Debido a problemas en su infancia, Komi-san desarrollo un desorden de comunicacion, el cual le impide llevar una vida normal, hacer amigos, formar parejas y tener sexo.
La Academia Itan comenzaba un nuevo año escolar, y los pasillos ya bullían de rumores.
Se decía que varias futanaris ingresarían este año. Aquello causaba revuelo, pues aunque eran raras en el mundo, se habían convertido en un nuevo género reconocido por los gobiernos, dandoles un trato especial por su escasez. Las chicas estaban emocionadas. Los chicos, en cambio, no podían ocultar la curiosidad y el nerviosismo.
El único que no compartía la emoción era Tadano Hitohito, un chico bajo, de apariencia común, que intentaba pasar desapercibido . Con calma se agachó frente a su casillero, sacando los zapatos escolares. El cosquilleo nervioso en su estómago lo hacía tragar saliva; un nuevo inicio , pensaba mientras trataba de mantener la calma, tenia la oportunidad ed empezar de nuevo, hacer amigos, tener una buena vida escolar.
Entonces, un golpe seco interrumpió sus pensamientos: un zapato cayó justo detrás de él. Tadano, siempre amable, lo recogió sin dudar y levantó la vista para devolverlo a su dueña.
Sus ojos, sin querer, recorrieron sus piernas largas , luego sus muslos, hasta que... En un ángulo fugaz, alcanzó a ver lo que ocultaba aquella falda perfectamente planchada.
Un pene.
El aire se le atascó en la garganta. Su rostro ardió de vergüenza, y un escalofrío de morbo lo hizo estremecerse. Era grande. Demasiado grande para procesarlo, duro unos cuantos segundos que parecieron una eternidad.
—L-Lo siento, no debería haber... —balbuceó, entregándole el zapato con torpeza. Dio una reverencia profunda, la frente casi tocando el suelo—. ¡Perdón!
El silencio fue sepulcral.
Cuando se atrevió a alzar la cabeza, se encontró con la expresión helada e inexpresiva de la chica. Ella le arrebató el zapato de las manos, lo colocó en su casillero sin decir una palabra... y salió corriendo .
Tadano se quedó petrificado. Su estómago se revolvió. "Definitivamente... me llamarán pervertido."
Casi con ganas de vomitar, giró hacia el casillero para confirmar el nombre de la chica que por accidente habia acosado. En la placa metálica, grabado con elegancia, estaba su apellido.