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Abrí los ojos pesadamente y enfoqué mi vista en el cristal en el que me encontraba apoyada. Delante de mis ojos se encontraba una carretera y una montaña por la que estábamos pasando, y la carretera cada vez se volvía más agrietada y sin algunos pedazos. El conductor siseó maldiciones. Suspiré y quité mi cabeza del cristal en el que estaba apoyada anteriormente y me puse mi coleta en un lado de mi cuello. Había demasiados baches cada vez que nos acercábamos más hacia el pueblo, o mejor dicho mi anterior pueblo. Asward, ese sitio del que no me acordaba nada y hace 14 años ocurrió una tragedia. La muerte de mis progenitores, y ahora me adentraba por un sendero en medio del bosque para llegar a esa casa con sus últimos recuerdos horribles. Tenía dos años, y cuando sucedió eso me pusieron en custodia de mi abuelo paterno, Arthur, con el que fui a vivir a la gran ciudad de Grevlin, hasta ahora, que había muerto de un infarto al corazón. En pocas palabras y aunque sonara muy mal era huérfana. Una palabra a la que estaba acostumbrada desde pequeña, pero cuando la gente la escuchaba sus caras se volvían apenadas e incómodas. Odiaba eso. Odiaba que la gente sintiera pena por mí pasado o por mí, me hacía sentir muy incómoda y patética. Ahora me habían puesto en custodia de mi tío materno, del que no sabía quién era ni cómo se llamaba.
Salí de los pensamientos al fijarme que el conductor no me paraba de observar por el retrovisor.
-En estas montañas hace demasiado frío, y solo los encontramos en otoño- dijo en voz alta. Asentí y le devolví la mirada por el retrovisor sonriendo tímidamente mientras me rodeaba con los brazos a mí misma debido al frío gélido al que nos adentrabamos del frondoso y oscuro bosque, aunque solo fueran las 6 de la tarde.
-¿Usted ha estado aquí alguna vez?- preguntó el conductor sin apartar la mirada del sendero agrietado por el que pasábamos.
-Sí, pero cuando era pequeña, no me acuerdo de nada- contesté encogiéndome de hombros.
El conductor murmuró en señal de asentimiento.
-Lo siento mucho por lo de su abuelo...¿Señorita...?
-Lilith.
El conductor asintió.
-Debe de haber sido muy doloroso- expresó el conductor.
Giré mi cabeza hacia el cristal para mirar el bosque. Ese bosque me daba unas vibras muy raras.... Empecé a sentir una punzada de dolor en el pecho al mirarlo aún más. Cogí aire confundida y volví a girar mi cabeza para mirar mi regazo. El dolor descendió y cogí aire sin tener más dolor. Me sujeté la zona sin entender que me había pasado y miré hacia el retrovisor observando que el conductor esperaba mi respuesta.
-Sí, fue mi doloroso, era mucho para mí- susurré.
Mi abuelo fue el único que me quiso y estuvo conmigo en todo. Fue básicamente mi figura paterna, mi lugar seguro, y desde hace dos días de su muerte ya no me sentía igual, mi comodidad y amor se congeló cuando la enfermera se acercó a mí pidiéndome disculpas para después darme la noticia.
Volví a suspirar y cerré los ojos un momento debido a los pinchazos que sentía. No quería llorar, y no quería llorar aquí, menos con un desconocido que sentía pena por mí situación. Era un conductor que contrató servicios sociales debido a mí situación y por el largo tramo para llegar a Asward, ya que de la ciudad se encontraba a cuatro horas en coche. En el camino estuve leyendo el último libro que me regaló mi abuelo y luego escuché un poco de música de mi viejo y pequeño móvil con mis auriculares de cable. Mis equipaje se encontraba en la parte trasera del coche, dos mochilas y un bolso con más cosas. Tampoco tenía mucho que llevar.
Cogí mi mano izquierda y miré el anillo que reposaba en mi dedo corazón, ese anillo me lo dió mi abuelo cuando cumplí los 10 años y me hizo jurar que lo cuidaría con mi alma ya que perteneció a mí madre. Era plateado y con una pequeña mota dorada debajo de la pequeña gema morada que tenía en medio. Desde el primer día que lo vi algo en mí se removió, un sentimiento y comodidad que nunca entendí de donde llegó. Algo dentro de mí sonrió al ver el anillo, como si fuera la joya más preciada y perfecta del mundo, que tenía que cuidar con mi vida. Nunca me lo quitaba, y las pocas veces que me lo quitaba era para bañarme o para actividades en las que hubiera que ensuciarse las manos.
Acaricié mis vaqueros azules oscuro debido al frío y al creciente temblor de mi cuerpo.
