Pipi...Pipi...Pipi...
El sonido del reloj viejo fue lo primero que Lando logró escuchar en la mañana.
Eran las 7 de la mañana. Apenas salían los rayos del sol afuera, la habitación apenas iluminada por los pequeños destellos que se filtraban por las rendijas que quedaban por las cortinas.
Lando abrió los ojos lentamente, sintiendo su pecho algo mojado y un peso extrañamente conocido sobre él.
Pato de nuevo había subido a su pecho en mitad de la noche. El pequeño tenía una pierna en el cuello de Lando y sus mejillas gorditas estaban fundidas entre los dobleces de su pijama.
Lando sonrió con ternura, acariciando suavemente la espaldita del niño con cariño. Dejó un pequeño besito en su frente.
Antes de levantarse se quedó ahí. Mirando al pequeño Pato entre sus brazos.
Siempre antes de levantarse, recordaba lo afortunado que era, no solo por tener a Pato, sino por tener a alguien con quién compartir este tipo de momentos. Esos momentos que calientan el corazón, pero no por un momento, sino por toda la vida.
El reloj volvió a sonar, sacándolo de su pequeño trance con Pato, Lando suspiró.
Debía levantarse si quería que el pan estuviera listo cuando abriera la cafetería. Con un cuidado de cirujano, se deslizó hasta salir de la cama y dejar a el pequeño Pato recostado en su pequeña sabana de Pokémon.
En el baño, frente al espejo abrió la llave, mojando sus manos en cuenca y echándola suavemente sobre su rostro. Lando miró su cabello, de nuevo sus rizos estaban por todos lados, pero ya era algo tarde. Mordió sus uñas incondicionalmente, aunque siempre lo hacía cuando pensaba o algo le causaba incomodidad y nerviosismo.
Negó suavemente con la cabeza, recordando las palabras de su abuela.
"Lando, tus manos son muy lindas, niño, no las maltrates mordiendo tus bonitas uñas."
Volvió y encontró a un pequeño Pato sentado sobre una almohada tallando sus ojitos suavemente, aún con una pequeña mancha de saliva recorriendo su mejilla.
"¿Papi?"
El pequeño preguntó mirando a su padre con los ojos entrecerrados por la incandescente luz del techo.
"Aquí estoy, Pato...¿Quieres dormir un poco más, cielo?"
El niño negó con la cabeza rápidamente.
"Voy contigo...papi..."
Infló sus mejillas con un puchero en sus rosados labios.
Lando río suavemente, tomando en brazos a Pato, apoyándolo en su pecho mientras bajaba las escaleras en dirección a la cocina. Pato hundió su cabecita en el cuello de Lando, éste solo lo abrazo un poco más fuerte.
La cocina los recibió con ese típico aroma de cada mañana. Aroma a café guardado en frascos de vidrio y la vieja amasadora que pertenecía a su abuela.
Dejó a Pato en una pequeña periquera especial para él cerca de la mesa, le acomodó una cobijita de Winnie Pooh y en la mesita le dejó un vasito de leche tibia.
"¿Hoy que vamos a hacer?"
Preguntó Pato mientas bebía del vaso de leche, dejando un bigote blanco en sus labios.
"Hoy haremos roles, conchas, orejas...de todo un poco, siempre es mejor que sobre, a qué falte."
Con su pulgar limpio suavemente el pequeño bigotito de leche.
"¡Roles! ¿Papi, puedo tener uno para mi?"
Puso sus tipicos ojitos de cachorro triste que siempre le funcionaban en cualquier situación.
Lando comenzó con la rutina. El sonido de la amasadora llenó la habitación mientras Pato lo miraba desde su sillita bebiendo su leche.
Mientras Lando estaba distraída poniendo azúcar a las conchas antes de meterlas al horno, Pato bajó de su sillita silenciosamente, corrió hacia la barra en la que estaba la masa e intentó subir a tocarla.
"Pato, ¿Quieres más lech-¿Pato?"
Miró a la silla y no estaba, solo permanecía el vaso con una gota de leche resbalando lentamente por el borde.
Miró al suelo y ahí estaba Pato, intentando no hacer ruido mientras intentaba con todas sus fuerzas subir a la barra.
Guardó silencio, esperando a que Pato se rindiera y se diera cuenta que Lando lo estaba mirando.
Pato después de unos intentos más soltó un suspiro y solito dejo de intentar. Sintió una mirada en su espalda y volteó suavemente levantó sus pequeños ojitos hacia los de su padre.
"¿De nuevo queriéndote robar la masa, Pato?"
Una pequeña sonrisa se le escapó mientras intentaba hacer su papel de papá regañón, que casi nunca podían lograr intérpretar.
"Yo te quiero ayudar papi..."
Escondió sus manitas detrás de su espalda intentando ocultar la poca harina que logró tocar.
"Estás peor que cuando yo empecé..."
Sonrió suavemente mirando a Pato esconder sus pequeñas manitas. Lo tomo en brazos y los sentó en la barra en dónde tenía la masa.
"¿Quieres un poco? Solo una pequeña bolita ¿Si?"
Tomó un pequeño trozo de la masa y le untó un poco de harina para que no se pegara en las manos del pequeño.
El niño la aplastó entre sus deditos, jugando con ella y formando una pequeña bola deforme, Lando lo observó con una sonrisa en su rostro.
La cocina quedó llena de harina, el delantal de Lando, la barra entera con manchas blancas y por supuesto, el rostro entero de Pato, el cual tenía una base perfectamente blanca de mimo.
Miró a Pato y en ese momento entendió a su abuela. Ese vívido recuerdo de su abuela con el jugando y llenandola de harina mientras amasaba con esos brazos fuertes que siempre le admiró. Su voz, su risa, su mirada, todo seguía ahí en cada rincón, con la felicidad que siempre tenía.
Entendió que atender y cuidar de su cafetería, no solo era por el honor, orgullo y confianza que le tuvo su abuela.
Sería mantener ese legado para Pato.
Mientras las charolas entraban al horno, el olor al pan dulce comenzó a expandirse por la cocina que tanto lo relajaba.
Lando se permitió cerrar los ojos un momento, solo unos segundos y entonces pudo mirar a su abuela ahí, orgulloso de él y estaba seguro, que en dónde sea que estuviera, siempre lo acompañaría...
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Chavos, aquí de nuevo reportándome con otra historia 😼. Siempre me dan bloqueos, entonces me llegó esta idea. Actualizo cuando puedo y entonces ahí nos vemos 😜😜
ZeeroLine fuera 🦆
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Entré harina y café
FanfictionLando, el dueño de una cafetería/panadería. Tiene a un pequeño niño de 3 años llamado Pato, el cual es la luz de sus ojos. Oscar, un trabajador en una empresa cercana, está de vacaciones y parece ser que las pasará en compañía...
