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El mediodía del domingo entraba suave por la ventana de la habitación de Nico. La luz dorada del sol se filtraba sobre las sábanas blancas y el silencio de la casa parecía envolverlo todo. Después de un desayuno lento en el sillón, con música de fondo, habían terminado en la cama otra vez, enredados, entre mimos que poco a poco cambiaban de temperatura.

Sentían el calor. Ella estaba extasiada, y él disfrutaba de verla así, llevándola al límite con cada caricia, pero sin dejarla hacer ruido. La intensidad subía; la besaba en todos lados menos en la boca. La miraba fijo, con esa mezcla de ternura y picardía que la dejaba sin aire.

—No —le decía bajito, apenas con un gesto—. Sh. Silencio.

Flor intentaba disimular el temblor que le recorría el cuerpo, pero él lo sabía. La tocaba con amor, sí, pero también con fuerza, con esa seguridad que la hacía derretirse. Al verla al límite hizo un esfuerzo por mantenerse firme, tocándola con más intensidad pero apenas dejando que se mueva. Le tapó la boca haciéndole contener cualquier sonido, y al ver su mirada desafiante pero fuera de control, la llevó al éxtasis otra vez. Sintió su respiración entrecortada contra su mano y la vio cerrar los ojos, intentando recomponerse. Él se alejó un poco, recostándose de su lado de la cama, con una sonrisa de satisfacción. Disfrutaba verla así, entregada, desarmada y al límite del placer.

Ella se rio, tratando de calmar su respiración, pero disconforme con el espacio que él había puesto entre los dos. Se sentía más desnuda así, cómo si estuvieran a muchos metros de distancia. Él la miraba intentando mantenerse serio. Flor estiró una mano buscando el contacto, necesitaba tocarlo. Él se movió apenas, solo lo suficiente para besar sus dedos cuando aterrizaron cerca de su cara.

—Dale, vení —pidió, viendo que Nico se mantenía en su lugar.

Él se rio , intentando mantener el personaje.

—Qué flojita... ¿no te la bancás un poco más?

—No, dale. Estás muy lejos.

A Nico se le escapó una risa bajita. Se acercó despacio, abrazándola por la cintura, pero manteniendo sus caras separadas. Ella lo miró fijo, intentando ponerse seria. Vio en sus ojos que él también quería, pero no estaba dispuesto a perder ese juego. Lo vio contenerse y se le escapó una sonrisa.

—Dame un beso —dijo, firme, aunque sonó más como un ruego.

Nico le sostuvo la mirada, aunque de a poco iba perdiendo el personaje. Le brillaban los ojos pero seguía haciendo un esfuerzo por seguir en control. Chistó y negó con la cabeza. Ella no se rindió y buscó armas más fuertes: levantó el mentón y puso trompita.

—Dame un beso, dale. Porfa —su boca se transformó en un puchero. Él acercó la frente a la suya, rozándole la nariz. Flor sonrió triunfante, pero él seguía aguantando. Alejó su cara apenas, lo suficiente para mirarla a los ojos otra vez.

El tiempo se detuvo en esa mirada. Flor sintió que todo su cuerpo reaccionaba a algo que no sabía explicar, como si se estuvieran hablando sin palabras. Lo abrazó más fuerte, recorriendo su espalda, y él sonrió aún más. La conexión era tan intensa que casi podía tocarse. No podían dejar de mirarse y las sonrisas se volvían cada vez más grandes, los ojos más chinos. Flor sintió una electricidad que le recorría el cuerpo y no pudo contenerse. Sus manos treparon hasta su cara, acariciándolo con suavidad. Se mordió el labio sin dejar de mirarlo, sin poder evitarlo. Algo en los ojos de Nico cambió en ese momento; no sabría como explicarlo pero entendía, con todos sus sentidos y sin ninguna duda, lo que le estaba diciendo con la mirada. Flor concentró toda su atención en ese intercambio, como si fuera simplemente algo energético, telepático. Sabía que los dos lo estaban sintiendo. Sus manos seguían acariciándole la cara y las de él se deslizaban por su cintura, moviéndose lento, robándole un escalofrío en el camino. Un suspiro se escapó de su boca mientras seguía mirándolo fijo, y ahí supo que iba a perder. No aguantaba más. Necesitaba más.

One-shotTempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang