantada —dijo ella, mirándola de reojo.

—Jamás haría eso —contestó Mar, devolviéndole la sonrisa mientras la abrazaba suavemente. No mucho, porque sabía que a Dal no le gustaba el contacto físico—. ¿Cómo estás? —preguntó al soltarla.

—Bien, ¿y tú? Veo que estás feliz. El Team Noche era querido… yo solo me metí por lo de mi accidente —respondió Dal, caminando hacia la entrada del cine.

Mar la alcanzó, negando con la cabeza.
—No creo que haya sido así. Siento que traías apoyo, lo sé porque antes de entrar a la casa lo vi.

—Gracias, pero aun así salí funada —rió con ironía—. Hasta pensaron que era lesbiana y bruja.

Mar iba a contestar cuando una fan se acercó corriendo con el celular en la mano.
—¡Mar, una foto contigo, por favor!

Mar ya estaba acostumbrada a eso; sonrió, posó y le dedicó un par de palabras amables. Pero alcanzó a notar cómo el rostro de Dal se apagaba. Algo en su mirada se encogió.

Mar quiso arreglarlo rápido.
—¿No quieres tomarte una foto con las dos? —preguntó, buscando incluirla.

La fan se encogió de hombros.
—No, ella me cae mal… hasta me puede hacer brujería. No sé cómo puedes salir con ella si se burló de ti.

Y sin más, la chica se fue.

Dal miró al suelo, disimulando, y Mar se quedó en silencio unos segundos. Sí, Dal había metido la pata muchas veces. Sí, había comentarios que la lastimaban. Pero ella ya la había perdonado desde hacía meses. No entendía por qué, después de todo, seguía queriendo verla.

—Vamos, elige la película —dijo al final, tratando de cambiar el aire pesado.

Dal miró la cartelera con brillo en los ojos.
—Wicked. Quiero ver Wicked.

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⏰ Last updated: Sep 20, 2025 ⏰

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dalimar Where stories live. Discover now