La luz blanca del hospital no tenía piedad. No suavizaba rasgos, no perdonaba ojeras. No importaba si eras paciente, familiar o personal médico, todos bajo ese techo eran igual de humanos, igual de vulnerables.
Han Jisung respiró hondo frente a la puerta de la sala de Urgencias. Su primer día de prácticas clínicas como estudiante de último año de enfermería había llegado, y aunque había ensayado cómo presentarse frente al personal, repasado protocolos y hasta practicado la postura más profesional frente al espejo, su estómago estaba hecho un nudo.
Se acomodó la credencial colgada al cuello y entró.
La primera impresión fue el sonido de monitores, ruedas de camillas, voces que daban órdenes rápidas y urgentes. La segunda fue el olor a desinfectante, sangre y café recalentado. La tercera, una voz.
—¿Y tú qué haces parado ahí como poste? ¿Te perdiste?
Jisung se giró, sorprendido. Un hombre de bata blanca, de rostro serio y expresión neutral, lo miraba con evidente falta de paciencia. Alto, con el cabello oscuro perfectamente peinado hacia atrás y los labios ligeramente fruncidos. En su placa se leía: Lee Minho – Médico Residente Jefe.
—Soy Han Jisung. Estudiante de enfermería. Hoy empiezo mis prácticas aquí en urgencias —dijo, intentando mantener la voz firme, aunque su corazón latía con fuerza absurda.
Minho alzó una ceja. Sus ojos recorrieron a Jisung de arriba abajo con frialdad casi quirúrgica.
—¿Te enseñaron a llegar quince minutos antes? Porque ya son las ocho.
—Llegué hace veinte. Estaba afuera repasando...
—¿Repasando qué? ¿Cómo no desmayarte al ver sangre?
Jisung abrió la boca para responder, pero Minho ya había girado sobre sus talones.
—Sígueme. Te daré un recorrido rápido, pero no me hagas repetir nada. Esto no es un aula de clases.
Jisung apretó los labios. No era el recibimiento que había imaginado.
Caminaron por los pasillos grises mientras Minho señalaba estaciones, salas y procedimientos en curso sin detenerse a asegurarse de que Jisung lo entendía todo. No había tiempo para eso. El hospital vivía en una constante carrera contra el reloj.
—Aquí están las camillas de traslado. El área de observación está allá. Si no sabes usar el sistema de registro digital, busca a otro interno, no a mí. No tengo tiempo para tutorías personales.
Jisung asentía en silencio, memorizando lo mejor que podía. Se mordía el interior de la mejilla para no dejar salir algún comentario sarcástico. No era su estilo pelear desde el primer día, pero Minho tenía una forma de hablar que picaba, que dolía, aunque no alzara la voz.
Al llegar al área de descanso, Minho se detuvo un momento y finalmente lo miró con más detenimiento.
—Escucha, Han Jisung. Aquí nadie va a aplaudirte por estar nervioso o por tener "ganas de ayudar". Lo que importa es que no estorbes y que aprendas, que no te desmorones cuando alguien grite o sangre frente a ti. ¿Entendido?
Jisung tragó saliva. Sabía que no debía tomárselo personal, pero algo en el tono de Minho le encendía una chispa incómoda en el pecho.
—Entendido, doctor Lee —respondió con firmeza, aunque sus manos seguían frías.
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El primer paciente llegó veinte minutos después. Un niño con una fractura de brazo, llorando entre los brazos de su madre. Minho tomó el control de la situación con una precisión casi mecánica. Daba órdenes claras, sin vacilar. Jisung lo observó moverse como si ya hubiera vivido mil veces esa escena.
Le indicaron a Jisung que sostuviera la cabeza del pequeño mientras el médico aplicaba anestesia local. Las manos de Jisung temblaron apenas al sentir el temblor del niño. Sus ojos se encontraron con los del pequeño, que sollozaba con pánico.
—Todo estará bien —le susurró suavemente—. Respira conmigo, ¿sí? Inhala... exhala...
El niño lo imitó con esfuerzo. Cuando Minho levantó la vista brevemente, notó la conexión.
—¿Puedes enfocarte en lo que estás haciendo? —soltó, en seco—. No estás en un jardín infantil.
Jisung apretó los dientes. No dijo nada. Pero el niño ya no lloraba.
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El resto del turno fue una sucesión de pacientes, procedimientos y palabras que se lanzaban como proyectiles entre médicos, internos y enfermeras. Jisung intentaba seguir el ritmo, pero todo era rápido, exigente y sin pausas. Minho no le hablaba, solo le señalaba cosas con la mirada o con frases como "Necesito esto" o "Apúrate".
Al final del turno, mientras se lavaban las manos en silencio, Jisung no pudo evitar soltar:
—¿Siempre eres así con los nuevos?
Minho no se giró, solo respondió.
—¿Así cómo?
—Tan... poco humano.
Minho dejó de enjabonarse las manos por un segundo.
—Este es un hospital. No una cafetería de amigos. Si buscas validación emocional, tal vez te equivocaste de carrera.
—No busco validación —replicó Jisung, ya cansado del muro frente a él—. Solo creo que una sonrisa no le quita tiempo a nadie. Y si trato de conectar con un paciente para que deje de llorar, no es debilidad. Es empatía.
Minho se enjuagó las manos en silencio, se secó y lo miró directamente por primera vez desde que llegaron.
—La empatía mal dirigida te va a romper. Y cuando te rompas frente a un paciente que depende de ti, ahí no vas a tener tiempo para respirar profundo. Vas a fallar.
Jisung sintió el impacto de esas palabras. Pero no se apartó.
—¿Y tú ya te rompiste?
Minho se congeló por un momento. Luego bajó la mirada, guardó su estetoscopio y se marchó sin responder.
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Cuando Jisung salió esa noche del hospital, con los pies adoloridos y la mente saturada, miró al cielo oscuro y sintió que algo había cambiado. No solo por el cansancio físico. Había conocido a alguien como Minho, y aunque todo en él parecía cerrado, inaccesible, había algo detrás de esos ojos que lo intrigaba profundamente.
No lo sabía aún, pero ese sería el primer latido de algo más grande. Algo que no estaba en los manuales de enfermería ni en las fichas clínicas.
Algo que tendría que aprender a escuchar con mucho cuidado.
El pulso entre ellos acababa de comenzar.
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El pulso entre nosotros - Minsung
RomanceMinho es un médico reconocido por su templanza en crisis, pero con una fama silenciosa de ser distante e inaccesible. Nunca se involucra emocionalmente con pacientes ni colegas. Jisung, por otro lado, es un estudiante de enfermería en su último año...
