*Narra Hikari*
Viernes por la noche, ha llegado el día. Las luces tenues del bar "Daniel's" acariciaban las mesas como luciérnagas cansadas. Todo el bar tiene esa luz tenue que hace que todo se vea más honesto. Afuera, la fila de espera estaba larga ya que algunas personas habían acampado para lograr tener los primeros lugares en ese bar que sería testigo de una noche inolvidable, una noche donde los sueños brillaban bajo los reflectores. Y adentro, el murmullo de conversaciones flotaba en el aire, acompañado por el golpeteo suave de cubos de hielo en vasos de cristal y la música de ambiente alegraba el lugar. Y mientras pedía una bebida, lo vi.
A lo lejos estaba un chico pelinegro en una mesa cerca del escenario, estaba ensimismado escribiendo en una libreta tanto que ni notó que yo lo vi. Pude notar un tatuaje de una nota musical en su cuello, estaba vestido como si fuera a cantar lo cuál no sorprendía ya que era una noche donde muchos artistas locales se iban a presentar. En el camerino tras bambalinas, ahí estaba ajustando nerviosamente el broche del vestido, mientras Bibi terminaba mi maquillaje y Carlo me ponía un collar que combinaba con mi vestido morado. Me miraba en el espejo y encontraba mil errores en el rostro y atuendo.
-Estás perfecta Hikari-. Decía Carlo al darse cuenta de que yo me sentía horrible.
-No estoy segura, siento que voy a vomitar y tengo mil inseguridades en mi cabeza-. Le confese mientras caminaba de un lado a otro por el camerino como un fallido intento de calmar mis nervios.
-Esas inseguridades van a desaparecer cuando cantes, cuando seas uno con la música y toques con delicadeza las teclas del piano, cuando veas a tu mamá en el escenario y empieces a brillar-. Esas palabras de Carlo me lograron relajar un poco ya que tenía razón, pero entre más avanzaba el tiempo en que me tocara cantar mis nervios renacían.
Aunque no era mi primera vez cantando frente a desconocidos, si era la primera vez siendo telonera de una de las mejores bandas del país y eso me tenía bajo mucha presión. Mis manos temblaban como si intentaran anticipar el ritmo del corazón. Había ensayado mil veces en la ducha, frente al espejo, incluso para Brownie... pero esta vez era real.
—Démosle la bienvenida a la talentosa... —una pausa dramática— Hikari. Ya era hora, subí al escenario temblando, pero el piano me entendió. Canté como si nadie me mirara, como si mi voz pudiera envolverme y protegerme. Mi voz tembló al principio, pero al igual que una llama que crece al encontrar oxígeno, pronto estaba llenando el bar con calidez. Cantaba sobre perderse y encontrarse, sobre dejar que la noche te susurre verdades que de día callan y una canción que le escribí a mi madre. Hubo un momento en la que mi voz ya no era tímida: era libre. Cerraba los ojos ya que me sabía las canciones de memoria y aunque las luces eran brillantes, yo lo era el doble. Carlo tenía razón, cuando canto soy brillante, soy luz. Mi voz al cantar era suave y angelical y todo el bar quedó maravillado ante mi preciosa voz.
Mi presentación terminó con aplausos y ovación, Carlo estaba en primera fila sonriendo orgulloso, él sabía de lo que yo era capaz y solo me empujo a demostrarlo. Yo solo esperaba que le dieran la bienvenida a la banda para poder bailar con él y agradecerle todo lo que hizo por mi.
*Narra Alexis*
En el camerino, mis amigos estaban afinando los instrumentos, bueno solo Iker y Kadie. Así que Nate y yo fuimos a dar una vuelta al bar. Me senté en una mesa y permanecía encorvado mientras sacaba una pequeña libreta de tapas desgastadas. Los ruidos del bar apenas podían distraerme, estaba ensimismado con terminar mi poema, era un caso perdido. Por cinco malditos días no he hecho más que pensar en mi chica de pelo rojo.
