Deambulando por las calles, te veo a ti. Mi corazón, que ya no late, se estremece al verte. Pero no estás solo. Te acompaña una mujer hermosa, rubia, de ojos azules como el cielo que ya no puedo contemplar. Me quedo paralizada, una sombra entre las sombras, observando la escena que me desgarra.
Tú le acaricias la mejilla, con la misma ternura que un día dedicaste a mi piel. Le acomodas el cabello, esos gestos que antes eran míos, ahora son de ella. Tomas suavemente su mano, y mi alma se contrae al ver cómo vuestros dedos se entrelazan, uniendo dos vidas que la mía ya no puede habitar.
Observo cómo ella viste tu suéter favorito, aquel que solías prestarme a mí cuando el frío calaba mis huesos, cuando mi cuerpo aún era capaz de sentirlo. Ahora ella lo lleva, y con él, el calor que una vez fue mío. Observo sus narices rojas por el frío, y sus mejillas sonrosadas por tu cercanía, por tus caricias. Yo solo siento el vacío helado de mi ausencia.
Observo, también, la forma en que la miras. Esa mirada que un día fue solo mía, que me hacía sentir el centro de tu universo, ahora ilumina sus ojos. La miras como alguna vez me miraste a mí, y ese recuerdo es un puñal helado en mi pecho.
Mis manos caen a los costados de mi cuerpo, inertes. Ya no tengo frío, porque el frío que siento ahora es el de la eternidad. Ya no me siento mal, porque el dolor se ha vuelto mi única compañía.
Veo cómo le das un beso en la frente, un gesto tierno que antes era mi consuelo. En la mejilla, un roce que me evoca recuerdos. Y en los labios, un beso que me roba el aliento, aunque ya no tenga pulmones para respirarlo. Cómo brillan esos ojos que alguna vez brillaron por mí, reflejando una felicidad que me es ajena.
Pero no puedo quejarme, no puedo reclamar. A fin de cuentas, estoy muerta. Mi tiempo terminó, mi historia se escribió y se cerró.
Te mereces al cien por ciento lo que tienes ahora. Después de tantos años de que me perdiste, de que mi ausencia te marcó, mereces encontrar la paz, la felicidad que yo ya no puedo darte.
Mi vida, estoy orgullosa de ti. Orgullosa de que hayas podido seguir adelante, de que hayas encontrado un nuevo amanecer después de mi noche eterna.
Nunca pude cumplir mi promesa de quedarme a tu lado, fui demasiado débil. Perdí la lucha contra la oscuridad que me consumió. Pero desde aquí, desde este lugar donde las lágrimas no existen, veo que tú no te rendiste.
Pero ahora, sé que tú estás bien. Sé que estás feliz. Sé que puedes seguir adelante sin ningún problema, que mi recuerdo no te ata ni te frena.
Ella te ayudará. Ella te aconsejará y ella te levantará siempre que lo necesites. Ella es un ángel, un regalo del destino que te mereces. El verdadero ángel que merecías, el que puede darte la vida que yo ya no pude.
Ahora yo podré descansar en paz, mi lucha ha terminado. Siempre estaré en tu memoria, como un eco lejano, pero ahora seré un bonito recuerdo, una estrella fugaz en tu firmamento, en lugar de algo doloroso que te impida avanzar.
Sé que aún te cuesta, que aún me sueñas y que aún me piensas, pero poco a poco ella te ayudará a superarme. Ella entenderá tu dolor, tu ausencia, y te ofrecerá el consuelo que yo no puedo. Yo la envié para ti, como mi último acto de amor, para que no estuvieras solo en tu camino.
Al verte ahí, con esa sonrisa en el rostro, al ver que has encontrado la calma, entonces yo, pude estar bien. Mi propósito aquí ha terminado.
Se forma una sonrisa en mi rostro, una sonrisa triste pero serena. Me acerco a ti, mi última despedida. Le dedico una sonrisa a tu amada, una sonrisa de gratitud por cuidar de ti, aunque ella no puede verme. Te abrazo, un abrazo etéreo, un susurro de amor que sé que no puedes sentir.
—Te amo, cuídate y no me eches de menos —mis últimas palabras se pierden en el viento, y entonces decido marcharme, dejando atrás el mundo que una vez fue mío.
Él siente un escalofrío recorrerle la espalda, como si una brisa helada hubiera pasado a su lado. Una lágrima solitaria rueda por su mejilla. Sonríe, una sonrisa agridulce, y cierra los ojos.
Silenciosamente, se despide de su amada, de ese amor que lo acompaña en sus sueños, quién ahora, por fin, descansa en paz.
Él sabe que ahora está bien. Ahora no se siente culpable, ahora está mejor. Ella estará siempre cuidándolo, y él logrará reconstruir su vida, como había prometido cuando vio a su querida en aquel ataúd, alejándose de él para siempre.
Al saber que ella estaría bien, que su amor había encontrado un nuevo camino, él logró estarlo.
Un 3/12/16 se termina un capítulo, para dar inicio a otro, un capítulo escrito con el recuerdo de un amor que fue y la promesa de un futuro que ahora sí puede ser.
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Metanoia.
PoetryPorque escribir nos hace libres. Las palabras tienen la fuerza de gritar con todo su ardor, aunque estén simplemente escritas por papel. Los sentimientos se expresan mejor cuando los escribes.
