Romanov

1 0 0
                                        


—¿Te has enterado de que los bolcheviques asesinaron a los tan temidos Romanov?—

Eso fue lo que resonó en aquella habitación, donde el único sonido de fondo era la llovizna que, con el paso del tiempo, comenzaba a intensificarse. Como si de un reloj de arena se tratara: cada grano era una gota, y cada gota, un golpe seco contra el yane. Un frívolo recordatorio de que, tarde o temprano, llegaría la tormenta: la guerra. La maestra rezaba para sus adentros que ese rumor fuera mentira, una farsa para asustar o para que su tan querido país tuviera excusa para armarse, pero… La segunda opción sólo daría más preocupaciones, ningún país gastaría sus fondos sin razón alguna.

—¿Es realmente así? ¿Cómo y por qué?—

Últimamente, el negocio de ser una geisha no iba bien. Solo podía aferrarse a la falsa esperanza de que nuevas personas intentaran llegar a su querido país, y con ello, potenciales clientes a quienes entretener. Dijo Hikaru, apenas rozando la superficie del té con la punta de los dedos, distraída por la forma en que el vapor se deshacía en el aire, igual que sus pensamientos.
Sus mechones color azabache brillaban bajo la tenue luz solar que atravesaba las puertas de papel arroz; fue eso lo que captó la atención de su maestra, quien permanecía en silencio.

Tras formular la pregunta, Hikaru la miró. Daba la impresión de estar en blanco. Pensaba en si la Revolución Rusa traería más problemas económicos de los que ya tenían o si, tal vez, generaría movimiento... y más ganancias para el establecimiento de su maestra.

—Querida, no te preocupes. Mientras tengamos fondo alguno, no hay de qué temer —espetó su maestra, ofreciéndole una mirada al notar su preocupación.

No era una sonrisa consoladora, sino aquella mirada que solía darle en momentos de crisis. Una que hacía a Hikaru sentirse acompañada. En ese caso, una mirada que mezclaba dulzura y amabilidad.

El tatami soltaba pequeños crujidos, tal vez por el movimiento... o, más probable, por el tiempo. Aquella sala tenía al menos treinta y nueve años, más o menos la edad que tenía su mentora cuando la recibió por primera vez —quien ahora contaba con sesenta y seis—.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Aug 29, 2025 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

INTROOOStories to obsess over. Discover now