Año 2052. Cuatro objetos caen del cielo. Tres son reportados. Uno... es ocultado. Lo que parecía un evento astronómico da inicio a una invasión silenciosa. Los Voráx emergen: criaturas alienígenas capaces de adaptarse, mutar... y devorar todo a su p...
La humanidad está en guerra con una raza alienígena conocida como los vorax.
Y estamos perdiendo...
Han arrasado naciones enteras, borrado ciudades del mapa y dejando millones de muertos a su paso.
En medio del caos, el A.E.G.I.S., la alianza militar global, ideó su último intento desesperado: Operación Avenger Sentinel.
La mayor ofensiva en la historia humana. Un golpe definitivo. Una promesa de esperanza.
Al menos, eso se decía.
El primer paso fue todo un éxito. Gracias a un programa ultrasecreto nacido tras el Primer Contacto, logramos desarrollar a los Centinelas: humanos mejorados, soldados de élite, para esta nueva guerra.
Estos fueron enviados primero. La punta de lanza.
Una misión suicida. Tenían que abrir la brecha para que el resto de las fuerzas pudiera ingresar con el menor número de bajas.
Y lo lograron.
A un costo brutal.
Los Centinelas murieron por cientos. Pero su sacrificio permitió recuperar una porción del continente. Apenas un fragmento.
Nadie lo llama una victoria.
Con los resultados obtenidos, el A.E.G.I.S. comenzó a producir super soldados en masa. Pero incluso eso no ha sido suficiente.
Ya no luchamos para ganar. Luchamos para contenerlos.
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Señal de Auxilio
Los Voráx ya no atacaban como bestias.
Eso fue lo primero que Ian pensó antes de que una transmisión de emergencia lo despertara dentro del transporte.
—Sargento Ian, hemos recibido una señal de emergencia desde la Base Redentor.
—¿Y qué dice la señal? —preguntó él, ya despierto.
—Están bajo ataque masivo Voráx. Los múltiples pedidos de auxilio sugieren que están a punto de caer.
Ian se incorporó lentamente. El cuerpo aún le dolía por la misión anterior, un recordatorio punzante de que aún seguía siendo humano. Ordenó proyectar el mapa holográfico. La imagen parpadeó frente a él: terreno selvático, lecturas térmicas inestables y una mancha oscura extendiéndose sobre la instalación como una infección. El miasma Voráx ya cubría casi toda la base.
Las últimas lecturas satelitales mostraban algo peor. El enjambre no se movía como una horda hambrienta. Flanqueaba, bloqueaba rutas de evacuación y empujaba a los defensores hacia zonas sin cobertura.
Ian apretó la mandíbula.
—Maldita sea... —murmuró Ian—. Esto es obra de un Synaptus.
Un Synaptus. Una de esas aberraciones capaces de convertir una masa Voráx en algo mucho más peligroso.