¿Qué habría pasado si los jugadores no hubieran muerto?
"Squid Game: Sobrevivientes" es una reimaginación de la tercera temporada de la serie, donde los personajes sobreviven contra todo pronóstico. Esta historia nos muestra una versión alternativa...
El eco se extendió por el pasillo mientras los guardias rodeaban a Gi-hun y Jung-Bae. Los otros tres jugadores que los habían ayudado —rostros sin nombre, figuras valientes en la oscuridad— estaban arrodillados con las manos atrás de la espalda, jadeando entre susurros de desesperación.
El Líder apareció al fondo del pasillo, con su imponente traje negro y la máscara que ocultaba todo rastro de humanidad. Sus pasos eran lentos, calculados. El silencio era tan denso que podía cortarse con un cuchillo.
—Así que decidieron romper las reglas —dijo con voz metálica, distorsionada por el modulador de la máscara. Se detuvo frente a los tres jugadores que ayudaban en la rebelión. Uno de ellos murmuró una súplica, otro bajó la cabeza resignado. El tercero levantó la mirada y escupió sangre.
Las ejecuciones fueron inmediatas. Tres disparos. Tres cuerpos desplomándose sin dignidad. La sangre comenzó a fluir entre las baldosas del suelo como tinta derramada. Gi-hun retrocedió un paso. Jung-Bae cerró los ojos.
—¿Y ustedes dos? —dijo el Líder, apuntando a Jung-Bae. Sin previo aviso, disparó.
El impacto fue seco. La bala entró por el costado del torso de Jung Bae. Él cayó de rodillas con un quejido ahogado, apretando los dientes para no gritar.
—Quiero ver cuánto aguantan sin ayuda. —dijo el Líder con frialdad—. Asintió a sus guardias, que arrastraron a Jung-Bae y Gi-hun de vuelta a los dormitorios.
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El sonido del cerrojo al cerrarse fue lo único que se oyó al regresar a la sala. Todos los jugadores se levantaron al verlos entrar. La sangre en la camisa de Jung-Bae era evidente, así como el temblor de sus piernas. Los lanzaron al suelo como si fueran sacos de arroz. El cuerpo de Jung-Bae quedó inmóvil.
Gi-hun se arrastró hasta él, desesperado.
—¡Alguien ayúdelo! ¡Está sangrando!
Entre la multitud se abrió paso la jugadora 120, una mujer de mirada firme y cuerpo recto como estatua. Se arrodilló junto a Jung-Bae y abrió su camisa ensangrentada con manos rápidas. Con una calma impresionante, examinó la herida.
—Bala alojada en el abdomen. Salió limpia, pero está desangrándose.
Hyun-ju extrajo la bala con precisión, usando un tenedor como una herramienta improvisada. La herida fue limpiada y vendada con partes de una camiseta rasgada.
—¿Va a... vivir? —preguntó Gi-hun, temblando.
—Si no se infecta, sí —contestó Hyun-ju, sin apartar la vista de Jung-Bae.
Ella se quedó unos segundos más junto al herido antes de levantar la mirada.
—¿Y Gyeong-seok? —preguntó en voz baja.
Gi-hun no contestó de inmediato. Su silencio fue la única respuesta. Luego bajó la cabeza y murmuró: