—Dime una cosa ¿Como si quiera tienes la cara para llamarte a ti mismo un rey? Se supone que los reyes deben estar dispuestos a dar su vida para proteger a su pueblo. Un rey no debería ver a sus súbditos como meras piezas de ajedrez que puede sacrificar cuando quiera
—Sacrificaré cuántos sean necesarios para salvar a este reino sin importar el costo y si tú no estás conmigo... Estás en mi contra.
—Pues lo estoy, no permitire que este reino se caiga a pedazos por tu egoísmo y cobardía
—Espero que estés que consiente de que tus palabras son una clara amenaza asia el rey
—A la mierda el rey, no me importa si tengo que matar lo con mis propias manos lo haré si es necesario.
—Bien. Que así sea.
El abismo aquel paramo desolado y despojado de cualquier rastro de vida. Hogar de las aberraciones más memorables de estés inhóspito reino.
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Y entre estás aberraciones se en encuentran ellos. Seres los cuales alguna vez fueron descendientes del rey, pero ahora no eran más que una mancha. Un remanente de lo que alguna vez fueron, arrojados a aquel abismo en contra de su voluntad para así tratar de detener algo que ni el mismo rey en su cobardía había podido enfrentar.
El abismo ya hacía inerte en lo profundo del reino, como una cicatriz vieja que se negaba tercamente a sanar por completo. Su existencia no representaba un peligro como tal para el reino, pero cualquier incauto que se acercara lo suficiente podría ser víctima de los seres que ya hacian encerrados allí.
Las paredes recubiertas de una piedra tan negra como la noche, charcos oscuros que parecían cobrar vida en el instante en algo se acercaba mínimamente a ellos, suelo inestable, grietas que parecieran llevar al mismo infierno, salientes corroída por el tiempo que llevaban directamente a pinchos hechos de piedra oscura que no auguraban un buen final.
Pero... Lo que más destacaba en este tétrico paisaje eran ellos. No sé movían, no emitían algún ruido... Solo flotaban en la inmensidad de la oscuridad. Sus ojos blancos eran como faros que atravesaban la perpetua oscuridad en un intento de ayudar a algún desafortunado que callera en las profundidades... O tal vez guiarlo hacia su perdición.
Entre la inmensidad de sombras que flotaban sin rumbo en la oscuridad había una que de alguna manera peculiar destacaba entre todas ellas. Su cuerpo por decirlo de alguna manera era diferente al de las demás... Parecía fragmentado.