Prologo

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Aun cuando no había clasificado para formar parte del FFI, Sakuma siguió entrenando con fuerza día a día para poder lograr su meta más importante. Jugar en el evento de futbol de sus sueños.  

Una y otra vez, Sakuma repetía el mismo movimiento con el balón, como si al hacerlo pudiera borrar la sensación incómoda que le pesaba en el pecho. El campo ya no estaba lleno de voces ni de expectativas ajenas. Solo quedaban él y el lúgubre silencio que solo el instituto imperial podía otorgar.

 —¿Todavía estás aquí?

Una voz grave sacó al de largo cabello de sus pensamientos, en especial porque ese tono era muy familiar para él.

Genda Koujirou, su compañero y portero del instituto imperial estaba detrás de él.

—Sigues entrenando.

—Si, estoy algo frustrado—dijo el delantero del instituto imperial—. No puedo anotar bien desde esta posición, debería ser fácil, pero no me sale.

No haber sido elegido para el Inazuma Japan dolía más de lo que estaba dispuesto a admitir. Aun así, no se permitió detenerse. Entrenar era su forma de resistir, de convencerse de que todavía había algo por lo que luchar.

—Ya veo—dijo el joven de cabello castaño—. Creo saber el porqué.

—¿En serio? ¿Por qué?—Sakuma se sorprendió al escuchar a su amigo, y más aún cuando este lo sujetó por los hombros.

—Es porque estás cansado. Llevas entrenando más de una hora. No es bueno que te sobre exijas demasiado. 

Sakuma frunció el ceño casi de inmediato, apartando la mirada.

—No estoy cansado —respondió con firmeza, aunque su respiración lo traicionaba—. Si descanso ahora, solo estaré perdiendo el tiempo.

Genda suspiró despacio, sin soltarlo todavía. Lo conocía lo suficiente como para saber que insistir de frente no serviría para nada.

—Sakuma... —dijo con un tono más suave—. Forzarte no va a hacer que mejores más rápido.

—Tengo que hacerlo —replicó el delantero, zafándose al fin de su agarre—. Si no entreno, siento que me estoy quedando atrás. Ya pasó una vez... no quiero que vuelva a pasarme.

El silencio se instaló entre ambos por unos segundos, roto únicamente por el eco lejano del balón rodando por el campo. Genda observó la espalda de su amigo, tensa, obstinada, y entonces una idea cruzó por su mente.

—Bien, entonces no descanses —dijo de pronto.

—¿Qué?—Sakuma giró la cabeza sorprendido. 

Genda caminó unos pasos hacia la portería y, de su bolsillo, sacó y se colocó sus guantes bajo el arco, acomodándoselos con tranquilidad.

—Si no quieres parar, entonces entrena bien —continuó—. Yo seré tu portero.

Los ojos de Sakuma se abrieron apenas, como si no hubiera esperado esa respuesta.

—¿Tú... quieres entrenar conmigo?

—Claro —respondió Genda con una ligera sonrisa—. Siempre entrenas solo, y así solo te llenas la cabeza con las cosas que no te salen bien. Si voy a estar aquí de todos modos, más vale que sea útil.

Sakuma dudó. Por un momento, el cansancio volvió a hacerse presente, pero algo en la propuesta de Genda, en su voz segura y en la forma en que lo miraba, hizo que su pecho se sintiera un poco más ligero.

Punto de partida | Inazuma ElevenStories to obsess over. Discover now