Capitulo 1: El Sello Que Tiembla

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La Gran Asamblea de Cultivadores se celebraba en el Pabellón Dorado de Lanling, rodeado de muros dorados, inscripciones talismánicas y vigilancia espiritual reforzada. Las sectas habían sido convocadas para discutir la creciente amenaza de espíritus errantes en la región sur y la posible reorganización del control entre los clanes principales.

Los jefes de secta estaban presentes.
La atmósfera era rígida, ceremonial, cargada de energía cultivadora.

Lan Xichen, líder del GusuLan, permanecía de pie con las manos ocultas en las mangas, su expresión serena. Pero internamente, su percepción espiritual vibraba como una guqin tensada.

Algo era anormal.

La fluctuación de qi era apenas perceptible… hasta que una corriente de feromonas omega, sutil, suave como el viento antes de una tormenta, le alcanzó la nariz.

No.
No podía ser.

El equilibrio espiritual de la sala no debía permitir semejante escape. Todos los omegas presentes, si los había, estaban bajo control…
Y sin embargo, Lan Xichen lo sintió con total claridad.

Un loto salvaje, oculto bajo capas de rabia.

Sus ojos recorrieron la sala. Los jefes estaban en sus asientos: Nie Huaisang, jugueteando con su abanico. Jin Guangyao con su sonrisa ladina. Wei Wuxian, apoyado informalmente, cruzando miradas con Hanguang-jun.

Y allí, de pie con la postura de un general, estaba Jiang Wanyin.

El jefe de Yunmeng Jiang.
El hijo de la Señora Yu.
El “beta” que todos temían por su fuerza explosiva, su mirada afilada y su lengua aún más letal.

Pero no era un beta.
No.

Lan Xichen lo supo desde antes.
Su qi estaba desestabilizado.
Su respiración apenas controlada.
Sus dedos, cerrándose con fuerza bajo la manga ceremonial púrpura.

—¿Pretenden que las sectas principales cedan territorio a clanes menores? —espetó Jiang Cheng con su voz grave, interrumpiendo a Jin Guangshan.

Lan Xichen lo observó.
No por sus palabras, sino por el leve brillo en su frente.
El sello. Estaba cediendo.

Y si el control fallaba… si su verdadera naturaleza se manifestaba aquí, ante los clanes, sin preparación…
Lo destruirían.

Y Lan Xichen no permitiría que eso sucediera.

—Pido una pausa —dijo de forma solemne, su voz como campanas en el valle—. La energía del pabellón está desequilibrada. Sería prudente meditar antes de continuar.

Los líderes murmuraron, sorprendidos.

Wei Wuxian alzó una ceja.

—¿Oh? No sentí nada. Quizá los de Gusu son más delicados que el resto.

Lan Xichen no lo miró.

Solo se dirigió a Jiang Cheng, que ya se ponía de pie, jadeando en silencio.
Y, rompiendo todo protocolo, se acercó directamente a él.

—Jiang-zongzhu —susurró—. Sal conmigo. Ahora.

—¿Estás loco? —murmuró entre dientes, su tono cargado de furia, pero su qi ya empezaba a desbordarse.

Lan Xichen no respondió. Solo extendió un dedo y rozó la manga púrpura con una presión leve, imperceptible para todos, salvo para él.

Un toque de contención. Un lazo invisible.

—Nadie más lo ha notado. Pero yo sí.
Tu sello está temblando.
Y si no salimos de aquí ahora, el mundo entero sabrá lo que llevas años ocultando.

Por primera vez en años… Jiang Cheng no supo qué decir.

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Espero que les guste

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