Chapter 1:El susurro del destino

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El aire en la corte olía a incienso y poder. El sol apenas se asomaba por los ventanales de cristal teñido cuando Jeon Jungkook, el rey alfa supremo del reino de Aellion, descendía por los pasillos de mármol. Su presencia era imponente: alto, elegante, con el porte de un guerrero y el corazón endurecido por años de deber.

Los alfas se inclinaban. Las omegas temblaban. Pero él, a pesar de todo, se sentía... solo.

Desde que asumió el trono tras la muerte de su padre, se le había enseñado que un rey no amaba, no dudaba, y jamás cedía al deseo. Su enlace debía ser político, no emocional. Sin embargo, todo eso cambió el día en que un nuevo sirviente omega llegó al castillo.

-¿Quién es? -preguntó Jungkook desde su trono de ébano, mientras su mirada se posaba en el muchacho que entraba con una bandeja de té.

El joven apenas levantó la vista, pero su aroma... oh, su aroma.

Era dulce, fresco, con un leve toque floral. Nada en el protocolo lo preparó para esa reacción. El alfa real sintió que el nudo de su interior palpitaba con fuerza, amenazando con romper el autocontrol que lo definía.

-Kim Taehyung, majestad. Fue asignado desde el sur del reino. Su aldea fue atacada por saqueadores, y su estatus omega fue confirmado hace dos lunas.

Jungkook no dijo nada más. Pero desde ese momento, lo observó. Cada paso. Cada gesto. Cada aroma que dejaba tras de sí.


Días después...

Taehyung caminaba con cautela por los jardines reales. Sabía que no debía mirar al rey, mucho menos hablarle. Pero algo lo atraía. No era sólo la fuerza imponente del alfa, sino la tristeza oculta tras esos ojos oscuros. Como si también fuera prisionero de algo invisible.

Un susurro del destino los unió una tarde bajo la lluvia.

-¿Por qué no huyes de mí? -susurró Jungkook, su aliento cálido rozando la mejilla de Taehyung, quien estaba atrapado contra una columna del palacio.

-Porque... no tengo a dónde huir -respondió el omega, con voz temblorosa, aunque sus ojos estaban llenos de fuego.

Jungkook cerró los ojos. Algo en ese omega lo desarmaba.

Él era un rey. Un alfa. No podía... no debía enamorarse.

Pero ya era tarde.

El afecto del rey Tempat cerita menjadi hidup. Temukan sekarang