-Voy a aumentar la temperatura del aire- espetó el conductor debido al frío. Asentí riéndome debido a su reacción. Me asomé por la ventana y delante nuestra, en un lado de la carretera había un antiguo cartel color beige con decoraciones vintage en el que se leía: Asward.
El bosque al pasar el cartel se volvió más verde y frondoso, y lo único que se veía desde dentro era oscuridad y niebla.
El sendero se volvió más estrecho y en cada bache me tenía que sujetar del asiento.
No podía apartar la mirada del bosque, algo de ahí me enganchaba a mirarlo cómodamente, como si yo hubiera vivido ahí toda mi vida. Sentí algo mirarme, y al mirar el retrovisor para ver si era el conductor me percaté de que él no era el que me miraba.
Volví a girar mi vista al bosque y sentí algo muy raro, algo vibrando dentro de mi. Me dió un escalofrío por todo el cuerpo y escuché susurros lejanos que no entendía. Miré confundida al retrovisor.
-¿Has dicho algo?-le pregunté al conductor.
Este negó.
-No.
Me mordí el labio y me volví a reclinar cómoda en el asiento mientras los baches cesaban poco a poco. Escuchaba los lejanos susurros en mi oreja izquierda, la que daba con el cristal. Agudizé mi escucha pero seguía sin entender. Cerré los ojos un momento y los volví a abrir confundida, y los susurros pararon de golpe. Cogí aire y lo expulsé intentando calmarme. Era mi imaginación, seguro era el sonido del viento.
Subimos una colina de una pequeña montaña por el sendero más cómodo para pasar, y después se volvió el sendero largo y recto, y desde lejos se veía una pequeña casa color blanco sucio con muchas habitaciones y ventanas, y con un gran jardín e invernadero a un lado de la casa. Nos acercamos hasta llegar a la gran verja negra, oxidada y puntiaguda al final. Y abrí la ventana para poder sacar un poco la cabeza y observar impresionada la gran mansión que se encontraba delante de mis ojos. Era imposible que eso me perteneciera a mí. La mansión tenía demasiadas ventanas y parecía de tres pisos, y su estilo arquitectónico era gótico. Las paredes eran de un blanco sucio y desgastado por los años,y después de la verja se encontraba un jardín con unas hermosas flores rojas, y pude apreciar también que detrás de la casa había un jardín, peor no se veía muy bien. Metí la cabeza de vuelta al coche y cerré la ventanilla con los ojos abiertos de la sorpresa. El conductor se paró frente a la gran verja que generaba respeto, y tocó el timbre antiguo que había al lado izquierdo en la pared de la verja. Lo toco y se escuchó un timbre estridente y elegante a la vez, hasta que una voz contestó.
-¿Dígame?- preguntó la voz con elegancia.
-Vengo a dejar a la Señorita Lilith-contestó mi conductor. Pasaron unos segundos y la verja crujió molestamente, para después abrirse hacia dentro y dejar un gran sendero cuidado. El conductor arrancó el coche y pasamos lentamente por el sendero, mientras yo me acercaba al cristal y miraba el jardín que había en los dos lados del sendero. Todo eran rosas, de todos los colores: rojas, negras, moradas blancas y rosas, ordenadas todas en línea con sus respectivos colores. También se encontraban unos grandes arboles verdes oscuro por los dos lados del jardín.
Estaba en shock. Era imposible que yo hubiera vivido ahí... Todo esto era demasiado caro. Comencé a sentir un sentimiento en mi pecho, un pequeño dolor familiar que no supe reconocer. Me sentía... Como en casa, por así decirlo, me sentía cómoda. Sonreí y el conductor paró el coche cuando llegamos a la puerta principal.
Salió del coche y abrió mi puerta dejándome salir. Salí y pisé el suelo con un suspiro de felicidad. Había sido un viaje muy largo y cansado. El conductor después cerró la puerta y se dirigió al maletero sacando mis pertenencias. Me acerqué hacia allí guardando mi móvil y mis auriculares en la parte trasera de mis vaqueros, y el libro lo metí en una bolsa de tela que tenía. Intenté coger mis pertenencias, pero el conductor las cogió antes que yo y las llevo pesadamente hacia la entrada.
-Deje que lleve algo- musité mientras miraba hacia el cielo. Estaba nublado y unas nubes oscuras avecinaban una tormenta. Cerré mi chaqueta debido al frío que calaba los huesos. No habíamos pasado por el pueblo ya que la mansión se encontraba en la otra punta del pueblo, en la parte alta de las montañas.