Detrás de la cortina, podía escuchar la voz de aquella chica y sin que me viera, abrí un poco la cortina para ver quien era la dueña de esa voz y al instante la reconocí. No podía creer lo que tenía frente a mi y tardé unos segundos en procesar lo que veía: era la chica del vestido rosa del restaurante. Tenía millones de preguntas y quería pasar el resto de la noche conociéndola. No tenía idea de que esa noche, por primera vez en mi vida todas las canciones cobraron sentido.
La presentación de la chica llamada Hikari fue un éxito, las canciones que cantaba terminaban con ovación y aplausos y detrás de la cortina mi banda y yo nos preparábamos para otra presentación. Al oir al presentador decir nuestros nombres dimos un paso hacia el escenario y aún atrapado por aquella imagen, la vi pasar a mi lado. Ella giró una última vez y sus ojos se cruzaron por un instante con los míos. Breve. Pero suficiente.
Yo la vi primero, la vi en aquel restaurante rodeada de lujos, la vi primero hoy, no sabía quién era ella hasta hoy. Muchos pudieran decir que al ser alguien desconocida para mi, esto se estaba volviendo una obsesión y talvez tengan razón. Pero también hay algo en ella que me llama mucho la atención, ella es la chica con la que uno sueña cuando habla de felices para siempre, cuando hablas de sentar cabeza y renunciar a todos tus malos hábitos para ser la persona que la otra persona necesita. Ella llamó mi atención por su presencia, una chica así no pasa desapercibida y mucho menos se olvida de la noche a la mañana. Ella tenía algo que me gustaba, pero no sabía identificar que era, pero tenía una forma de caminar que parecía marcar el ritmo de todo lo que la rodeaba.
Cuando nuestra presentación acabo, salí a tomar un poco de aire, mis amigos estaban guardando todo, a la mañana siguiente había clases. Si, la banda más famosa del país aún va a la escuela. Pronto iniciaríamos la universidad y planeábamos estudiar en la misma universidad, aunque sería en otra ciudad a unas cuantas horas de aquí. Estaba tan concentrado en mis pensamientos, en mi futuro que no me di cuenta en la chica pelirroja que estaba a lado de mi. Cuando me percate de su presencia, guardé mis audífonos y le sonreí.
-Hola, ¿Tú eres Alexis?-. Dijo Hikari cuando por fin me digne a verla. Estaba vestida con una falda negra y una blusa azul marino, ya no traía puesto el vestido morado que usó durante la presentación, pero igual se seguía viendo hermosa.-Hola, ¿Hikari, cierto? -. La voz apenas me salía, estaba nervioso por primera vez en mi vida. Estar frente a una chica tan talentosa y además bonita pone nervioso a quien sea. -Si, mucho gusto soy Hikari Amathysm-. Me estiro la mano quizás esperando que la tomara al momento de presentarme. -Mucho gusto Hikari, mi nombre es Alexis Notte-. La saludé y con cuidado apreté su mano. Era blanca y suave como la nieve.
Cuando sus manos se tocaron, fue como si el bar se quedara en silencio por un instante. No hubo palabras, ni gestos. Solo una chica pelirroja perdida en la mirada verde de un apuesto chico pelinegro. La mirada de él se perdió en los hermosos ojos ambar de la chica, ambas miradas decían más de lo que cualquiera de los dos estaba dispuesto a admitir.
El bello momento fue interrumpido por él, no por la incomodidad, al contrario, estaba increíblemente sorprendido. Ella bajó la vista, como si acabara de tocar una nota que no esperaba. Ahí afuera de ese bar, estaban dos extraños que el destino había juntado. Y en ese momento cuando él se armó de valor y deseaba seguir con la conversación, la música volvió y alguien los llamó, ambos entraron en busca de sus amigos.
Así, mientras una canción empezaba, Hikari y Alexis salían cada uno a sus respectivos hogares, sin volverse a cruzar esa noche y aquel momento bajo la luz de la luna se desvaneció... pero no se olvidó.
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Dónde las notas mueren
RomanceHikari lo tiene todo: Un padre que la ama que ha sacrificado todo por ella, un mejor amigo que siempre está para ella que además es su prometido, un trabajo que le gusta y un deber que la hace feliz, sin embargo ella está apagada. La muerte de su ma...
