✶⊶꧁𝓘𝓷𝓲𝓬𝓲𝓸𝓼꧂⊶✶

1.5K 106 9
                                        

Las virtudes.
Aquellas galletas sagradas, bajadas del mismo cielo y encomendadas por las brujas para cuidar de los demás con su sabiduría y poder.

Voluntad, Felicidad, Cambio, Solidaridad
Y
El conocimiento.

Cada uno encarnado en una galleta diferente, pero todas con el mismo deber.

Todo fue bello por siglos. Años de prosperidad y felicidad; compañerísmo y Lealtad. Y hablando de Lealtad, quién más noble y leal que el llamado "Campeón de la Solidaridad".

El caballero dispuesto a todo por su gente, por su reino, por sus amigos...
Y por su 𝐴𝑚𝑜𝑟.

Así es, durante un par de años se había estado rumoreando entre los reinos un romance entre dos de sus más preciados gobernantes. El ya mencionado caballero, y el más sabio de todas las virtudes. "La fuente del conocimiento".

Por décadas nada pudo ser desmentido, pero tampoco comprobado. Solo existía la palabra de pocas galletas que aseguraban haberlos visto rondar uno junto al otro por las zonas más desoladas que existían entre las regiones.

Hasta... la llegada del primer "futuro" heredero de las virtudes. El hijo de las únicas galletas sagradas que ya habían sido vistas juntas.

Black Sapphire cookie.

Hablo mientras lo sostenía entre sus brazos, recién salido del horno.

Tiene tus ojos, amor mío.

Volteó a ver al de la armadura, quien parecía impactado con el pequeño ser que tenía frente suyo. No dijo nada, pero levanto sus manos en un gesto leve para ayudar a cargarlo.

Ambos juntaron sus frentes y se quedaron viendo a su pequeño, reposando cual ángel entre sus brazos. Nada podría volver aquel momento más perfecto

.
.
.

La irá de quienes alguna vez juraron proteger a los demás ahora caía como lágrimas de sufrimiento sobre las pobres galletas inocentes que se exentaban de cualquier culpa. Inocentes como la masa recién echa, pero castigadas con el fuego más candente y doloroso.

De los cinco sagrados, ahora solo quedaban dos... o eso se creía.

La fuente del conocimiento, el gran sabio y conocedor de todo, buscaba en su biblioteca con desesperación y su pequeño de tan solo tres años en brazos. No quería un libro, ni un hechizo; buscaba un escondite.

En el primer hueco más aislado que encontró metió a su "masita", lo tapo con una mesa y un mantel a medio coser, y corrió hasta volver a la entrada de la biblioteca. La cerro desde afuera y volvió a correr por toda la torre, buscando con la mirada por su alrededor.

" ¿A dónde fue? Debo sacarla de aquí antes de que los encuentre".

Pensó mientras mantenía su correr, buscaba a la virtud de la felicidad. Ahora Bestia de la Pereza.

Apenas y la vio adentrarse en la torre supo que sería un problema enorme. La buscaba a ella, y a la vez al único que le quedaba de sus compañeros. Confiaba plenamente en su palabra de protegerlos, por lo que salió corriendo con el niño en brazos en cuanto se le dio oportunidad.

Corrió y corrió, se cansó y empezó a trotar; y después de una hora recorriendo la torre de forma exhaustiva, se paro apenas vio una silueta parada en el marco de la puerta.

La altura, su espada y aquella armadura... era él. Para su corazón era inconfundible, se acerco corriendo nuevamente y lo tomo por un hombro.

— ¿Felicidad ya se fue? Ya no la encontré por la torre.

Silencio.

Segundos llenos de ese sentimiento de inseguridad que te grita en la oreja "Corre por tu vida", pero nunca obedeces. Toco su hombro una vez más, esperando una respuesta.

— ¿Solidaridad?

Dio media vuelta repentina, tirando a quien preguntaba por él al suelo. Al subir la mirada, solo vio lo que más temía.

"El campeón de la Solidaridad"
Había caído en la corrupción.

El que ya estaba en el suelo se arrastraba hacia atrás, con miedo en su mirada y temiendo por lo que le podría hacer la nueva bestia que estaba a pasos de él.

Cerro los ojos, esperando una muerte fría y cruel; Pero con la pequeña calma de haber escondido a su pequeño a tiempo.

Unos paso laminados sonaron, alejándose. Aquella figura que alguna vez creyó conocer había desaparecido entre la oscuridad del exterior de la torre.

Las lágrimas se adueñaron de sus ojos, se desbordaron por sus mejillas hasta forma un pequeño charco en el suelo. Se mantuvo en la misma posición por unos minutos más antes de levantarse y correr. Tan rápido como sus piernas le permitían, hasta regresar a la biblioteca.

Apenas entro se encerró en ella, cubriendo la entrada con todo lo que pudo encontrar. Estantes, muebles y más; sin dejar nunca de vigilar a su pequeño, quien lloraba en silencio esperando a su padre.

Aquí estaremos seguros por un tiempo.

Le acarició la mejilla, limpiando algunas lágrimas.

No pienso dejar que nada malo te pase, mi niño.

El pequeño se aferró a la ropa de su protector, tapando su carita con la misma.

— ¿Y papi?

Balbuceo entre sollozos, alzando la mirada para ver a su papá.

...

Él... va a tardar un poco más. Pero te prometo que volverá, no nos dejara solos.

Jamás lo haría.

.
.
.

"𝕾𝖔𝖑𝖔 𝖕𝖔𝖗 𝖑𝖔𝖘 𝖓𝖎ñ𝖔𝖘"Stories to obsess over. Discover now