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satoru gojō
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suguru getō
au!omegaverse.

La Escuela Técnica Metropolitana de Tokio parecía sumida en un sueño profundo, sus pasillos iluminados únicamente por la luz fría y plateada de la luna que se colaba a través de los ventanales

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La Escuela Técnica Metropolitana de Tokio parecía sumida en un sueño profundo, sus pasillos iluminados únicamente por la luz fría y plateada de la luna que se colaba a través de los ventanales. Sin embargo, dentro de ese silencio nocturno, Suguru Getō no podía encontrar reposo. Sus pasos resonaban de manera insistente sobre el suelo de mármol, cada eco ampliando la sensación de vacío y de alerta que lo consumía. El aire olía a papel viejo y a metal de los laboratorios, pero a él le parecía cargado, como si la misma escuela contuviera un secreto que lo acechaba. La mente de Suguru no dejaba de dar vueltas en torno a Satoru Gojō, el alfa más poderoso de la institución, cuya cercanía había sido siempre un refugio... hasta ahora. Algo se había torcido entre ellos, un hilo invisible que antes los conectaba ahora vibraba con tensión y distancia. Cada memoria de su risa, de sus gestos confiados, parecía mezclarse con la inquietud que lo devoraba: la sensación de que Satoru guardaba un secreto, o peor aún, de que sus sentimientos hacia él habían cambiado, dejando a Suguru atrapado entre la ansiedad y la impotencia.

Suguru había aprendido, con el tiempo, a leer los huracanes que era Satoru Gojō. Su presencia era tan abrumadora como magnética: un alfa que llenaba cualquier espacio con solo un parpadeo, cuya voz podía hacer temblar los pasillos o derretir la concentración de quienes se cruzaban con él. Cada gesto suyo estaba calculado con una precisión que dejaba claro quién llevaba el control, y Suguru había aprendido a danzar en torno a esa intensidad, a mantenerse firme sin perderse, a anticipar cada movimiento como quien esquiva olas en medio de una tormenta.

Pero últimamente, algo había cambiado. Eran pequeños detalles, casi imperceptibles, que perturbaban la armonía que creía conocer. Miradas que se desviaban con una rapidez casi imperceptible, silencios que se alargaban más de lo normal en medio de conversaciones triviales, y un aroma extraño que flotaba alrededor de Gojō, mezclándose con su perfume habitual, que Suguru no lograba descifrar del todo. Cada uno de esos indicios era como un filo invisible que rasgaba su tranquilidad. Su instinto de omega, agudo y sensible, le gritaba que algo se le escapaba, que había otra presencia, otra influencia… algo que él no controlaba. La idea lo hacía apretar los puños sin darse cuenta, mientras un nudo de inquietud se formaba en su pecho: no era el único, y la certeza de esa posibilidad lo llenaba de un frío que ninguna luz de luna podía calentar.

— ¿Por qué siento que no soy suficiente? — Susurró, apenas un hilo de voz que parecía perderse entre el silencio de la noche. Cada palabra retumbaba en su mente con fuerza, amplificando el peso que ya sentía en el pecho. Avanzó lentamente hacia la puerta de su habitación compartida, consciente de que cualquier ruido podía romper la frágil calma que lo rodeaba, pero incapaz de detenerse. El nudo que se había formado allí hacía que cada inhalación fuera un esfuerzo, como si el aire mismo se resistiera a entrar en sus pulmones. Sus hombros estaban tensos, rígidos, y un frío recorrió su espalda al pensar en Satoru, en la distancia que ahora parecía crecer entre ellos con cada gesto ambiguo, cada silencio incómodo. Por un momento, se detuvo frente a la puerta, apoyando la palma sobre la madera, y dejó que los recuerdos invadieran su mente: risas compartidas, miradas cómplices, la sensación de seguridad que solía sentir cerca del albino... todo parecía desvanecerse como arena entre sus dedos, y el miedo de perderlo por algo que no entendía lo dejó temblando.

The only one : stsg.Where stories live. Discover now