Cerré los ojos y, de pronto, vi un árbol. Se veía majestuoso, pero al mismo tiempo parecía decaído, como si cargara con siglos de historias sobre sus ramas. Lo me resulto extraño era que de ellas colgaban pequeñas luces violetas, brillando suavemente junto a las hojas. Me acerqué curiosamente pero con cautela, extendí la mano y tomé una de aquellas luces.
En ese instante, todo cambió. Sentí como si fuera arrastrada a otro lugar, como si mis pies dejaran de tocar el suelo. De repente, veía el mundo desde una perspectiva más alta, ajena a la mía. Las imágenes a mi alrededor parecían fragmentos de recuerdos que no me pertenecían... hasta que todo se ajustó y me di cuenta de que estaba viendo algo que había vivido mi madre.
Abrí los ojos con rapidez, todavía con el corazón latiéndome con fuerza. Sin pensarlo dos veces, me puse de pie y, con mis cortas piernas de niña de nueve años, corrí a donde estaba mi mamá. Ella acababa de llegar de algún lugar y aún llevaba su bolso colgado del hombro cuando me planté frente a ella, respirando agitadamente.
—Ma... —la llamé, tratando de ordenar mis pensamientos—. ¿Por qué cerré los ojos y vi un árbol triste con lucecitas? Además, cuando las toqué, pude verte a vos... —Me mordí el labio, sintiendo una mezcla de emoción y temor—. Te voy a contar algo: me gusta porque es lindo el arbolito, pero también me da un poco de miedo, mami...
Se lo confesé mientras le tocaba el hombro insistentemente, buscando que me tranquilizara. Ella me miró con su expresión serena de siempre y, con un tono dulce, me dijo que no me preocupara. Luego, me preguntó por qué tenía miedo.
—Porque no sé qué es... —admití en voz baja.
Mamá sonrió con ternura y me acarició el cabello antes de responder:
—Lo que viste es un poder muy común en las hadas. Es un don especial. Hay quienes pueden ver los recuerdos de las personas a través de los árboles, y al parecer tú eres uno de ellos. En tu caso, lo ves reflejado en un sauce llorón. Esas lucecitas que viste son fragmentos de memoria, momentos que quedaron atrapados en sus ramas. Al tocarlas, puedes revivir esos recuerdos... En algunos casos, en vez de recuerdos, lo que se reflejan son pensamientos.
Justo cuando mamá terminó de hablar, una voz me interrumpió abruptamente.
—Amo la historia, tía, pero sigo sin entender hace cuánto pasó —dijo Clara, mirándome con los ojos entrecerrados.
Suspiré, volviendo al presente.
—Bueno, como ahora tengo dieciséis, eso fue hace siete años.
—¿Y te pasó antes o después de que tu papá desapareciera? —preguntó Matías sin tacto.
—¡Matías Ivanto, no digas eso! —lo regañó Clara con un codazo.
—¡Que no me digas Ivanto, hermanota! —bufó él, cruzándose de brazos.
—Basta, dejen de pelearse —interrumpí antes de que siguieran discutiendo—. Además, no me importa responder eso. Fue después. Justo en mi primer cumpleaños sin él... cuando ya había desaparecido.
—¡Ooooooh! Igual ahora tienes a mi papi para que te ayude —dijo Clara con una gran sonrisa.
—Exacto —asentí con una leve sonrisa.
Antes de que pudiéramos seguir con la conversación, la voz de su madre nos interrumpió desde la cocina.
—Bueno, hijos, dejen de molestar a su tía, que seguramente se quiere ir. Vayan a la mesa, su papá me dijo que la comida ya casi está.
—¡Ok, chau tía! —dijeron Matías y Clara al unísono, corriendo hacia el comedor.
—Chau, nos vemos... —respondí mientras me encaminaba hacia la salida, dejando escapar un suspiro.
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Los recuerdos
RomanceLa protagonista, Zoe, es un hada que se entera que su papá desaparecido (este también era un hada) tenía poderes muy especiales y raros. Este era hablar con los animales y cuando conectaba con ellos podía hacer que tuvieran poderes. Así que la prota...
