Me levanté pesadamente incorporándome sobre mi cama poniendo una mano delante de mis ojos para evitar que los rayos de sol que se colaban por mi ventana me golpearan en la cara. Bostecé y me estiré para ponerme de pie y caminar hacia la cocina. Acababa de amanecer.
Bajé las escaleras y me detuve a observarme en un espejo que estaba colgado a mitad de camino. Suspiré e intenté alisar mi cabello desordenado con mi mano. Llegué a la cocina y me serví el desayuno. Cuando recogí las cosas me fijé en que había una nota de mi madre pegada en uno de los cajones. La agarré y leí:
"Gaia,
He salido a buscar setas y algo de leña. Ya llegaré.
Mamá"
Volví a subir las escaleras, me lavé los dientes en el baño y me lavé la cara. Aprovecharía para ir a pasear por ahí. Cogí mi falda larga verde con una blusa crema. Me vestí y dudé entre si coger mi corpiño o no. Al final sí. Escogí uno negro y lo puse a la altura de mi estómago. Debajo de mi falda coloqué un pequeño cinturón donde metí una daga de doble filo. Me puse mis botas y salí de mi habitación.
Volví a parar en el espejo de las escaleras con un peine en la mano y peiné mi pelo hasta que los rizos llegaran hasta mi cintura. Agarré una manzana del cesto de la cocina y salí de casa cerrando la puerta con llave. Mi madre y yo vivimos en Nueva Zelanda y nuestra pequeña casa está situada en un precioso bosque de secuoyas.
Unos árboles tan altos capaces de rozar el cielo y que casi no dejan pasar la luz a causa de sus abundantes y oscuras hojas. Me gusta este sitio. Caminé mientras daba mordiscos a mi manzana de vez en cuando. Hacía crujir las pequeñas ramas bajo mis pies y andaba sobre algunas piedras que estaban por en medio como una niña pequeña. Definitivamente amo la naturaleza. Anduve bastante por muchos caminos hasta llegar al borde de un pequeño riachuelo que pasaba por ahí. El agua cristalina dejaba ver sus numerosas rocas y pequeños pececillos que nadaban a contracorriente. Me agaché en la orilla y seguí comiendo mi manzana que había dejado olvidada.
Escuché un ruido de ramas crujiendo a mis espaldas. Me puse en pie rápidamente y miré al lugar de donde provenía ese sonido detrás de los árboles. Saqué mi daga de debajo de mi falda y apreté el agarre alrededor de su empuñadura mientras miraba fijamente y con desconfianza un tronco en específico. Me acerqué con cautela intentando no hacer ruido, levantando la daga en caso de necesitar defenderme. Seguí acercándome lentamente y cuando llegué al tronco, lo rodeé rápidamente en busca de algo, o alguien. Pero no encontré nada. No había nada, ni una huella.
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GAIA
AdventureGaia es una chica que ha vivido siempre con su madre, las dos solas, en medio de un precioso bosque en Nueva Zelanda. Un día, el bosque de Gaia es arrasado y quemado por una guardia real desconocida, y la madre de Gaia desaparece, dejando detrás un...
