Reencuentro y abismo

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La lluvia había cesado hacía apenas unos minutos, pero el aire aún olía a humedad y a humo viejo, vestigios de una ciudad que nunca terminaba de cicatrizar. Harry caminaba por las calles desiertas, los adoquines resonando con cada paso, como si quisieran recordarle los fantasmas que lo seguían a cada esquina. Las luces parpadeantes de los faroles arrojaban sombras que bailaban sobre los edificios: fragmentos de su pasado que se negaban a desaparecer.

Al llegar al mirador más alto de la ciudad, Harry se detuvo. Bajo él, el vacío parecía absorber cada latido, cada suspiro. Cerró los ojos y vio flashes de la guerra: explosiones, gritos, la pérdida de amigos que jamás podría recuperar. Sintió cómo el frío de la altura se mezclaba con el frío en su pecho, un abismo que no sabía si podría soportar.

Un recuerdo apareció, nítido y doloroso: Sirius cayendo, la voz de Hermione gritando su nombre, el silencio después. La culpa le quemaba, recordándole que a veces sobrevivir también dolía.

Un movimiento en la sombra lo hizo girar. Entre los restos de un edificio derruido, Draco emergió. No había varita, no había arrogancia ni orgullo. Solo ojos que mostraban miedo y preocupación, tan humanos como los de Harry, tan vulnerables que dolían de ver.

—Harry —dijo Draco, con la voz que aún conservaba su elegancia natural, pero cargada de urgencia—. No puedes... no puedes hacer esto.

Harry lo miró, confundido y enfadado, sus músculos tensos. No estaba acostumbrado a que alguien lo viera tan frágil.

—Draco... —su voz apenas era un susurro—. ¿Qué harías tú si ya no quedara nada por lo que luchar?

Draco dio un paso adelante, acercándose al límite del mirador, tan cerca como Harry sin tocarlo aún.

—Oye... me quedaría un día más. —El hilo de su voz temblaba, y en sus ojos había algo que nunca antes Harry había visto: miedo de perderlo, pero también una súplica honesta—. Quédate un día conmigo. No... no para mí, sino para ti.

Harry sintió cómo su corazón reaccionaba, cómo algo en su interior se removía. Rabia, miedo, deseo, confusión... y un impulso que lo hizo acercarse apenas un paso. El mundo parecía detenerse. Entre ellos, el aire vibraba con mariposas invisibles, esa electricidad que solo surge cuando el peligro y la necesidad se encuentran.

Un roce accidental de manos. Solo un instante, pero suficiente para que Harry sintiera que el vacío podía esperar, que el frío podía ceder ante algo más cálido. Su cuerpo temblaba entre la tentación de retroceder y la necesidad de aferrarse.

—No tienes que hacerlo solo —murmuró Draco, sus dedos rozando los de Harry como si quisieran anclarlo al presente—. No hoy.

Harry respiró hondo, dejando que la cercanía lo mantuviera allí. Por primera vez en mucho tiempo, permitió que alguien lo sostuviera sin juicio.

El conflicto seguía dentro de él, pero algo había cambiado. Aceptó quedarse... por ahora. Por él, y por la posibilidad de que mañana podría ser distinto.

El viento levantó su cabello, y las luces de la ciudad parecieron titilar al unísono. Había esperanza, aunque frágil, y Harry la sentía.

Entre dolor y LuzHistórias para pegar e não largar. Descubra agora