Capítulo 1 - Ella me encontró

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5:30 a. m.

Asvell despertó de golpe, aún con el corazón latiendo fuerte por el sueño.
Se sentó en la cama con el torso desnudo, tomó su celular para ver la hora y suspiró profundamente.

-Cinco y media... demonios.

Se levantó sin hacer ruido, estiró un poco los brazos y caminó hacia el baño.
Al pasar por su cama, sonrió al ver a Mereth y Merley durmiendo profundamente, abrazadas entre ellas y cubiertas con la manta hasta la nariz.
Ambas pequeñas eran su alegría diaria.

Tras un baño rápido con agua fría para despejar la cabeza, Asvell se preparó un desayuno ligero: pan tostado, huevo con jamón y jugo de naranja.
Regresó un momento a la cama y besó suavemente la mejilla de cada una de sus sobrinas.

-Las amo, traviesas -susurró.

Tomó su mochila, su cuaderno y salió a toda prisa. Mientras caminaba a paso firme por las calles tranquilas del amanecer, su mente seguía dándole vueltas al sueño.

"Ese elevador... esa mujer..."

Dobló la esquina y de pronto:

-¡Auch!

Chocó contra alguien y ambos cayeron al suelo.

-¡Lo siento mucho, yo iba distraído! -dijo Asvell, levantándose rápidamente y extendiendo la mano.

La joven frente a él era hermosa.
Tenía un vestido blanco brillante, a media pierna, con un aura de elegancia casi irreal.
Su cabello caía en ondas suaves, y su piel parecía brillar con la luz del amanecer.

Ella tomó su mano y, en lugar de simplemente agradecerle, lo atrajo con suavidad, abrazándolo por el cuello.

Su aliento rozó su oído y su voz sonó como un eco del más allá:

-Al fin te encontré...

Asvell se quedó helado.

Cuando parpadeó, ella ya lo había soltado y corría sonriendo por la misma esquina por la que él acababa de llegar.

-¡Oye! -exclamó, y corrió tras ella.

Doblando la esquina... no había nadie.

Solo la calle vacía, silenciosa, como si nunca hubiese estado allí.

Asvell se quedó quieto por unos segundos, procesando todo.
Su rostro estaba rojo, no solo por la sorpresa... sino por el abrazo.

-¿Qué demonios fue eso...? ¿Quién era ella...? -susurró, desconcertado.

Resopló, sacudió la cabeza y siguió su camino.

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Al llegar a la universidad, se reencontró con sus amigos en la explanada principal.
Beni, con su rostro serio, revisaba un cuaderno lleno de anotaciones.

Sandra corría hacia ellos, con su típico entusiasmo, saludando con una gran sonrisa.

-¡Asvell! ¡Beni! ¡Víctor, Antonio! ¡Ya entregaron el trabajo de filosofía? -preguntó mientras se colgaba del brazo de Asvell, algo que siempre hacía sin permiso, pero que nadie le reclamaba.

Víctor, que venía con sus lentes de sol y café en mano, respondió despreocupado:

-Yo le pedí a una IA que me ayudara... así que todo bien.

Todos rieron.

Antonio agregó con tono burlón:

-Yo sí lo hice... mientras escuchaba música. A ver si saco más de ocho por una vez.

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