CAPITULO I: "LOS MOCLA Y VERLUZ"

6 1 0
                                        

Hace miles de millones de años, en un universo lleno de criaturas magníficamente hermosas, existía un pueblo llamado Verluz, donde habitaban cientos de sirenas, animales mágicos y, sobre todo, hadas.

Estas últimas eran quienes reinaban sobre todo Verluz, pues gracias a ellas existían lugares tan hermosos como el Lago Mocla, donde las diosas llevaban a cabo rituales de amor y belleza, pero también donde nacían los descendientes de los reyes Mocla —de ahí el nombre—.

Este lago había existido desde el nacimiento de Orton, la primera criatura hada con el apellido Mocla en toda la historia de Verluz. Con la ayuda de cientos de trabajadores, Orton impulsó la creación de muchas de las construcciones más importantes del pueblo. Por este motivo fue proclamado Rey Orton, y el lago fue bautizado con su apellido como muestra de respeto y honor.

La ceremonia fue enorme. Duró tres días completos, ya que criaturas de todos los rincones del universo llegaban sin cesar para ser testigos de aquel gran momento.

Durante la tercera y última noche de celebración, el cielo de Verluz estaba cubierto de luces danzantes. Las luciérnagas celestes surcaban el aire en espirales doradas, y los coros de las ninfas entonaban canciones que hablaban del destino, el honor y la eternidad.

En medio de aquel esplendor, entre el tumulto de hadas, sirenas y bestias encantadas, Orton bajó del escenario real para agradecer en persona a algunos de los habitantes que habían viajado desde lejos. Fue entonces cuando la vio.

Irís.

Una joven hada de vestido sencillo y mirada brillante, cuyos ojos reflejaban una mezcla de timidez, inteligencia y fuerza silenciosa. No tenía joyas ni acompañantes, y se encontraba sola, observando el lago desde la distancia, con un pequeño ramo de flores en sus manos.

—¿Es para el rey? —preguntó él, acercándose con una sonrisa amable.
—No… es para el lago —respondió ella sin saber que hablaba con Orton—. Me dijeron que este lugar concede deseos si dejas algo hecho por ti.

Orton se quedó observándola. Había algo en esa hada que lo desarmaba, algo que no se podía fingir. No llevaba alas ostentosas ni palabras adornadas, pero su presencia era tan poderosa como el canto de las diosas.

—¿Y cuál es tu deseo? —insistió él.
—Que alguien vea más allá de lo que tengo… y vea quién soy.

Fue ahí, en ese instante, cuando todo cambió para Orton.
El rey no necesitaba una reina por decreto, ni por linaje. Había encontrado en Irís lo que no hallaba en la nobleza: verdad, humildad… y magia real.

Contra todas las expectativas de la realeza tradicional, Orton anunció su deseo de casarse con Irís, el hada de mirada brillante y corazón humilde. No importó que ella no tuviera riquezas ni títulos: su magia, aunque sutil, era profunda.

Y lo más hermoso fue que el pueblo de Verluz celebró la noticia con júbilo.

Las criaturas mágicas, las hadas del bosque, los tritones del río y hasta los dragones aliados de las cimas se reunieron nuevamente para lo que sería recordado como la Gran Boda de Luz, una ceremonia que duró siete amaneceres, en honor al amor verdadero.

—Por fin alguien con alas en el alma —susurraban los ancianos.
—Ella sonríe como si pudiera hacer florecer los cielos —decían los jóvenes.

Los altares se adornaron con flores silvestres en lugar de diamantes, y la música no fue tocada por orquestas reales, sino por artistas del pueblo, con flautas hechas de cañas doradas y tambores que latían al ritmo del corazón.

Desde aquel día, Verluz cambió.

La unión de Orton e Irís marcó el inicio de una nueva era, donde el linaje no se medía solo por las alas ni el oro, sino por el brillo interior, la bondad y la valentía de ser diferente.

Y así nació la dinastía Mocla, una mezcla de nobleza y esencia del pueblo, una raíz pura y rebelde que siglos después...se pondría en juego con la existencia de una nueva integrante; Hanna.

Una joven hada muy hermosa, que parecía tallada por las mismas diosas...pero, "como todo en esta vida no puede ser perfecto", ella nació con un grave defecto y fue; el no nacer con alas.

Sí, tenía una larga cabellera color naranja cobrizo, era ondulado que recordaba las pequeñas olas de aquel lago tan codiciado. Tenía unos ojos de un verde profundo como el musgo antiguo del bosque. Y sus labios; ligaremante rosas y algo  delgados finamente, que parecieran los hermosos senderos repletos de flores en curva como cada sonrisa que ella brindaba.

Y todo esto es poco, ella era realmente hermosa, pero no tan magníficamente hermosa como sus padres querían.

Pero antes de Hanna, un nuevo ser llegó a dar vida de colores a Verluz. Ése era Joma. El hermano mayor de Hanna, el cual le ganaba con 5 años y por ello era otra de las grandes figuras a las cuales Hanna tenía como referencias para su crecimiento.

Joma Mocla nació en la mañana más clara del equinoccio de luz, cuando el sol y la luna se reflejaban al mismo tiempo en el Lago Mocla. Los sabios del templo afirmaron que su llegada marcaría el equilibrio entre la razón y la emoción, entre la magia y el deber.

Y así fue.

Desde pequeño, Joma demostró una conexión especial con los elementos. A los tres años ya podía hablar con los árboles de las colinas altas, y a los cinco, su risa provocaba lluvias suaves cuando los campos lo necesitaban. Era disciplinado, inteligente y amable, pero también llevaba en sí la presión de ser el hijo heredero, el “orgullo visible” del reino.

Sus alas eran grandes, fuertes y de un tono marfil brillante, con un leve destello dorado cuando el sol las rozaba. Se decía que esas alas habían sido bendecidas por las diosas del viento, y muchos aseguraban que algún día, él mismo gobernaría Verluz con sabiduría.

A pesar de ser el centro de admiración y orgullo para la familia Mocla, Joma jamás actuó con arrogancia. Su carácter era dulce, protector y noble. En los jardines del castillo solía pasar horas observando a los insectos luminosos o construyendo figuras con ramas para regalárselas a los niños del pueblo.

Cuando Hanna nació, Joma tenía apenas cinco años, pero desde el primer momento que la sostuvo entre sus brazos, supo que su hermana sería distinta… no por sus alas inexistentes, sino por la luz que sentía brotar de ella. Una luz que no todos sabían ver.

—Es perfecta, aunque no vuele —le dijo a su madre, acariciando la cabecita de la pequeña Hanna.

Pero su madre no respondió. Solo desvió la mirada hacia el lago, donde las aguas parecían volverse más oscuras como el terror que ella sentía al ver a su hija como un fenómeno para la familia.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Aug 01, 2025 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

"HANNA"Where stories live. Discover now