Hola, he escrito esto porque nadie más lo hacía y en algo tengo que enfocar mis energías siendo que no tengo clase y Moski se ha ido :(
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7am
La casa estaba silenciosa, demasiado silenciosa. Aquel amanecer, la luz del sol entraba por las ventanas del salón en rayos tibios que parecían ajenos a lo que pasaba adentro. Mernuel estaba sentado en el sofá, con el móvil entre las manos, los ojos fijos en la pantalla pero sin mirarla realmente. A su lado, Bauletti permanecía inmóvil, los hombros caídos, mirando al suelo con los ojos vidriosos. Francisca, amiga de la infancia de Mernuel, dormía en un rincón del salón, todavía con rastros de maquillaje de la noche anterior, después de haber vuelto del boliche con ellos para no regresar sola.
El móvil vibró. Un audio de WhatsApp. La voz de Moski, calma, firme, pero con un peso que hacía temblar el aire: “Chicos… no voy a volver. Ya lo pensé mucho y no puedo seguir. No me siento feliz con esto, necesito otra vida. Lo siento. Gracias por todo, de verdad.”
El silencio que siguió al audio era tan espeso que parecía aplastar a Mernuel. No lloró frente a Bauletti ni a Francisca. Se levantó en silencio, caminó hasta su habitación y cerró la puerta tras de sí. Una vez solo, se dejó caer sobre la cama, cubriéndose la cara con las manos. El llanto no tardó en salir: crudo, desgarrador, tembloroso. No había contención, ni pudor, ni fuerza para sostener nada. El pecho le dolía con cada respiración, y parecía que la ausencia de Moski le había arrancado un trozo del alma.
Bauletti, fuera de la habitación, permanecía en el salón, los ojos húmedos, intentando no llorar del todo, pero cada sollozo que había contenido toda la madrugada se abría paso, tembloroso, a veces ahogado por la respiración entrecortada. Francisca lo miraba con impotencia, sin saber qué hacer. La casa, que antes había estado llena de risas, teclados y gritos de emoción durante los streams, se había transformado en un cascarón vacío.
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A las cinco de la tarde, Moski subió un video a Twitter. Su voz, firme pero cargada de sinceridad, anunciaba que dejaba el stream. Que la exposición no le hacía feliz. Que necesitaba empezar otra vida lejos de todo eso. La comunidad estalló de sorpresa y tristeza.
Bauleti estaba destrozado. Intentaba mantenerse fuerte, pero no podía ocultar los ojos hinchados y el temblor de su voz. Mernuel, por su parte, se sentó en el suelo del salón, apoyado contra la pared, inmóvil, con la mirada perdida. La sensación de pérdida era física, como si le hubieran arrancado un pedazo de sí mismo.
Después de unas horas de silencio, ambos supieron que tenían que salir a hablar esa misma noche. No podían quedarse callados ni seguir sumidos en la oscuridad. La idea de enfrentarse a la cámara y al mundo parecía absurda, pero necesaria.
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Llegó la medianoche y encendieron el stream. El chat se llenó de mensajes, corazones, preguntas, de gente que quería respuestas, que necesitaba entender qué había pasado. Mernuel respiró hondo, intentando organizar sus pensamientos, pero apenas podía sostener la mirada hacia la cámara. Bauletti, a su lado, evitaba llorar, pero no podía evitar que la emoción le temblara en las manos y en los ojos.
Durante toda la transmisión, Mernuel permaneció contenido, algo completamente inusual en él. La sensación de vacío lo envolvía por completo, y sus emociones amenazaban con desbordarlo en cualquier instante. Todo lo que había compartido con Moski, la rutina, las bromas, los directos, ahora se sentía como un eco lejano. La casa, que solía vibrar con risas y música, estaba muerta. Y él estaba completamente solo.
Bauletti apenas pudo contener el llanto. Intentaba mantenerse firme para no romper la dinámica del directo, pero era imposible. Cada recuerdo de Moski, cada gesto, cada momento compartido, le atravesaba como un puñal invisible. Mernuel, por su parte, se sentía como si alguien le hubiera arrancado un trozo de sí mismo. Nunca había estado tan conectado con otra persona; no sabía si era amor, amistad profunda o algo que no tenía nombre, pero sabía que la pérdida de Moski le dolía en lo más profundo.
