Pequeño wei ying

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🌨️「Capítulo 1 — El Hijo de la Nieve」🌨️

La nieve caía como ceniza de un incendio antiguo, silenciosa, persistente, implacable. El cielo estaba encapotado, de un gris tan profundo que parecía tragar el color del mundo entero. Bajo ese velo de escarcha, un niño corría.

—¡A-Ayuda! —gritaba con una voz rota, la garganta quemada por el frío.

Sus pies descalzos golpeaban la nieve endurecida, dejando huellas que se borraban casi al instante. El viento era un látigo que lo azotaba sin piedad, la ropa que llevaba—una camisa de lino rasgada y un pantalón dos tallas más grande—no lo protegía del frío. Su rostro estaba sucio, manchado por lágrimas congeladas.

Y tras él... perros. Salvajes. Hambrientos.

Los animales ladraban con furia, sus colmillos brillando mientras sus patas hundían la nieve con fuerza. Ocho, tal vez diez. Un niño de no más de seis años no tenía oportunidad.

El pequeño tropezó, cayendo de bruces. No se levantó. El cansancio, el miedo, el hambre... Todo colapsó sobre él.

Los perros se acercaron.

Fue entonces que el mundo cambió.

—Deténganse. —Una voz resonó, baja, peligrosa, como el zumbido de un rayo a punto de caer.

Los perros se frenaron en seco. Uno chilló. Otro intentó correr, pero algo invisible lo lanzó contra un árbol.

Y luego el viento se volvió rojo.

Una figura descendió del bosque con una capa negra que flotaba como alas de cuervo. El ojo visible bajo su parche brillaba como una estrella ensangrentada: Hua Cheng.

—No me gusta repetir órdenes —murmuró, chasqueando los dedos.

Una cadena negra salió de la manga de su túnica y azotó el suelo. Los perros salieron huyendo, chillando como si hubiesen sido quemados.

—¿San Lang? —La segunda voz vino de arriba.

Desde el aire descendía una figura vestida de blanco, con una corona de flores secas en el cabello y una mirada suave como la luna entre la niebla. Xie Lian, el Príncipe Heredero de Xianle, aterrizó a su lado, mirando al niño con preocupación.

—Está herido —dijo, ya arrodillado a su lado.

Wei Wuxian, aterrado, intentó alejarse.

—¡No me lleven! ¡No quiero volver con el viejo loco!

—¿Viejo...? —Hua Cheng arqueó una ceja.

Xie Lian, en cambio, le sonrió con una dulzura que desarmaba.

—No vamos a llevarte a ningún lugar que no quieras, pequeño. ¿Cómo te llamas?

—No... tengo nombre... —susurró, encogiéndose.

El silencio cayó sobre los tres. El niño temblaba. Hua Cheng lo observaba con intensidad inusual, mientras Xie Lian le acariciaba el cabello enredado.

—Entonces te daremos uno —dijo Xie Lian—. Un nombre que te pertenezca solo a ti.

—"Wei Ying" —murmuró Hua Cheng.

Xie Lian lo miró.

—¿Por qué ese?

—Porque... él resistió. Luchó. No se rindió —respondió Hua Cheng, bajando la mirada al niño—. Y porque su alma es fuerte.

—Wei Ying... —repitió Xie Lian con una sonrisa—. ¿Te gustaría llamarte así?

El niño asintió lentamente, y luego se desmayó.

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🌙「Bajo el Techo de los Dioses Caídos」🌙

La cabaña donde despertó era cálida.

Por primera vez en su vida, Wei Ying no sentía frío al abrir los ojos.

Había una manta gruesa sobre él, suave como nubes, y un olor dulce flotaba en el aire: arroz con jengibre. Parpadeó. La habitación estaba hecha de madera, con faroles colgados en el techo y talismanes de protección en las paredes. Junto a una mesa, Xie Lian le daba la espalda, cocinando algo con una sonrisa leve.

—Ya despertaste —dijo sin volverse.

Wei Ying se sentó de golpe, aún desconfiado.

—¿Dónde estoy?

—En casa —respondió una voz desde la puerta.

Hua Cheng entró, con un cuenco en la mano y una bufanda carmesí al cuello. Wei Ying retrocedió al verlo, aún recordando el destello rojo, la cadena, el miedo.

—Tranquilo —murmuró Hua Cheng, dejando el cuenco sobre la mesa—. No soy tu enemigo.

—¿Me van a usar para sus rituales?

—¿Qué? ¡No! —Xie Lian se rió suavemente, dejando los palillos a un lado—. No creemos en sacrificios.

Wei Ying los miró desconcertado. Nadie le hablaba así. Nadie lo tocaba con esa delicadeza. Nadie le ofrecía comida sin exigir algo a cambio.

—¿Por qué me ayudan?

—Porque nadie más lo hizo —dijo Xie Lian con tristeza.

Hua Cheng se sentó junto a él.

—Si tú no tienes un lugar donde estar... puedes quedarte con nosotros.

El niño no respondió de inmediato. Bajó la mirada, su estómago rugía.

—¿Puedo comer primero?

Xie Lian le ofreció una sonrisa radiante.

—Claro que sí.

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⛩️「La Familia que el Destino No Planeó」⛩️

Pasaron meses.

Wei Ying creció entre hojas de bambú y juegos de espadas de madera. Hua Cheng le enseñaba a lanzar dagas, y Xie Lian a bordar sellos de protección. Le enseñaron a leer, a escribir, a reír sin miedo. Era un niño curioso, vivaz, brillante... y profundamente protector.

—¡¡No!! ¡¡Esa flor es mía!! —gritaba un día mientras defendía una flor de nieve con una rama.

—Wei Ying, es solo una flor —dijo Xie Lian con paciencia.

—¡Pero la plantaste tú! ¡Y eso la hace valiosa!

Xie Lian y Hua Cheng lo miraban con afecto.

—Tiene tu terquedad —comentó Hua Cheng.

—Y tu dramatismo —replicó Xie Lian.

Wei Ying florecía. Pero el mundo no tardó en tocar a su puerta.

Un día, mientras regresaban del mercado de la aldea más cercana, un grupo de cultivadores de la secta Jiang pasó por allí.

—Ese niño... —dijo la líder auxiliar—. Me recuerda a alguien.

El líder Jiang no estaba, pero sus subordinados lo observaron con ojos fríos.

—Podría tener talento. Si es huérfano, deberíamos llevarlo.

—No lo es —respondió Hua Cheng, con una sonrisa tan afilada como el filo de una navaja.

Xie Lian abrazó a Wei Ying, quien se aferró a sus ropas.

—Este niño ya tiene familia —dijo Xie Lian con voz firme—. Y no será arrebatado.

Esa fue la primera vez que la familia Jiang intentó tomarlo. Y no sería la última.

Pero ahora... Wei Ying tenía a dos padres. Uno era un dios que había caído mil veces por amor, y el otro un fantasma que había destruido ejércitos enteros por una sola sonrisa. Nadie lo tocaría.

Hijo de un dios y una calamidad Stories to obsess over. Discover now