Oh, kiss me beneath the milky twilight
Lead me out on the moonlit floor
— Sixpence None The Richer
Para Martin, el verano no empezaba hasta que no ponía un pie en el apartamento de vacaciones de su familia.
Desde que era muy pequeño, sus padres siempre habían organizado las vacaciones en la costa, en playas distintas, en casas distintas. Hasta que, un año, se les presentó una oportunidad. Su vecino había decidido vender su apartamento de vacaciones, porque al parecer, al cumplir los setenta, había concluido que ya no estaba en condiciones como para viajar a Italia cada verano.
La familia Urrutia no perdió el tiempo y, cuando Martin tenía solo once años, compraron aquel piso frente a la costa italiana. No era muy grande, pero la distribución lo hacía parecer espacioso. Había suficiente sitio para Martin, su hermana Sofía y sus padres. La terraza daba directamente a la piscina de la urbanización, y desde ahí se podía ver cómo las olas se rompían en la orilla.
El "Residence Mareluna". Fue amor a primera vista.
Desde entonces, cada verano, se armaban de paciencia para hacer ese viaje en coche de más de quince horas hasta Italia. Al parecer era más cómodo tener el coche allí para moverse. Nadie se quejaba, sobre todo porque les esperaban dos meses de pura felicidad.
Martin recordaba bien que la primera semana en Italia le había parecido bastante rara. Él y su hermana no hablaban bien italiano, y eso complicaba bastante el hacer amigos. Pero con el paso de los días, poco a poco fueron integrándose en un grupo de chicas que también pasaban el verano en ese mismo complejo residencial. Lo mejor era cuando conocían a otros niños españoles y podían pasar un rato entendiendo todo lo que se decía.
De todos modos, todo era perfecto. El aire siempre estaba cargado de ese calor casi asfixiante, suavizado por una brisa fresca que soplaba sin miedo. A medida que crecía, Martin había empezado a valorar cada vez más su nuevo destino de vacaciones. Cuando un verano se quedaron en casa, en el País Vasco, por problemas laborales de su padre, se dio cuenta de que no sentía que fuera verano de verdad. Pero en cuanto llegaron a su piso en la playa, ya a finales de agosto, volvió a sentir la alegría del verano.
Ahora ya era mayor. No pasaba todo el viaje abrazado a su cubo rojo esperando poder construir un castillo de arena. Tenía casi veinte años. Pero no podía ni quería renunciar a sus vacaciones familiares en Italia. Su hermana ya no se quejaba porque se le hubieran roto sus chanclas rosas, ahora era mayor de edad y se quejaba porque iba a pasar el verano sin ver a su "crush" de la uni. Su madre, Camila, le repetía: "Tranquila, que no se muere nadie", pero Sofía parecía bastante molesta.
"¿En serio no podemos invitarlo ni una semana? Total, sitio para dormir hay, y a él le encantaría".
Camila resopló. "Sofi, ya te hemos dicho que lo veremos más adelante. Déjanos llegar, al menos".
Su padre, Pablo, se reía mientras sujetaba el volante.
Martin, encogido en su asiento, rezaba a todos los santos para que su hermana dejara de quejarse y le permitiera escuchar su música en paz. Nunca lo admitiría, pero en el fondo le gustaba ese ambiente tan familiar.
"Si no queréis que él duerma en el sofá, podemos echar a Martin", dijo Sofía, mirándole con una sonrisa divertida, esperando su reacción.
"¿Pero qué tengo que ver yo ahora?", preguntó él, gesticulando.
Ella sonrió. "¿No eras tú el que prefería quedarse en casa porque estaba ese chico con el que hablabas...?".
Martin le tiró una de las toallas de playa que tenía en la bolsa a sus pies. "No hablaba con nadie, era él el que me escribía todo el rato. En cuanto le dije que me iba todo el verano a Italia, desapareció".
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Truly Madly Deeply {J+M}
FanfictionA Martin le encanta el verano. Le encanta el mar. Le encanta el helado de chocolate. Cada año se va con su familia al Residence Mareluna, en Italia. Sin embargo, lo que debería ser su período libre de estrés y distracciones se convierte en todo lo c...
