el error

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No debía fallar.
Había estado planeado. Cronometrado. Estudiado al detalle.
Pero ella apareció.
Como un error en el sistema.

Desde la sombra de un árbol, vio su silueta acercarse. Una chica sola, saliendo de una fiesta, caminando directo hacia el lugar que debía quedar vacío. Nadie más. Solo él y su objetivo.

Pero ella...
Ella estaba en el lugar equivocado, en el momento exacto.

La observó mientras intentaba entender lo que pasaba. Los demás ya habían huido, como ratas ante el fuego. Ella no. Ella miraba. Dudaba. Se acercaba.

Tuvo que actuar rápido. Sacó el arma. Pero no para ella. Aún no.

El problema fue que, al verla correr, algo se desordenó dentro suyo. No supo bien qué. Era miedo, sí. Pero también otra cosa.
¿Curiosidad? ¿Fascinación?

Cuando la vio saltar entre los autos, esquivarlos con una mezcla de torpeza y valentía, supo que no podía disparar. No quería hacerlo.

Y eso cambió todo.

Porque su objetivo escapó.
Y porque ahora, en su mente, sólo estaba ella.

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Llevaba dos noches recorriendo la zona.
Volviendo al lugar donde la había perdido.
Pensando en el sonido de la cadena, en sus ojos grandes y asustados, en cómo lo miró un segundo antes de huir.

Nunca lo habían mirado así.
Como si ella viera más allá del arma. Como si lo viera a él.

No sabía su nombre. No sabía dónde vivía. Pero la quería encontrar.
Tenía que hacerlo.

No podía explicarlo. No con lógica. Sólo sabía que desde ese momento, todo había cambiado. Su misión fallida ya no le importaba. Su jefe lo buscaría. Tal vez incluso lo castigarían.

Pero ella...
Ella lo había hecho sentir humano por primera vez en años.

Y eso lo enfurecía.
Y lo obsesionaba.

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En su departamento oscuro, pegado al vidrio de la ventana, se fumaba un cigarro con la mirada fija en la ciudad. Afuera, las luces parpadeaban. El mundo seguía girando. Pero para él, todo se había detenido desde que ella escapó.

En la pantalla de su celular, una lista de nombres. Fotos. Redes. Había comenzado a buscarla. No podía borrar su rostro de la mente. Lo tenía grabado.

Cuando la encontrara —y sabía que lo haría— no sabía si quería abrazarla o apuntarle.

Pero estaba seguro de una cosa:
Ella ya no iba a escapar.

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