Cuando apagaron el stream, la casa volvió a sumirse en un silencio absoluto. Mernuel subió a su habitación, se tumbó en la cama y permaneció horas mirando al techo. La rutina había perdido sentido; la vida, también. Cada sonido que antes lo llenaba de energía ahora lo hacía recordar lo que había perdido.
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Los dos días siguientes fueron un tormento. Cada uno se encerró en su habitación. La casa, enorme y espaciosa, parecía más vacía que nunca. Mernuel apenas comía, apenas hablaba. Bauletti intentaba sostenerlo, pero sus propios ojos mostraban que estaba igual de afectado. Cada rincón de la mansión recordaba a Moski: su silla, sus cascos, las botellas de agua a medio acabar. Todo era un recordatorio constante de su ausencia.
Goncho y Coker aparecieron al tercer día. Entraron a la habitación de Mernuel, lo encontraron tirado en la cama, apagado, sin fuerzas. Intentaron levantarlo, animarlo, pero él apenas reaccionaba.
—Dale, loco, levantate —dijo Goncho, intentando ser firme sin ser brusco—. No podés seguir así.
—No soy yo, boludo… —susurró Mernuel—. Es como si me hubieran arrancado algo que era mío.
No había palabras que pudieran consolarlo. Solo el silencio y la compañía parcial de sus amigos.
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Y entonces, en la madrugada siguiente, ocurrió la llamada que lo cambiaría todo. El móvil llevaba horas vibrando, mensajes de Bauletti pidiendo que Moski al menos hablara con él. Finalmente, Mernuel, exhausto, tomó el teléfono.
—¿Hola? —susurró, con la voz apenas audible.
—Manu… soy yo —dijo Moski al otro lado.
El corazón de Mernuel se encogió. Respiraba con dificultad, como si cada palabra atravesara su pecho.
—Moski… —murmuró.
—Escuchame… yo no podía dejarte así. Bauletti me pidió que te hablara, que no te dejara hundirte solo. Y… necesitaba escuchar tu voz. —La voz de Moski temblaba ligeramente, cargada de preocupación y cariño—. No quiero perderte, Manu. Aunque esté lejos, no voy a desaparecer de tu vida.
Mernuel cerró los ojos, apoyando la cabeza en la almohada, dejando que las lágrimas cayeran otra vez.
—No sé cómo vivir sin vos… —balbuceó—. No lo entendía antes, pero ahora siento que me arrancaron un trozo de mí mismo. La casa… todo está vacío sin vos. Yo… nunca me sentí tan conectado con alguien. Ni siquiera sé cómo llamarlo, no es amor, no sé qué es… pero duele como si lo fuera.
—Lo sé —contestó Moski, con suavidad—. Yo también te extraño. Lo que siento por vos… no tiene palabras, pero es fuerte, Manu. Y no te voy a soltar. Te lo juro.
Mernuel respiró hondo, apoyando la frente contra la almohada, sintiendo que por primera vez en días, aunque todo seguía siendo difícil, había alguien allí que lo entendía. Que no lo había dejado. Que su vacío no era definitivo.
Durante esa madrugada, las palabras de Moski, su voz cálida y firme, lograron calmar el torbellino que Mernuel llevaba dentro. El nudo en su pecho no desapareció, pero por primera vez desde que todo comenzó, sintió que podía respirar un poco más tranquilo. Que, aunque la casa estuviera vacía, aunque la rutina hubiera muerto, todavía existía un hilo que lo conectaba con Moski. Y ese hilo, por delgado que fuera, le daba fuerzas para continuar.
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Es la primera cosa que escribo en mucho tiempo así que tenganme misericordia muak
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El Audio - mernoski
Fanfiction--- Cuando Moski decide abandonar el streaming y comenzar una nueva vida lejos de todo, Mernuel se encuentra de repente en una casa vacía, con la rutina rota y un vacío que nunca había sentido. Entre lágrimas, confesiones y directos en Twitch que lo...
