Recordaba la mirada de sus ojos. La pícara y sonriente mirada reflejada en su rostro. No entendía la admiración o de alguna manera el cariño que ella le tenía a su miembro. No entendía el placer que ella tenía con saber que el era completamente de su propiedad, incluyendo a su amiguito. Y como no entendía nada de lo anterior, no entendía porque su novia le había hecho usar ese extraño juguete con forma de anillo. Como una promesa de que era suyo.

Y era incómodisimo. Hasta caminar de forma inadecuada le llegaba a apretujar de una manera no deseada su miembro, haciéndolo retorcerse de manera imperceptible de dolor. Ese anillo cada vez lo apretaba más, sentía que iba a explotar.

Fue al baño y se miró en el espejo. Respiro, intentando calmar su malestar, el evitar quitárselo para cumplir con la promesa de su novia. Lo estaba haciendo por ella, para que ella supiera que era suyo. Pero ya no aguantaba. Se mojo la cara con agua, planeando su pequeña venganza contra ella. Si así tenía que ser, el también le demostraría que ella era suya.

Llego a su apartamento, observando que estaban las luces prendidas. Olía el aroma a la comida que ella había preparado. Le gustaba. Fue a su habitación y dejó sus cosas después de un largo día de trabajar. Se sentía cansado, pero aún le quedaban energías.

Se sento en la mesa y con gusto agarro los cubiertos que estaban sobre ella. La veía al otro lado de la mesa, con una sonrisa resplandeciente, feliz por la comida que había preparado. El también sonrió y llevo un trozo de comida a su boca. La podía saborear, reflucturante, deliciosa, deleitaba sus papilas gustativas. La vista que sus ojos le proporcionaban le parecía maravillosa, exquisita.

Trago, mitad de la comida ya había desaparecido, sin embargo su hambre no se había saciado aún. Iba a esperar hasta el postre si así tenía que ser. Su mirada la recorría dando cada bocado y mordisco, sus cabellos cayendo por uno de sus hombros y el delantal que traía puesto apretando su cuerpo dejando ver sus curvas. Como tomaba su servilleta y se limpiaba, como sus pestañas aleteaban. Se veía hermosa, deliciosa.

Dejó su plato vacío, dio un último trago y miró a su novia, la cual también ya había acabado levantarse y recoger sus platos. Caminó hasta la cocina y sacó del refrigerador dos contenedores de helado. Los sirvió en pequeños bowls y volvió a la mesa, donde los dejó para que pudieran comer el postre. Se sentía ansioso y sentía que no podía aguantar más. La sangre había empezado a correr y cada vez el anillo que traía puesto lo iba matando más. Su respiración empezaba a entrecortarse mientras la luna subía por completo en el cielo, iluminándolo. El cielo ya había dejado los colores naranjas atrás y había dado lugar al vasto color vacío que envolvía la noche.

Llevo la cuchara a su boca. Saboreo. Trago. Lo hizo unas cuantas veces más, hasta que mirándola a ella ya no se pudo contener.

Se levantó de la mesa, haciendo que la mirada de ella se dirigiera a él, confundida. Apago la luz, para más ambientación, y tomó su rostro entre sus manos. Ella frunció el ceño, ¿que estaba haciendo?

-Sabes, tener ese estúpido anillo en mi verga me ha jodido todo el día- dijo él mientras una pequeña pícara sonrisa se formaba en el rostro de ella -tengo que sacarlo de alguna manera-

Y con un movimiento rápido hizo que ella dejara de enfocarse en su postre y ahora estuviera entre los brazos de él. Escuchaba su respiración, agitada, frustrada.

La levantó de su asiento bruscamente tomándola de la cintura y quitó bruscamente todo lo que había de la mesa con un movimiento de su antebrazo. Los platos callaron al piso con un fuerte estallido de cristales rotos y porcelana esparcida.

-¿Qué estás- intentó decir ella hasta que sintió como él la sometía sobre la mesa, la luna iluminándolo en el fondo. Empezaba a calentarse.

El la miró salvajemente y rápidamente ya estaba quitándole el delantal que ella traía puesto. Debajo tenía un vestido rosa decorado con flores que hacía resaltar el color de su piel. Ahora mismo hacía juego con el color de sus mejillas. La posicionó y pasó sus manos por sus muslos, suaves y cálidos hasta llegar hasta su ropa interior. La tomó por los extremos y de un movimiento rápido la rompió. Tenía el paso libre. Se desabrochó el cinturón y por fin pudo sacar su miembro contenido por el anillo que tanto lo había estado incomodando durante el día. Ella lo miró, ansiosa e impaciente por que lo metiera y cuando parecía que iba a hacerlo él se detuvo. Empezó a jugar con él en su entrada mientras tomaba sus piernas y las ponía alrededor de su cintura. Ella soltó un leve gemido, excitada ya por qué lo metiera de una vez. Y así lo hizo. Primero metió la punta y luego de un trancazo todo su paquete. Ella gimió casi inaudible mente. Pronto se empezó a mover dentro de ella, saliendo y entrando de manera lenta. Luego aceleró el ritmo, dando embestidas hasta que la estaba empezando a coger violentamente. Veía sus preciosos pechos rebotar con cada embestida y escuchaba cada gemido y estremecimiento que su novia estaba soltando. Sus cabellos estaban esparcidos por la mesa, y estaba empezando a sudar. La cogio y la cogio, transmitiéndole todo lo que se había guardado durante el día por su estúpido anillo. El también había empezado a gemir, sintiendo que el clímax estaba por venir. Escuchaba el sonido de su piel contra la suya y la melodía de su voz convertida en placer. Aceleró el ritmo hasta que por fin se vino dentro de ella. Se sentía aliviado, y al sacar su miembro de ella se dio cuenta que el anillo ya no estaba en el. Se había librado pero ahora estaba dentro de ella.

-O-Oye creo que el anillo se quedó...- empezó ella, aún recuperando la respiración.

Nuevamente sus ojos se sorprendieron cuando él la cargó hasta el sofá. Se sentó con ella encima y la contemplo.

-No te preocupes lo sacaré de ahí-

Acaricio los muslos de ella, subiendo nuevamente hasta llegar allí. Comenzó con un "masaje" exterior con dos de sus dedos para empezar a calentarla. Ella exhaló. Aumentó el ritmo e inesperadamente empezó a introducir uno de sus dedos dentro de ella. Subía con él en su interior, explorando y metiéndolo más hasta que por fin pudo sentir el anillo atrapado dentro de ella. Pero no decidió sacarlo rápidamente. Eligió sacar el dedo mientras ella soltaba pequeños gemidos y metió dos de sus dedos. Primero hasta el fondo, luego volviéndolos a sacar, moviéndolos dentro de ella. Jugando con ella. Su respiración se había vuelto a acelerar. El aumentaba el ritmo y fuerza con el que hacía sus movimientos. Ella se había empezado a mover. Lo estaba disfrutando. Hasta que, de repente, con una sonrisa pícara en su rostro decidió sacar sus dedos junto con el anillo de dentro de ella. Ella volvió a exhalar con un último gemido de satisfacción. Mirándolo a él y luego al anillo. Volvió a sonreír, al igual que el. Sus dedos habían quedado mojados, y ella al notarlo los "limpió" con el final de su vestido. Suspiró y se recostó en el. La historia de ese extraño anillo había acabado mientras la luna los alumbraba desde la ventana de la sala. 

El AnilloWhere stories live. Discover now