No planeaba quedarme.
Le dije a Dog Man que podía estar a Li'l Petey... "a veces" . Así, como si fuera un permiso temporal. Ni yo mismo sabía qué quería decir con eso.
El pequeño estaba riéndose con Dog Man, pero... ¿dejarlo solo después de hoy? Imposible. No después de que el abuelo nos robara absolutamente TODO. Hasta el lápiz mordido que usaba para ilustrar mis inventos.
Hombre Perro me miraba raro. Ese tipo de mirada que te examina de arriba abajo como diciendo: "Sé que eres capaz de desaparecer por la ventana en cualquier momento". Y no voy a mentir... no estaba del todo equivocado.
Ya tenía medio cuerpo fuera cuando, sin pensarlo, dije:
—Me quedé.
Hombre Perro parpadeó. Ni un comentario. Solo ascendiendo. Ah, qué fácil lo hace ver, ¿eh?
¿Qué tipo más raro?
La casa olía a perro, pintura y un poquito a "hogar feliz" (eso último todavía me da alergia). Li'l Petey estaba en el suelo, dibujando como si no acabaría de perderlo todo. Esa es una de sus superhabilidades: reinicie más rápido que un ordenador nuevo.
Me acerqué y me senté a su lado. — ¿Qué dibujas, niño? —¡Una casa nueva, papi! —y me lo muestra, así, sonriendo y poniéndome el papel en la cara.
Saliva tragué. En el dibujo... yo estaba ahí. Con él. Abrazándolo. Genial. Ahora mi corazón también está en problemas. Adoraba con mi alma a este niño.
Dog Man pasó detrás y dejó una taza humeante junto a mí. No dijo nada. —Tranquilo —dije levantando la taza—, no pienso robarte esto. Aunque... si hubiera sido dos semanas antes, sí lo haría —le sonreí con burla.
Dog Man solo rodó los ojos, riendo un poco.
Las horas pasaban muy rápido. Li'l Petey, entre bostezos, terminó acurrucado en el sofá. Dog Man lo tapó con una manta, para luego llevarlo a su cama en el segundo piso.
Yo lo miraba cuando bajaba las escaleras. Y de repente, sin pensarlo, hablé: —No creo merecer esto... —las palabras salieron bajas—. No sé si puedo ser un buen padre. Mira mi historial... es como una lista de "cosas que NO hacer si quieres criar a alguien decente".
Hombre Perro me miró fijo. —¿Y tú? —siguió—. ¿Confías así nada más? ¿Ni una pregunta? ¿Ni un "oye, ¿y si te cargas con todo lo que hay en la nevera?"
Nada. Solo me puso la pata en el hombro. Un segundo. Luego... ¡LAMIDO EN LA CARA! —¡¡AAAH, NOOO!! —me levanté de un salto— ¡Voy a denunciarte a salubridad!
Veinte lavados después, volvió con una toalla al cuello. Me dejé caer en el sofá. —Podría irme ahora mismo —murmuré—. Nadie me obliga a quedarme.
Dog Man no se movió, solo me miró con esos ojitos de tonto.
Suspirar. —Está bien... me quedo esta noche. Y tal vez... tal vez, con tiempo claro, pueda redimirme un poco. ¿Quién sabe?
Hombre Perro soltó un ladrido que retumbó en toda la sala. —¡SHHH! ¡Lo vas a despertar! —GUAU. —¡Que yo grito! ¡Por favor! Parece alarma de incendio.
—¡SHHH! ¡Lo vas a despertar!
—GUAU.
—¡Que yo grito! ¡Por favor! Parece alarma de incendio.
Nos quedamos viéndonos... y de repente nos dio por reír. Tal vez... tal vez esto no sea tan malo. Aunque quede claro: mañana podría cambiar de opinión.
.
.
Dog Man ya estaba subiendo las escaleras para acostarse cuando me levanté y me acerqué, cruzándome de brazos. —Oye... —empecé, y él levantó la cabeza para mirarme—. No soy bueno diciendo estas cosas, así que lo diré rápido: gracias por... confía en mí.
Dog Man sonriendo suavemente, soltó un bostezo y balanceándose con la cabeza.
Lo vi desaparecer escaleras arriba y volvió al sillón. Me acomodé y me tapé con una manta que Dogman había dejado ahí. Estaba muy cómoda, y en un instante supe que iba a romper mi promesa de no robar nada... porque ya me estaba imaginando esa manta en mi casa.
.
.
En plena noche escuché pasitos en la cocina. No sabía quiénes eran. Fui a mirar solo un poco y allí estaba Li'l Petey, de puntillas. Fui y lo agarré, cargándolo.
—¡Ah-ja! Pillado en el acto. ¿Sabes cómo se llama eso? Robó. Robo de propiedad ajena. —¡No es robo, es... la merienda nocturna! —dijo, y me ofreció una galleta.
—¡No es robo, es... la merienda nocturna! —dijo, y me ofreció una galleta.
La tomé. Y otra. Y otra. —Bueno... supongo que si compartes, no cuenta como robo. Lección número uno de villanos: siempre ten un cómplice —le sonreí divertido. —¡No soy un villano, papi! —rió Li'l Petey con alegría mientras me abrazaba.
—¡No soy un villano, papi! —rió Li'l Petey con alegría mientras me abrazaba.
Yo lo abracé más y le empecé a hacer cosquillas. —Claro que sí lo eres, enano. Empezamos a hacernos cosquillas ya armar todo un laberinto por la cocina.
—Claro que sí lo eres, enano. Eres el villano mas temido de la cuidad jajaja
Empezamos a hacernos cosquillas ya armar todo un laberinto por la cocina.
Dog Man solo nos miró divertido mientras trataba de despertarse por completo del ruido.
Holis chicos, lo prometido aquí esta, gracias por leer esta historia, fue creada para el concurso de la Dogmanfest de fanfics y llego a semifinales de twitter!! los amo demasiado muuaks.
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La mejor decisión que no planee (One-Short)
RomanceAl final de la película de Dogman, Petey termina pasando la noche cuidando al pequeño que más quiere... y descubre que quizás la redención no es tan mala como pensaba. Respaldado en AO3 Ship: Detey (DogmanxPetey)
