¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
______________________________________
| Capitulo 1: El elegido | ______________________________________
—Hoy es el día de mi redención. –Exclame con mirada fría, mirando me a los ojo atreves del espejo del baño. —Evitar que mi oscuro paso como chūnibyō, sea descubierto es mi misión... –Antes de que siquiera pudiera terminar mi muy importante monologo, fui interrumpido abruptamente, por mi irrespetuosa hermana menor.
—¡Onii-chan! ¿No estarás con otro de tus tontos monólogos mientras te ves al espejo, verdad? —Pregunto mi "tierna" hermanita menor, Hitomi con notoria furia en su voz. —Más te vale darte prisa o te sacaré a patadas. Yo también tengo que usar el baño, ¿sabes?
Antes de que pudiera contra argumentar su muy acertado argumento, una fuerte patada me indico que era mejor mantener la boca cerrada, cuando escuche como sus pasos se alejaban, pude relajarme al saber que no entraría por la fuerza.
Repito "mi tierna hermanita menor", pero bueno, esto es vergonzoso. Mejor termino esta estupidez o llegaré tarde a mi primer día de clases.
Varios minutos después estoy frente a la puerta de mi hogar. —Mamá, Hitomi, me voy. —¡Bien! –Responden al unísono desde la sala, mientras se escucha una de esas novelas que tanto les gustan a las mujeres.
—Mejor me doy prisa o Hitomi recordara su furia y me hará una llave de Judo. –Pensé rápidamente, para con mas rapidez salir de casa.
«Salto de tiempo»
—¡Impresionante! Digo, ya había visitado la preparatoria Itan por la entrevista, pero ahora que realmente aceptaron mi solicitud de ingreso, aprecio mucho más todo esto. ¡Bien! Daré lo mejor de mí. –digo mientras avanzo con paso firme.
Al fin entro al plantel y, con rapidez, encuentro mi pequeño casillero donde están mis zapatillas.
—Sí que son cómodas. Aunque ahora que lo pienso, no he visto a nadie. ¿No me digas que llegué tarde? —me pregunto, mirando los alrededores. Un escalofrío recorre mi cuerpo de arriba abajo. Veo cómo una mosca se congela frente a mis ojos. —¿Qué demonios? —digo mientras toco la mosca, pero esta desaparece, igual que todo mi alrededor.
Todo se vuelve gris y luego negro, blanco, azul, verde y un color indescriptible que nunca antes había observado.
De un parpadeo a otro, el cielo se crea; este no es azul, sino morado, y sin ningún sol a la vista. Siento cómo mis pulmones vuelven a llenarse de oxígeno; de una extraña manera, no había notado que no había respirado ni una sola vez desde que todo mi entorno cambió.