Miré hacia los lados del jardín de la mansión y pude ver que todo el perímetro del lado izquierdo de la mansión estaba rodeado por el bosque. Giré mi cabeza hacia el lado derecho y enfoqué mi vista debido a la oscuridad que silenciaba la tarde poco a poco. En ese lado había a unos pocos kilómetros otra mansión, pero era rústica y marrón. Se veía preciosa también, pero se veía un largo camino para llegar hasta allí, era la más cerca que teníamos ya que pude ver que habían otras pero se veían tan pequeñas que no sé podía observar su color. Esa mansión rústica era por así decirlo la más cerca que teníamos. Nos separaba un poco de bosque, y el único camino era para dentro de ese bosque. Ya no se veía muy apetecible poder caminar por ahí.
Fui hacia la entrada donde se encontraba mi conductor y las dos grandes puertas principales madera oscura se fueron abriendo poco a poco, dejando ver a un señor de unos 40 años, atractivo y de tez pálida, y unos grandes ojos azules observándome. Su cuerpo era de una complexión media, y su cabello caía en sus hombros, de un color castaño medio. Sus pómulos y sus ojos azul claro resaltaban en él. También poseía unas cejas robustas. Sonrió cuando nuestros ojos se encontraron y se acercó a mí y me dio un gran abrazo. Ese hombre me sacaba dos cabezas. Se apartó de mí y me miró de arriba a abajo.
-Perdón, es que estás muy mayor desde la última vez que te vi - dijo el señor con la voz grave y los ojos un poco cristalizados. Pude ver en sus ojos tristeza y nostalgia a la vez. El conductor pasó y dejó las maletas en medio del recibidor y se acercó a mí y me dió la mano a mí y al señor.
-Un placer -exclamó sonriendo y me guiño el ojo antes de irse. Observé como el coche oscuro de alejaba por el sendero. Me giré otra vez hacia el señor confundida. Algo en él me resultaba familiar.
-¿No te acuerdas de mí? Soy tu tío Jeremiah, llámame Jeremy-dijo dándome la mano. La acepté con cuidado observando sus ojos azules hielo.
-Hola-dije tímidamente. Él sonrió.
-Pasa, tenemos que hablar de muchas cosas después de que te te pongas al día en tu habitación- recomendó él.
Pasé al recibidor y miré todo sorprendida. Era un gran recibidor, el suelo era de roble oscuro y las paredes por una mitad, la inferior, eran de madera del mismo color que el suelo, y la otra mitad superior de papel azul medio con flores de un tono más oscuro.
En frente de ella se encontraba dos escaleras caracol grandes y en el techo una gran lámpara de cristales con toques dorados. Era hermosa.
-¿Te gusta?- preguntó Jeremy mirando donde estaba mirando yo. Asentí sin palabras. Luego me ayudo con mi equipaje y subimos por una de las escaleras caracol con el peso de mis pertenencias. Había un gran pasillo extenso y amplio con muchas habitaciones. Fuimos hacia la derecha y en el final del pasillo había una puerta diferente a las demás. No era de color roble oscuro como todas, era blanca. Jeremy la abrió y metió el equipaje dejándolo en una esquina para después suspirar y limpiarse las manos. Seguí sus movimientos e hice lo mismo, y después de dejar unas mochilas en el suelo levanté la vista y observé esa habitación. Mi habitación. Era totalmente diferente
Las paredes eran en la parte inferior de roble oscuro, pero luego el papel de la parte superior era blanco con decoraciones doradas y brillantes. El techo estaba cubierto de una grande lámpara de diamantes como la del recibidor con toques dorados, y en una esquina había un gran armario y al otro lado una estantería vacía y cajones. En las esquinas de la gran cama habían mesitas de noche, y la cama matrimonial estaba cubierta por una manta sedosa de color dorado. La cama estaba cubierta por un dosel blanco y había un gran ventanal con vistas hacia el otro lado de la mansión, donde antes no podía ver el jardín que se escondía al otro lado. Era un hermoso jardín. Estaba lleno de rosas rojas y negras, y otro tipos de flores, pero todas de colores oscuros. Habían enredaderas cubriendo una cúpula con cristales, a la que podías entrar y había un gran sillón para leer, y al lado derecho de encontraba el invernadero, aunque tenías que darte un buen paseo para llegar hasta allí. En medio de la habitación había una gran alfombra. Miré todo sorprendida y en shock. Era la única habitación menos oscura y gótica de la mansión.
-¿Te gusta Lilith?-preguntó mi tío mirándome sonriendo. Asentí y le sonreí de vuelta.
-Cuando termines de instalarte cenamos- recitó él y me dió una última mirada para después salir de la habitación.

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⏰ Ultimo aggiornamento: Mar 11 ⏰

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