Desde el primer día que la vio, supo que no había marcha atrás.
Era como si todo el universo se hubiese detenido para enmarcarla solo a ella: el cabello brillante cayéndole por los hombros, la risa perfecta, los pasos seguros que hacían girar cabezas a su paso. Ella era todo lo que él no: popular, luminosa, inalcanzable. Y, sin embargo, en su mente, ya vivían juntos cien vidas.
Se aprendió sus horarios de clase, sus rutas en los pasillos, los lugares donde almorzaba, los colores que más usaba. Su sonrisa se le quedó grabada con tinta permanente, y cada vez que ella lo ignoraba —porque claro, no sabía que él existía—, algo dentro de él se encendía aún más. No era solo un flechazo adolescente... era una necesidad, un hambre constante por ser visto por sus ojos color miel.
Le dejaba cartas anónimas en su casillero. Comentaba cada publicación suya desde cuentas falsas. Sabía quiénes eran sus amigos, sus exnovios, sus rutinas. Era meticuloso, cuidadoso, paciente. No era un psicópata —o eso se repetía todas las noches—, simplemente estaba enamorado. Locamente enamorado.
Y haría lo que fuera para que ella lo notara.
Incluso si tenía que romper algunas reglas.
Incluso si tenía que cruzar límites.
Incluso... si tenía que convertirse en alguien más.
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Yo, nerd.
RomanceJamás pensó en ella... hasta que lo hizo. Y cuando lo hizo, fue demasiado tarde. Nunca imaginó que su mirada se quedaría atrapada en cada gesto suyo, que cada palabra suya lo seguiría como un eco envenenado. Vereena. Tan perfecta... demasiado perfec...
