Me desperté en el frío suelo de un callejón sin salida. A mi alrededor, basura y restos oxidados de robots se desparramaban sobre el cemento viejo y abollado. Una línea espesa de sangre me corría por la frente. ¿Qué había pasado? ¿Cómo terminé aquí?
Las luces de neón me cegaban, quemándome los ojos, mientras un humo verdoso escapaba de las alcantarillas. Cada músculo de mi cuerpo dolía y apenas podía pensar. Con la poca fuerza que me quedaba, me levanté tambaleante y avancé a duras penas por el largo callejón.
Al llegar a la salida, una avenida infestada de gente se abrió frente a mí. Niños descalzos corrían entre charcos, ancianos extendían las manos suplicando limosna… y los adultos… mejor no hablar de ellos.
Seguí arrastrándome hasta un vestíbulo iluminado por carteles parpadeantes. Entré, buscando respuestas. Lo primero que vi fueron chicas muy jóvenes bailando sobre plataformas, acercándose a hombres que se empujaban con ansias por su atención.
Me refugié en una butaca alejada, frente a la barra.
—Disculpe… ¿qué ciudad es esta? —pregunté con voz apagada.
El bartender me miró con extrañeza, como si la pregunta careciera de sentido.
—Estamos en NOVA-7. ¿Estás perdido?
—Sí… ¿puede ayudarme?
—Claro. ¿Cuál es tu número de serie?
La sangre se me heló. ¿Número de serie?
—No entiendo… ¿a qué se refiere?
El hombre arqueó una ceja y señaló mi brazo.
—Eres un androide. Tu brazo te delata. Deberías cubrirlo… no son bienvenidos aquí.
Miré mi brazo derecho. Tenía razón: no era humano. Un frío recorrió mi cuerpo mientras el pánico me cerraba la garganta.
—Tranquilo, no voy a denunciarte. No quiero problemas. —Sirvió una bebida en tonos rosados y naranjas, y me la deslizó—. La casa invita.
—¿Por qué… eres amable conmigo? Los androides no son bienvenidos.
—Ya lo dije. No quiero problemas. Bebe… y vete.
Obedecí, y en cuanto terminé me escabullí fuera del lugar. El frío era implacable. Apenas una túnica gastada me cubría, y terminé dejándome caer en otro callejón vacío, donde solo se oía el goteo de agua cayendo desde los edificios corroídos.
No sé cuánto tiempo pasó hasta que escuché una voz femenina llamándome. Una silueta apareció frente a mí. Una chica me tendía la mano.
—¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?
Instintivamente escondí mi brazo robótico bajo la tela y le ofrecí el otro.
—¿Cómo te llamas? —preguntó con dulzura.
Mi mente se nubló. Busqué. Nada. Un vacío insoportable.
No lo recordaba.
Me quedé en silencio, observándola. Sus ojos eran verdes como el jade, y sus pecas se extendían delicadamente sobre la nariz y las mejillas. Sonrió.
—Sígueme. Vamos a ayudarte.
Y la seguí.
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ECHO: Unidad 13
Science Fiction¿Que sucede cuando no sabes que sentir? Cuando no entiendes como te sientes... Ni por qué sientes. Echo es así, no tiene idea de dónde está parado, no sabe sobre emociones, ni como abordarlas. No recuerda quien es, ni como llego hasta ahí. En un mu...
