Harry Potter nunca fue bueno cerrando capítulos. La guerra había terminado, Voldemort estaba muerto, y aún así había heridas que seguían supurando bajo su piel como cicatrices mal curadas. Algunas cosas se podían enterrar, personas a las que se podía despedir. Pero había otras, como un nombre, un rostro, un recuerdo, que se quedaban anclados en las madrugadas solitarias y en los rincones de la memoria.
Draco Malfoy era uno de ellos.
El Andén 9¾ parecía no haber cambiado en todos esos años. Las familias se reunían con sonrisas, los niños cruzaban entusiasmados hacia el Expreso de Hogwarts, y los adultos cargaban esa mezcla de nostalgia y temor tan conocida. Harry se quedó a un lado, con la mano apoyada sobre la cabeza de su hijo menor, Albus, que observaba todo con una mezcla de asombro y ansiedad.
Ginny le sonrió desde unos pasos más allá, rodeada por James y Lily. Todo debía ser perfecto, todo debía parecer perfecto.
Pero entonces, lo vio.
Cabello rubio, perfectamente peinado hacia atrás. Una túnica impecable. El rostro algo más marcado por los años, pero los ojos grises seguían iguales. Draco Malfoy. Y no estaba solo.
A su lado, una mujer de cabello oscuro lo miraba con una ternura que Harry reconoció de inmediato, porque era la misma que él había esperado recibir alguna vez. Junto a ellos, un niño de la misma edad que Albus sostenía la mano de su padre.
Harry sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Porque en ese instante, todo regresó. El frío de los pasillos de piedra. El eco de pasos apresurados. Las miradas furtivas en medio de la noche. Los encuentros que nunca debieron existir.
Recordó.
Todo.
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"Baile de Navidad, Cuarto Año"
Había huido de la torre de Gryffindor al ver la acalorada discusión entre Ron y Hermione. Harry decidió vagar por los extensos pasillos de piedra del castillo, mientras en su cabeza, seguía repitiendo estrofas de una de las canciones de la banda, las brujas de Macbeth. Pero de vez en cuando, el recuerdo de la conversación entre Snape y Karkaroff venía a su mente.
Ahí, en un rincón oscuro, se topó con Malfoy.
-¿Te perdieron, Potter? -soltó el Slytherin, su voz condescendiente.
-Lárgate, Malfoy -murmuró Harry.
Pero ninguno de los dos se movió.
La música quedaba lejana, los ecos de risas y pasos se disiparon. No hacía frío, pero Harry sentía un escalofrío recorriéndole la nuca.
-Pensé que estarías bailando con tu amiguita Granger.
- No estoy de humor Malfoy - dijo Harry secamente.
El silencio cayó entre ellos como una manta pesada. Harry quiso marcharse, pero por alguna razón no lo hizo. Y Malfoy tampoco. Y entonces, sin decir nada, caminaron juntos hasta un aula vacía.
Harry no entendía por qué no se había ido, ni por qué Malfoy no lo había insultado otra vez. Simplemente caminaron, en silencio, hasta que Malfoy empujó una puerta entreabierta y entraron en un aula desierta. La única luz provenía de la ventana alta, donde la luna se colaba pálida entre las nubes.
Harry se dejó caer en una de las sillas. Malfoy apoyó la espalda contra la pared, cruzando los brazos.
-¿Y bien? -preguntó el Slytherin con esa media sonrisa arrogante que Harry detestaba... o que creía detestar.
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La Lámpara Encendida
FanfictionHarry siempre pensó que el tiempo lo curaba todo. Que un día, las ausencias dejarían de doler. Que los nombres susurrados en noches sin sueño se volverían apenas un murmullo. Pero no. Hay personas que uno nunca olvida. Hay promesas que se quedan col...
