En medio del fuego y la sangre, surgió una princesa amada y odiada por los cronistas.
Naerys Targaryen, hija de Viserys I Targaryen y Alicent Hightower, melliza del Rey Aegon II Targaryen y esposa de Daemon Targaryen, fue amada y temida por igual.
D...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Naerys Targaryen fue la primera hija del segundo matrimonio del rey, el primer fruto de un amor correspondido y no de un deber. Ese amor creado en secreto con pequeñas miradas y leves roces de dedos cuando se encontraban cerca,
Lady Alicent era atenta con su majestad, conquistando con su pureza y alma dulce que hacía sonreír a más un lord...incluso al hermano de su amado, el príncipe Daemon Targaryen
La hermosa chica de ya diez y ocho años aceptó casarse con su majestad el rey con una sonrisa y brillo en sus ojos. El rey había tenido una esposa antes, la reina consorte, Aemma Arryn; lamentablemente aquella reina había muerto en parto de un heredero, dejando de recuerdo solo a una dulce niña de cabello dorado y ojos morados
Al casarse Alicent con Viserys juro cuidar a esa dulce niña sin madre, sellando esa promesa con un ligero beso en su frente, llamándola " hija" en el banquete de celebración, frente todo Poniente. Se dice que la princesa Rhaenyra participó en el ritual de encamamiento, quitándole la ropa a su padre para entregarlo a alicent en su noche de bodas
No mucho tiempo después, se dio a conocer la noticia de que la reina Alicent estaba embarazada, lo que provocó celebraciones en el pueblo y rezos en las septas para otorgar un varón legítimo al trono. Un hijo que pudiera tomar el puesto de heredero que ya llevaba la unica y primera hija del rey, Rhaenyra
En el corazón del verano del 107d.C, cuando los campos ardían con vida y el sol era más fuerte que la sombra, nacieron dos pequeños bebés, mellizos, primeros hijos del amor y la belleza. Los dos bebés tenían los rasgos Valyrios de su padre, con el cabello plateado y los ojos amatista que parecían brillar. Llegaron al mundo dándole honor a su sangre, y orgullo al trono.
El varon tan deseado era fuerte y bien nutrido, su cabello plateado con reflejos dorados lo hacían resaltar entre las sábanas blancas. Nació con los ojos abiertos (o eso se dice) dejándole ver a sus padres aquellos ojos morado oscuro, casi negro, como si el color de los ojos de su padre y madre se hubieran mezclado para crear aquel tono profundo y bello
La niña, compañera de aquel bello niño, fue una sorpresa añadiendo aún más felicidad aquella situación, lamentablemente la bebé nació pequeña, pálida, apenas respirando. En su pequeño cuerpo se podía ver el esfuerzo que hacía para poder respirar, como si se aferrara a la vida con las pocas fuerzas que tenía. Su piel pálida como la cera, y no lloró hasta que el maestre golpeó su pecho con fuerza
Al verla la habitación cayó en silencio solo roto por los murmullos de los padres al bebé que ya tenían en brazos, hasta que ellos sintieron aquel mal presentimiento, más la reina que se le hundió el pecho con algo de fuerza viendo al mestre
-¿pasa algo con mi niña?- murmuró la reina pasandole el niño a su esposo
Los maestres se acercaron. Hablaron bajo, con miradas graves. Explicaron que la niña era débil. Que no había heredado las fuerzas de su hermano, ni la salud que la vida exige. Uno de ellos, más atrevido que sabio, murmuró que no debían encariñarse con la pequeña. Fue expulsado de la habitación de inmediato con un grito de Viserys