Problemas Insignificantes.

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⏤Choi BeomGyu, mi amado ⏤Él sacó una caja de terciopelo del bolsillo interno de su saco perfectamente planchado. Procedió a ponerse de rodillas frente a mí dejando ver el diamante que había dentro del pequeño contenedor⏤ ¿Aceptarías unirte a mí en matrimonio?

Levanté mi mirada al salón lleno de personas que miraban conmovidos, algunos otros ansiosos. Mi familia estaba al tanto de lo que ocurría, como todo los demás, de hecho. Mi sorpresa no significaba lo mismo que la de todos ellos.

Los segundos pasaban como horas, había un silencio profundo, lo único que podía escuchar era mi respiración agitada y los latidos acelerados de mi amargo corazón.

Kang TaeHyun, el hombre más codiciado de la ciudad estaba sobre su rodilla derecha en un acto de sumisión ante mí, su futuro esposo. Su mirada expectante sobre mí, la sonrisa en su rostro que con el pasar de los minutos se disminuía poco a poco y el brillo de sus ojos se apagaba como las luces glamorosas del salón en el que festejamos un año más de relación entre los supuestos amigos que estarían ahí en las buenas y en las malas.

En mi estómago se formó una gran bola de ansiedad que se movía frenéticamente por mi esófago y hacía que mi cabeza diera vueltas como el carrusel de nuestra primera cita con una velocidad descomunal, aquella que no lograría igualar ni aunque corriera con todas mis fuerzas evitando cargar una cruz el triple de grande y pesada que yo. Pasé saliva en seco. Alrededor de mi cuello habían alambres con púas lesionando mi garganta, lo que me impedía gritar tan fuerte como yo quisiese.

Así que, contuve mi aliento y fingiendo una sonrisa, tomé las mejillas de mi amado y murmuré: ⏤Acepto, amor mío.

Cuando ambos, sobre nuestras rodillas estábamos, TaeHyun me abrazó liberando las lágrimas que ocasioné con la tardanza de mi cuerpo paralizado perdido en la marea de una noche de tormenta.

La música reanudó, y a pesar de hacer temblar el suelo, no era tan fuerte como para opacar el ruido en mi cabeza. Nada fue suficiente, ni siquiera los besos secos de TaeHyun sobre mis labios o las felicitaciones de mis propios invitados como si hubiera ganado el millón del concurso o aprobado el exámen más complicado, aunque algunos parecían no darles luz verde lo que sucedía, se iban molestos como si hubiera cometido el crimen más atroz: intentar colarme en la sociedad de los nacidos en oro.

Cuando las horas pasaron, la terraza iba quedando vacía. Entre menos personas hubiera, mi corazón latía con más fuerza porque sabía que nadie escucharía los gritos de mi corazón confundido y así pasó, porque cuando abandoné la fiesta en compañía de mi prometido no pude ver o sentir algo más que el anillo en mi anular derecho brillando con la poca iluminación del camino a casa sobre las ruedas del auto que me asfixiaba.

Era hermoso. Era lo que decían mis padres que merecía. Era lo que mi madre quería que tuviera conmigo; ella parecía mucho más feliz que yo con la noticia.

No podía sentir nada, ni siquiera cuando fuera del edificio en el que vivía en soledad, recibí la despedida más cálida por parte de él contra la pared de concreto con el beso más ardiente de mi vida, pero no pude sentir nada más que la fricción contra mis labios y no me pude detener, pues quería aumentar el contacto hasta que cualquier otra parte de mi cuerpo pudiera sentir lo que mi corazón no hacía, pero no sucedió y él partió cuando los relojes marcaron las dos.

Nadie te dice que hacer cuando el hombre de tus sueños se arrodilla frente tuyo sin sentirte preparado para ello. Nadie te da un manual de pasos a seguir con el que puedes huir sin lastimar el corazón que te están entregando.

No dormí aquella noche, ni la siguiente, o las próximas cinco cuando antes de media noche podía saber que estaba siendo acompañado, pero con una tarifa alta que no podía pagar todavía.

Champagne Problems | TaeGyuWhere stories live. Discover now