El timbre resonó por todo el colegio, marcando el inicio de otro lunes caótico. Los pasillos se llenaron de murmullos, pasos apresurados y risas dispersas. Algunos estudiantes bostezaban mientras arrastraban los pies, otros se quejaban del examen de la primera hora, y unos cuantos corrían como si su vida dependiera de llegar antes que el profesor.
En medio de todo ese bullicio, Gael caminaba tranquilo, con una taza de café humeante en mano. Su paso era pausado, casi elegante, y su expresión transmitía una calma que contrastaba con el caos alrededor. Era profesor de diseño gráfico y, aunque no lo buscaba, llamaba la atención sin querer.
Gael era un omega de apariencia sencilla, pero con un atractivo sutil que nadie podía negar. Llevaba la camisa blanca arremangada hasta los codos, pantalón de lino gris, y esas gafas redondas que siempre se deslizaban por el puente de su nariz. Había algo en él... en la forma en que su cabello castaño caía desordenado, en cómo sus dedos manchados de grafito acariciaban hojas llenas de bocetos.
Sin embargo, Gael no era un omega común. No le gustaba depender de nadie, y su carácter independiente solía desconcertar a quienes creían que los omegas eran siempre dóciles. Él no. Gael sabía lo que quería y no dudaba en defenderlo.
Aquel lunes parecía como cualquier otro... pero no lo sería.
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La sala de profesores olía a café recién hecho, tinta y estrés acumulado. Gael estaba sentado en la mesa del rincón, revisando los proyectos finales de sus alumnos. Tomaba notas rápidas, tachaba errores y murmuraba para sí mismo mientras bebía pequeños sorbos de su café.
De pronto, un aroma intenso invadió el aire. No era el olor habitual de café ni de papel; era más cálido, más profundo... imposible de ignorar. La piel de Gael se erizó al instante. Feromonas alfa.
Su corazón empezó a latir con fuerza, aunque intentó mantener la compostura. Sus dedos se detuvieron sobre el papel, tensos, mientras tragaba saliva. No podía ser...
> -Veo que alguien está trabajando temprano... -susurró una voz grave detrás de él.
Gael giró lentamente, y sus ojos se encontraron con los de Jhonatan .
El nuevo profesor de matemáticas.
Alto, imponente, de hombros anchos y postura perfecta, Jhonatan parecía sacado de una portada. Su camisa negra estaba impecablemente planchada, los primeros dos botones ligeramente abiertos, revelando un destello de piel morena. Su cabello oscuro estaba peinado hacia atrás, y sus ojos profundos... esos malditos ojos... parecían atravesarlo por completo.
Era un alfa, no había duda. Y no uno cualquiera: su mera presencia imponía respeto. Los demás omegas lo evitaban por instinto.
Gael intentó sonreír con naturalidad mientras ajustaba sus gafas.
> -Solo... revisando los proyectos -respondió, con un hilo de voz más controlado de lo que esperaba.
Jhonatan arqueó una ceja y se inclinó sobre la mesa, acercándose lo suficiente como para que Gael pudiera sentir el calor de su cuerpo. Sus dedos rozaron los papeles, y el aroma de su colonia -mezclado con sus feromonas- lo envolvió por completo.
> -Nada mal... -dijo, hojeando los bocetos con calma-. Aunque, sinceramente, no entiendo nada de diseño.
Gael soltó una risa suave, intentando disipar la tensión que crecía en el aire.
> -Y yo jamás entenderé cómo puedes resolver ecuaciones imposibles en segundos -respondió, girando un lápiz entre los dedos-. Supongo que todos tenemos nuestros talentos.
Jhonatan lo miró... y sonrió. Una sonrisa mínima, apenas un gesto, pero cargada de algo que Gael no supo descifrar. En su interior, el lobo alfa de Jhonatan gruñía satisfecho: el aroma de Gael lo envolvía, fresco y dulce, imposible de ignorar.
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El silencio entre ellos duró unos segundos, y fue más pesado que cualquier palabra. Gael bajó la mirada, fingiendo concentración en los papeles, pero era inútil: sabía que Jhonatan lo observaba.
> -Tus alumnos tienen talento -dijo finalmente el alfa, con voz profunda.
> -Eso creo -contestó Gael-. Aunque, para ser sincero, algunos solo entregan garabatos.
> -Igual que mis alumnos... pero con números -replicó Jhonatan, provocando una risa sincera en Gael.
La risa de Gael... era ligera, fresca. Y a Jhonatan le gustó más de lo que debería.
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Cuando el alfa se enderezó, sus miradas se cruzaron de nuevo. Y en ese instante, algo cambió.
Gael no entendía por qué, pero sentía una especie de electricidad recorriéndole el cuerpo. Como si el aire se hubiera vuelto más denso, más pesado. El simple hecho de que Jhonatan estuviera tan cerca lo hacía consciente de cada detalle: el sonido de su respiración, la tensión en su mandíbula, el ligero roce de sus dedos contra la mesa.
Por primera vez en mucho tiempo, Gael sintió que perdía el control.
Y Jhonatan, por su parte, no dejaba de debatirse entre la razón y el instinto. Sabía que no debía acercarse. Sabía que cruzar esa línea podría traer problemas... pero el aroma de Gael lo llamaba.
> Paciencia... se dijo mentalmente. Primero, conócelo.
Lo que ninguno de los dos sabía era que ese encuentro, aparentemente casual, sería solo el inicio de algo que cambiaría sus vidas para siempre.
Y que, entre fórmulas y bocetos, estaban a punto de escribir la ecuación más complicada de todas: la del destino.
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Continuara .....
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El Aroma del Destino
RomanceEn el Colegio San Esteban, nada es tan tranquilo como parece. Jhonatan , alfa dominante y calculador, tiene todo bajo control... hasta que su aroma se mezcla con el de un nuevo profesor. Gael , omega independiente y de carácter fuerte, no está dispu...
