Kenta Hayashi.
Es un joven japonés que mira por primera vez la película 'K-pop Demon hunter', la famosa película del que todo el mundo está hablando en redes sociales.
Lo que no esperaba es que fuera enviado a ese mismo mundo por culpa de una extrañ...
Las letras finales de K-pop Demon Hunters se deslizaban por la pantalla, iluminando el cuarto con un brillo tenue. Podía sentir mi cuerpo tenso, ardiendo en una mezcla de frustración y decepción que me subía por el pecho. No podía creer lo que acababa de ver.
Esa película me la había recomendado mi hermana. “Te va a encantar”, me dijo. “Vas a agradecerme después.” Y claro, lo hice. No podía negar que había sido buena. Incluso las canciones seguían resonando en mi cabeza, pegajosas, imposibles de olvidar.
Y definitivamente se necesita una segunda película.
Era la primera vez que lograba mantenerme concentrado hasta el final. Yo, que siempre me aburría rápido, que acababa mirando el celular antes de que la historia terminara. Pero esta vez fue distinto. Algo en esa historia me había atrapado por completo.
Hasta que llegó el final.
—¿Cómo es posible que Jinu muriera así?— murmuré para mí mismo, mirando los créditos que seguían corriendo.
Él era la cara del grupo Saja Boys, la imagen principal, casi el verdadero protagonista. Incluso más que las chicas. Pero todo terminó reducido a un sacrificio sin sentido.
¿Amor? ¿En una semana? Tonterías.
No necesitaba ver una película con un final trágico para recordarme que “soltar también es amar”.
Yo quería verlos felices.
A Jinu y a Rumi juntos, riendo, vivos.
Suspiré. Los otros chicos del grupo ni siquiera tuvieron oportunidad. Apenas sombras detrás del brillo de los protagonistas. Un desperdicio total de potencial. Yo solo quería más: más acción, más historia, más emociones.