El sol aparecía lentamente entre las montañas, la luz del cielo se clareaba y los gallos empezaban a cantar. Eso solo podía significar una cosa, era la hora de marcharme. Aún tenía los ojos pegados pero ya estaba vistiéndome para partir hacia la aventura, la cual me he estado preparando años, yo solo espero no morir.
¡Arin! - Escucho a lo lejos. Es mi padre, seguro que se piensa que me he quedado dormida. Como siempre. - Estoy despierta papá. - Le respondo mientras meto todas las cosas que preparé anoche en la gran mochila que me regaló mi abuela. En cuanto lo tuve todo listo salí de mi habitación y me dirigí hacia la sala donde estaba mi padre, el general Balthor Fyrthalen esperándome para verme. El ya tenía su uniforme de Guerrero de la aldea puesto.
Nunca pensé que este día iba a llegar, todavía recuerdo cuando mi padre me obligaba a entrenar con el. Día y noche desde los 8 años. Pobre aquella Arinthia que lloraba día tras día simplemente por la saturación y el esfuerzo diario, actualmente tengo 19 años pero no sigo siendo la misma Arinthia de 8 años que no quería entrenar a fuerza de su padre. Desde que me perdí aquel día por el bosque todo cambió. Tenía doce años, mi padre me pidió que fuese a buscar setas al bosque pero esta vez que fuese sola, por que el tenía que encender la hoguera. Mientras me adentraba y buscaba setas no sentí que estuviese tan lejos de la aldea, así que me adentré más y más al bosque. En cuanto me agaché a por una seta veo que una sombra me sobrepasa por encima desde el cielo. Me asusté. Miré al cielo y estaba despejado. No entendía nada, así que no le di importancia y me adentre algo más, encontré una gran cueva. Era enorme, inmensa. Mientras me quedé mirando fijamente la oscura cueva un gran vendaval de aire caliente salió de esta y poco después se asomaba de entre la oscuridad unos ojos color latón acompañados de una gran cabeza y hocico llenos de escamas negras. En ese momento lo único que se me ocurrió fue correr hacia donde yo pensaba que estaba la aldea. Cosa que no fue así.
Dejé muy atrás esa misteriosa cueva, me tropezaba con todas las ramas y piedras del bosque mientras corría. No se cuantas veces me caí pero sin duda no iba a volver a mirar atrás. Cuando llegué a casa ya era de noche, corrí tanto por el bosque que al final no encontré la aldea y un cazador que estaba por allí me llevó a casa. Mi padre estaba muy enfadado conmigo pero a mi no me importaban las regañinas de mi padre en ese momento, solo quería descubrir que era esa enorme y tenebrosa criatura que vi aquel día.
Por ello hoy voy en su búsqueda con el equipo de Exploración. Si, ese equipo el cual temía de pequeña, el cual mi padre me obligaba a ir ya que el es un guerrero de la aldea y quería que su familia también tuviese éxito. Aunque sea a la fuerza. Pero ahora estoy deseando de formar parte del equipo y no por obligación de mi padre. Sino por mi propia voluntad.
Tu abuela está por llegar. - Dice mi padre con cara seria pero a la vez descompuesta. Estará preocupado supongo. Aunque con la lucha que me ha dado todos estos años no creo que se fuese ha arrepentir ahora.
Lose papá la abuela siempre es muy puntual, además siendo el día de hoy que te apuestas que llega incluso antes. - Le dije algo seria, siempre he sido algo reservada. No me gusta mucho hablar, pero hoy estaba nerviosa. No paraba de mover las manos toqueteándome mi pelo.
Deberías habértelo cortado siempre te he dicho que te causará muchos problemas. - Noto la molestia de mi padre, pero no me iba a cortar el pelo ni de coña.
Cojo la punta de un mechón y lo pongo justo al lado de mi cadera que es hasta donde llegaba. Y yo siempre te he dicho que no me lo voy a cortar, no va a ser ninguna molestia. Para algo sirven las trenzas. - Le digo algo indignada y hago un gesto de molestia. En ese momento me doy cuenta como mi padre me pone una mano en el hombro y me empuja hacia el para abrazarme. Yo le abrazo también. Esto era muy raro, desde la muerte de mi madre mi padre nunca más me dio un abrazo. Por eso mismo le abracé lo más fuerte que pude.
Quiero que tengas cuidado Arin. No quiero que mueras - Dice mientras me abraza con fuerza. No papá, no moriré. - Le digo para no preocuparle, pero en realidad si estaba muy nerviosa y más sabiendo lo que puede haber ahí fuera. En ese momento llaman a la puerta, es mi abuela que viene a traerme comida y despedirse de mi.
Arinthia dios mío ¿sigues queriendo irte? Estoy muy preocupada por ti. Como te pase algo...- Me dice mi abuela muy preocupada mientras viene hacia mi para abrazarme y achucharme. Mi abuela siempre ha sido muy buena conmigo, me cuidaba mucho de pequeña, sobre todo cuando murió mamá.
Abuela no te preocupes por mi voy a estar bien, volveré sana y salva. - Hago una sonrisa falsa, sabiendo que la mayoría de los que salen no vuelven a entrar. Solo vuelven 1 o 2 de cada 10 que salen en el grupo de exploración o incluso muchos años no vuelven ninguno. Y los que vuelven, solo pueden contar lo que ven a los más importantes de la aldea. El alcalde, los guerreros como mi padre y poco más, a mi padre le tienen prohibido decir algo, si descubren que ha contado sus "secretitos" lo asesinan. Al menos yo podré descubrir que pasa ahí fuera. Y si muero, pues moriré sabiéndolo, no con la duda.
Mi abuela siempre se preguntó el porqué quise irme voluntariamente, y yo nunca supe como responderle. Nadie quiere irse al equipo de exploración cuando le toca, el año pasado no salió mi nombre de la urna. Esa maldita urna que se ha llevado a más de 70 victimas en los últimos 15 años. Espero que esta ceremonia de obligar a jóvenes de entre 18 y 25 años deje de existir algún día, o mejor que le toquen salir a los que la administran. Después de que mi abuela no me dejara tranquila ni un segundo y me diese toda su despensa para sobrevivir, fui a la plaza donde se celebran las despedidas de los "valientes" los que nos vamos de esta putrefacta aldea para morir en el infierno obligados por los mismos habitantes, excepto yo. Que me ofrecí como voluntaria.
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LA VERDAD TENÍA ALAS - CELIA AYO
FantasyLa verdad tenía alas simboliza el despertar de la protagonista a un mundo oculto que siempre estuvo presente, pero que nadie se atrevía a ver. Como una verdad que no puede ser contenida, toma forma de alas que surcan el cielo, rompiendo las cadenas...
