Cuando hay más estrellas en el universo que personas en el mundo, Coni esperaba que el brillo que chocaba contra sus párpados no desapareciera si fuese un cuerpo celeste. Mas no lo era, era Tábata frente a sus ojos, clavando puño duro contra su cara, estrellando un dolor tan estruendoso en su sistema que tuvo que retroceder unos pasos para luego caer a la nieve.
—¡Eh! ¡Levántate, tonta! —Tábata sorbeteaba sus mocos, sus manos hechos dos ovillos firmes— ¡Pelea!
—Tú de verdad tienes problemas... —masculló Coni bajo su aliento.
—¡Tú eres la del maldito problema! ¡Maldita!
—Dijiste maldita dos veces.
—¡No lo hice! —Tábata lanzaba un mujido de irritación— ¡Ven y pelea!
—¡Eso Tabi! ¡Dale una patada! ¡Dale, dale! —reía Erika en las primeras filas del óvalo que rodeaba a ambas chicas.
—Déjalas en paz, Erika. Oh, cómo jodes —Kiara a su izquierda la reprendía.
—Bien, terminemos con esto —Coni se levanta; el público se exalta.
Tábata aprieta más sus puños, sacude sus cabellos rubios en rabia y se planta mejor en la superficie. Se ve segura, y eso hace a Coni dubitativa.
—Debiste pensarlo mejor antes de meterte en mis asuntos —reprende Tábata.
Coni guarda silencio. Todas las chicas de la escuela las están viendo, y ella no iba a dejar caer su pobre reputación mal cuidado a despilfarro por Tabi. Rebobinó en su cabeza la razón por la cual ahora mismo se postraba frente a una niña de nueve años en el patio para golpearla en medio del invierno.
Hacía frío y Tábata tiritaba hasta los huesos, y al dar un golpe en su nariz, no pudo evitar preocuparse en la sangre que calló todos los alaridos al recorrer hasta los labios. Tábata estaba en un trance de dolor, y Coni vio en sus ojos: estaba asustada.
«Es demasiado- Fue demasiado-»
Una de sus manos se estaba alzando en busca de su cara afligida. Ella misma estaba temblando ahora mismo, y su corazón haciendo sístole permanente no podía manejar la tristeza en el rostro de Tabi, apunto de llorar.
«Va a llorar.»
Sus ojos eran dos estrellas, su cabello refulgía como estrella, y estaba a punto de llover.
—¡OH, mierda! ¡Jodida Tabi! ¡Dale, dale, dale!
—Cállate, Erika.
Constanza cayó a la nieve espesa. Otra vez ese universo plagado de cuerpos celestes se le atravesó. El sonido de los bramidos eran tanto así como el espesor del espacio exterior, y solo supo que Tábata le habría pegado tal excelente puñetazo como para mandarla a órbita.
ANDA SEDANG MEMBACA
la gente nos mira (wlw)
CintaTábata y Coni se detestaban desde los nueve años, y hoy, a los diecisiete, aún se acarrea la dicha de las enemigas. ¿Podrá el destino seguir jugándoles malas pasadas o podrá una repentina premonición de Coni a media pelea con Tábata cambiar las cos...
