🎂 O.S - "El Regalo Perfecto" (Especial Cumpleaños de mi Oba)

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El día amaneció tranquilo, con un aire fresco que anunciaba que el otoño estaba en su punto más bello. Para cualquiera, era un día normal de patrullas y misiones, pero para Mitsuri no había nada normal en esa fecha. Desde que se había enterado de que era el cumpleaños de Obanai, había decidido que esta vez él no iba a escapar de que alguien lo celebrara.

Obanai, como cada mañana, estaba sentado en la veranda de la Mansión Mariposa, mirando el cielo con expresión seria. Kaburamaru se enroscaba en su cuello, descansando. La paz de la mañana se rompió con un sonido inconfundible:

-¡Iguro-Saaaaaaan! -la voz de Mitsuri resonó como un canto alegre.

El pilar de la Serpiente frunció el ceño, ya anticipando lo que venía.

-Ya te he dicho que no celebro mi cumpleaños, Kanroji -respondió en tono seco, sin molestarse en girar del todo.

Pero Mitsuri no se detuvo. Se arrodilló frente a él, con esa sonrisa que desarmaría a cualquiera.

-¡Pues yo sí lo celebro! -dijo resuelta, tomándole la mano-. Anda, ven conmigo. Solo un ratito, no te va a matar.

Obanai suspiró. No había forma de escapar cuando Mitsuri se ponía así, tan decidida y brillante que hasta Kaburamaru pareció apoyar la idea, deslizándose hacia el brazo de la pilar para lamerle la muñeca.

-Traidor... -murmuró Obanai al ver a su serpiente cooperar.

Lo que Obanai no sabía era que Mitsuri llevaba semanas conspirando con alguien más.
Ese alguien estaba ahora mismo en la cocina, batallando contra un desastre azucarado.

Giyuu no era precisamente conocido por sus talentos culinarios, pero allí estaba, frente a un pastel que parecía haber sobrevivido a una guerra. El glaseado se había escapado de la manga pastelera y le manchaba el antebrazo.

-No es tan complicado -se dijo a sí mismo en voz baja-. Solo sigue las instrucciones...

Pero el pastel no quería colaborar. Giyuu soltó un suspiro profundo justo cuando Mitsuri entraba a revisar.

-¡Oh! -exclamó ella al ver el desastre, pero en lugar de regañarlo, sonrió-. ¡Está perfecto!

-No parece perfecto -respondió él, mirando el pastel de reojo.

-Créeme, Iguro-San lo va a amar -dijo Mitsuri, palmeándole el hombro-. No le importa si el glaseado no es simétrico, le importa que tú lo hiciste.

Giyuu desvió la mirada, incómodo, pero sus mejillas se encendieron de un color rojo.

Cuando Mitsuri finalmente llevó a Obanai a la sala que había preparado, este se detuvo en seco. La decoración era sencilla: flores de colores suaves, una mesa de té y, en el centro, un pastel con un lazo verde. No era nada exagerado, y tal vez por eso se sintió... cálido.

Obanai miró alrededor, desconfiado.

-¿Qué es todo esto?

-Una sorpresa -respondió Mitsuri, sonriendo-. ¡Feliz cumpleaños, Iguro-San!

-Te dije que no celebro... -empezó él, pero se interrumpió al ver a Giyuu en la esquina de la sala, con el cabello algo despeinado y la muñeca aún manchada de glaseado.

-Lo hizo él -dijo Mitsuri, señalando a Giyuu como si revelara el secreto más grande del mundo.

Obanai parpadeó, incrédulo.

-¿Tú hiciste esto? -preguntó en voz baja, fijando su heterocromía en Giyuu.

El pilar del Agua asintió, algo nervioso.

-Pensé... que quizás podrías celebrarlo por una vez -dijo sin mirarlo directamente-. Si no te gusta, puedo llevármelo.

Obanai sintió un extraño nudo en el pecho. Quiso decir algo cortante, pero lo que salió fue un simple:

-No. Déjalo aquí.

Mitsuri sonrió satisfecha y, sabiamente, se excusó para traer más té y dejar a los dos solos.

El silencio reinó por unos segundos, pero no era incómodo. Giyuu se sentó frente a él, sirviendo té con manos algo torpes.

-Nunca nadie... había hecho algo así para mí -confesó Obanai al fin, mirando el pastel. Su voz era baja, como si temiera romper el momento.

-Entonces que este sea el primero -dijo Giyuu.

Sus miradas se encontraron. Por un instante, el mundo pareció detenerse. Obanai sintió que el calor le subía al rostro, y escondió la expresión tras sus vendas aunque no servía de nada.

-Eres un tonto, Tomioka -dijo, pero su tono carecía de veneno-. Gracias.

Giyuu, con un gesto tímido, cortó un trozo de pastel y se lo ofreció.

-Deberías probarlo.

Obanai aceptó, y el sabor dulce lo tomó por sorpresa. No era perfecto, pero había algo reconfortante en él.

-Está... delicioso -admitió, y Giyuu dejó escapar el aire que había estado conteniendo.

Pasaron la tarde compartiendo el pastel y el té. Mitsuri volvió más tarde, llena de energía, y la habitación se llenó de risas suaves. Por primera vez en años, Obanai no se sintió como un error en el mundo.

Cuando el día terminó y Mitsuri se fue, Obanai y Giyuu quedaron solos en el silencio de la sala. Giyuu se levantó para irse, pero Obanai lo detuvo tomándolo de la muñeca.

-Tomioka.

Giyuu se giró, sorprendido, y Obanai se quitó las vendas, aquellas que ocultaban leves cicatrices del pasado. Por un segundo, Giyuu se quedó sin palabras al verlo tan expuesto.

-Llévalas tú -dijo, extendiéndoselas-. Considéralo... mi forma de agradecerte.

Giyuu las tomó, y una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios.

-Feliz cumpleaños, Iguro.

Obanai apartó la mirada, el corazón latiéndole fuerte. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que celebrar su existencia... no era tan malo después de todo.

FIN

Holiiiii, como saben, hoy es el cumpleaños de mi queridísimo Obanai y decidí que escribirle un O.S sería algo especial de mi parte, eso sería todo de mi parte y espero que apoyen el O.S hasta luego!

S hasta luego!

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𝐔𝐧 𝐫𝐞𝐠𝐚𝐥𝐨 𝐏𝐞𝐫𝐟𝐞𝐜𝐭𝐨 | 𝓞𝓫𝓪𝓖𝓲𝔂𝓾𝓾Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora