En un pequeño bosque, bañado por la luz dorada del atardecer, un lobo alfa llamado Víctor aguardaba con impaciencia.
Su pelaje azul, salpicado de blanco en el pecho y el hocico, reflejaba la emoción contenida.
A su lado, su compañera, Vanessa, una husky de pelaje blanco y ojos azules brillantes, jadeaba suavemente, el esfuerzo del parto reflejado en su respiración entrecortada.
El aire estaba cargado de una tensión palpable, rota solo por el susurro del viento entre los árboles. Víctor lamió con ternura la frente de Vanessa, ofreciendo un silencioso apoyo.
Finalmente, tras un último esfuerzo, un pequeño cachorro, húmedo y tembloroso, emergió al mundo.
Víctor se acercó cautelosamente, su corazón latiendo con fuerza en su pecho. Pero al ver al recién nacido, una leve decepción cruzó su rostro.
Era una hembra.
Victor: Pensé que iba a ser macho, (murmuró Víctor, su voz apenas un susurro) La decepción no era malicia, sino la expectativa de una tradición ancestral: un heredero varón para liderar la manada.
Vanessa, débil pero con una mirada tierna, lo miró con comprensión.
Vanessa: Lo siento," susurró, la culpa reflejada en sus ojos.
Víctor se acercó a ella y lamió su cabeza. Víctor: "Lo siento, solo que… no puedo contener mi emoción," *dijo, su voz ahora más suave, la decepción desvaneciéndose ante el amor por su cachorra*
La pequeña loba, con su pelaje azúl como el de su padre y los ojos ámbar como los de su padre, gimió débilmente, buscando el calor de su madre.
Vanessa, recuperando fuerzas, miró a su cachorro con amor infinito. "Su nombre será Valeria," anunció, su voz firme a pesar de la debilidad.
El nombre, una mezcla de fuerza y delicadeza, parecía perfecto para la pequeña loba.
Los años pasaron rápidamente. Venecia creció fuerte y ágil, aprendiendo las habilidades necesarias para sobrevivir en el bosque.
Un día, mientras exploraba los límites de su territorio, se encontró con un humano.
quien la secuestro pero poco tiempo después otro humano la rescataria.
El humano, un hombre de la tercera edad llamado Zaiko, la rescataria.
Entre ellos se forjó un vínculo inusual, una amistad entre dos mundos diferentes. Zaiko se convirtió en su maestro, enseñándole no solo habilidades de supervivencia, sino también el arte de la katana, un arma que Venecia manejaba con una destreza sorprendente.
Con el tiempo, Valeria descubrió la verdad sobre las expectativas de su padre.
Víctor siempre había deseado un heredero varón, un cachorro que pudiera seguir sus pasos como Alfa.
Esta revelación la impactó profundamente. La decepción de su padre, aunque nunca expresada abiertamente, había dejado una marca en su corazón.
Valeria se sentía incomprendida, como si su valor como loba se midiera solo por su género.
Una noche, bajo la luz de la luna llena, Valeria tomó una decisión. Con un corazón lleno de determinación, tomó la katana que Zaiko le había regalado y se cortó su largo y hermoso pelaje. El acto simbólico representaba su rechazo a los roles tradicionales y su firme intención de demostrar su valía.
Con su nueva apariencia, más corta y práctica, ella iría con su maestro a lo cual este le recomendaría una ciudad llamada bahía aventura donde Valeria emprendiria un viaje a Bahía Aventura, un lugar donde ella podría demostrar lo que vale Allí, desafiaría las expectativas y demostraría que una loba hembra podía ser tan fuerte y capaz como cualquier macho.
antes de partir Zaiko le prometío ir con ella ya que le interesaba el desenlace de esta nueva aventura para su pupilo
lo cual ambos se marcharía a la ciudad
