Paciente 101

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El eco de los pasillos blancos del hospital psiquiátrico retumbaba en los pasos de Jisung. El olor a desinfectante lo mareaba un poco, como si el aire estuviera saturado de químicos que pretendían borrar cualquier rastro humano de las paredes. Llevaba la bata blanca demasiado grande para él, las mangas se le escurrían hasta las muñecas y el gafete colgaba torcido en su pecho.

Era su primera semana de prácticas. Aún recordaba lo que le había dicho su profesora: "Sé observador, mantén la distancia emocional. Los pacientes aquí son expertos en manipularte."
Jisung había asentido, convencido de que sería capaz de mantener la cabeza fría. Pero ahora, con la carpeta de su primer caso entre las manos, notaba cómo le temblaban los dedos.

Paciente 101.
Nombre: Lee Minho.
Diagnóstico: sociópata con tendencias violentas. Alta peligrosidad.

Había leído el expediente varias veces. Robos, asesinatos, incendios provocados. No tenía patrón, parecía actuar solo por diversión. Y lo más inquietante eran las notas de los anteriores psiquiatras "Sonríe todo el tiempo, hace preguntas personales y parece disfrutar incomodando a su interlocutor."

Cuando la guardia abrió la pesada puerta metálica que conducía a la sala de entrevistas, Jisung tragó saliva. Dentro había una mesa de metal, dos sillas, y al fondo, una cámara de seguridad en la esquina. La luz era fría, casi quirúrgica.

—Si algo pasa, pulse el botón rojo debajo de la mesa —le dijo la guardia con seriedad en su tono y su mirada. Luego se giró hacia otra puerta blindada, la golpeó con los nudillos y anunció—: Paciente 101, tienes visita.

Las bisagras chirriaron, y de la oscuridad salió un hombre esposado de manos y tobillos, escoltado por dos guardias más. Caminaba tranquilo, demasiado tranquilo, con una sonrisa torcida como si el mundo entero fuera su chiste privado.

Jisung lo reconoció de las fotos del expediente. Lee Minho.

El criminal levantó la cabeza y sus ojos felinos se posaron en él y su sonrisa se ensanchó.

—Vaya... mi nuevo doctorcito es adorable, pareces un ratoncito.

Jisung sintió un calor extraño subirle a las mejillas, tosió y se apresuró a tomar asiento, intentando ocultar su incomodidad bajo una falsa seriedad profesional.

—Soy Han Jisung, estudiante en prácticas. Estaré observando sus sesiones y... bueno, intentando ayudarlo.

—Ayudarme —repitió Minho con un tono divertido, como si la palabra fuera una broma privada—. ¿Y cómo piensas hacer eso, ratoncito?

Jisung apretó la carpeta contra el pecho, incómodo con la manera en que lo miraba. Había algo en sus ojos, eran intensos, oscuros y parecían leerlo como un libro abierto.

—Escuchándolo —dijo al fin, firme—. Tratando de entender por qué hace lo que hace.

Minho apoyó los codos en la mesa, inclinándose hacia él. Las esposas tintinearon con un sonido metálico.

—¿Y qué pasa si no quiero que me entiendas? ¿Qué pasa si lo único que quiero es... ver cómo te quiebras intentando hacerlo?

El corazón de Jisung dio un brinco en su pecho. Intentó mantener el contacto visual, pero era como mirar directamente a una llama.. quemaba, pero no podía apartarse.

—No estoy aquí para complacerlo, señor Lee.

Minho soltó una carcajada grave, rasposa, que llenó la sala y le erizó la piel.

—¡Qué lindo! —exclamó, golpeando suavemente la mesa con las esposas—. Mi ratoncito cree que puede comprenderme.

—No soy un roedor, señor Lee —respondió Jisung demasiado rápido, sonrojado.

Ese fue el error. Minho ladeó la cabeza, como un depredador oliendo sangre fresca. La sonrisa se volvió lenta, peligrosa.

—Ya veremos, Jisung. Ya veremos.

El estudiante sintió su nombre escapando de esos labios como si fuera veneno y caricia al mismo tiempo. Se obligó a mirar sus notas, a escribir algo para distraerse del nudo en el estómago.

La entrevista continuó, con Jisung haciendo preguntas rutinarias, ¿cómo se sentía?, ¿qué pensaba de sus crímenes?, ¿tenía remordimientos? Minho respondía con evasivas, cambiando el tema hacia él, lanzándole preguntas inesperadas: ¿Tienes pareja, Jisung? ¿Te gusta tu trabajo? ¿Qué es lo peor que has hecho?

Jisung no contestaba, pero cada vez que lo ignoraba, Minho inclinaba la cabeza, divertido, como si supiera que el silencio decía más que cualquier palabra.

Cuando la sesión terminó, los guardias entraron para llevárselo. Minho se puso de pie, y justo antes de cruzar la puerta, giró el rostro hacia él.

—Hasta la próxima, doctorcito. No olvides soñar conmigo esta noche.

Jisung apretó los labios, frustrado con lo fácil que ese hombre lo desarmaba, incluso si solo había sido la primera sesión. Cerró la carpeta con un golpe seco y respiró hondo.

Pero lo peor fue que, más tarde, cuando por fin se recostó en su cama, el eco de esa voz siguió ahí, enredándose en su mente como una sombra que no podía sacudirse.

Corazones de pólvora - Minsung Histórias para pegar e não largar. Descubra agora