Cap 1:.

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La impaciencia y emoción se entrelazaban en el corazón de Lunna, robándole al tiempo su esencia. Aun cuando el despertador aún guardaba silencio en su lecho, ella, ya vestida con esmero, saboreaba un café caliente. El aroma delixir que emanaba de la taza ascendía en suaves danzas de vapor, mientras su mirada se perdía en el despliegue de luces que adornaban las calles, como estrellas terrenales. Sentada en la mesa de su hogar, descalza, decidida a transformar su vida, anhelaba que los problemas se desvanecieran, que el destino le regalara una nueva oportunidad.

Kieran, desde su rincón en la misma ciudad, sintió el eco de aquella anticipación. Mientras Lunna dejaba su taza vacía en el lavabo y se dirigía a la puerta, él leía entre líneas la determinación escrita en su andar. El timbre de su teléfono resonó, como un canto a la libertad, momento en que ella se colocó los altos tacones, con la mochila firme sobre el hombro, saliendo al encuentro de lo desconocido. Era un deseo palpable: no mirar atrás nunca más.

Con cautela, Lunna navegó las oscuras calles de la ciudad, los cerezos de primavera danzando con la brisa, hasta llegar al imponente edificio que prometía ser su nuevo refugio laboral. Al estacionar, corrió hacia el elevador, su corazón sonando como un tambor mientras marcaba el piso trece. La música de fondo se desvanecía; ella estaba completamente sumergida en su propia melodía, un canto hecho de sueños y anhelos. Las puertas del elevador se abrieron, revelando un espacio donde nuevas oportunidades aguardaban con una sonrisa cómplice.

Al pasar su tarjeta, una luz verde la saludó, invitándola a descubrir su nueva posición. Sin embargo, en la penumbra del piso, encontró solo a dos almas: un encargado, tecleando con desesperación, y una figura imponente, que irradió curiosidad en su interior. Lunna, con voz suave, saludó a ambos, lista para sumergirse en su jornada.

Kieran, aquel intrigante personaje, se acercó a ella, presentándose como el encargado de animación. Sus miradas se cruzaron, un silencio cargado de significado flotando entre ellos. Ambos cargaban en su interior una pena disfrazada de neutralidad, una historia escondida en los ojos que, sin querer, delataron la lucha interna que cada uno enfrentaba.

A medida que el día avanzaba, el equipo se reunía, algunos recibiendo a Lunna con entusiasmo, mientras otros lanzaban miradas de juicio, como flechas envenenadas. Kieran, oculto en su rincón, trataba de desentrañar la esencia de la nueva integrante. Su sonrisa parecía un enigma que lo atraía, invitándolo a enterarse más sobre ella, preguntándose si pertenecía a aquellas que chismeaban sobre la vida ajena o a las que brillaban en los bares. Desde el primer instante, una aura de sencillez, envuelta en elegancia, había rodeado a Lunna; sus pantalones holgados y blusa suelta danzaban al compás de su larga coleta rojiza.

El día transcurrió, la atmósfera del lugar llenándose con el sonido mecánico de los teclados, Lunna sumida en sus dibujos, sin permitirse el lujo de un almuerzo. Kieran, notando un leve atisbo de fatiga en su mirada, decidió marchar por un bocadillo. Mientras Lunna luchaba con sus pensamientos, el silencio se convirtió en un refugio, una burbuja que la mantenía a flote, aunque el tiempo se deslizara entre sus dedos.

Cuando el reloj marcó las seis de la tarde, Lunna empaquetó sus cosas con sigilo. Sin embargo, una voz burlona la detuvo en su camino, una de las chicas que la había escaneado desde el inicio:

— A donde te diriges? Ya has terminado tu agenda de hoy? Es tu primer dia, no seria muy cortez marcharte tan temprano cuando aun estamos todos aqui — decia la rubia con ojos desganados y con un tono de burla.

— He terminado toda la agenda del dia y avanzado la de dia de mañana... — trato de decir Lunna antes de ser interrumpida.

— Creo que es mejor que regreses a tu posicion y avances un poco mas de trabajo — enfatizo ella senalando con un dedo su escritorio.

IdyllDonde viven las historias. Descúbrelo ahora