inicios

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Felix estaba haciendo su trabajo como hombre araña como todos los días, salvando gente y evitando desastres. En uno de esos casos, este había terminado lastimado debido a una caída por un fallo de cálculos. Así, herido y frustrado, acabó en la oficina de Miguel —no por deseo propio, sino por la firme orden que este le había impuesto, con esa autoridad silenciosa que rara vez admitía réplica.

Miguel trabajaba en silencio, sus manos firmes, curtidas por el deber y el tiempo, apretando el algodón sobre la piel lastimada con toda la delicadeza que su rudeza le permitía. Felix se contuvo, mascando un gruñido, sin darle el gusto de escucharlo quejarse.

Durante un largo momento, el único sonido fue el del roce de la tela, el leve crujir de una venda.

Hasta que Felix, incapaz de soportar el silencio más que el dolor, exhaló por fin un suspiro:

—"No puedo creer que fallé en ese salto... Estaba tan cerca..."

—"No necesitas explicarte" —lo interrumpió Miguel, sin levantar la vista— "...Hay días en los que simplemente no basta con intentarlo. Lo importante es que sigues aquí. Vivo. Y así debe seguir siendo."

La voz le tembló apenas, una vibración que no pertenecía al tono habitual de alguien como él. Y eso fue suficiente. Felix lo notó, y como si el momento de vulnerabilidad hubiera sido un regalo divino, rió. No fue una risa discreta ni amable, sino una carcajada clara y provocadora, dirigida al orgullo ajeno como una flecha.

Porque cada grieta en la coraza de Miguel era un tesoro que no podía darse el lujo de ignorar.

La risa de Felix quedó suspendida en el aire como un vidrio fino a punto de romperse. Miguel detuvo sus manos por un instante, la venda aún entre los dedos, y alzó la mirada con el ceño apenas fruncido. No había furia en su rostro, pero sí una sombra de fastidio que delataba cuán poco le agradaba sentirse observado, expuesto.

—"Siempre tienes algo que decir, incluso cuando estas herido..." —murmuró con tono seco, aunque su voz no alcanzaba a ser dura del todo.

Felix sonrió, esa sonrisa suya de quien sabe que ha tocado una cuerda sensible y no se arrepiente. Se encogió de hombros con fingida inocencia.

—"Solo me sorprende escucharte hablar como si te importara… Es extraño... Pero no me quejo"

Miguel soltó una exhalación breve, una mezcla entre cansancio y resignación. Sin añadir palabra, continuó, ahora con un poco más de firmeza, como si cada nudo en la venda fuera una respuesta muda a la burla de Felix.

Pero entonces, algo cambió. Tal vez fue el modo en que el silencio volvió a instalarse entre ellos, espeso pero no incómodo. O quizás fue la manera en que Miguel, sin pensar demasiado, se inclinó un poco más, su rostro quedando cerca del ajeno mientras ataba el vendaje final. Sus dedos rozaron la piel sin querer, y la cercanía se volvió palpable, tan densa como la humedad antes de la tormenta.

Felix, que pocas veces perdía el control de la situación, parpadeó. Su sonrisa se suavizó, volviéndose algo más íntimo, más afilado.

—"¿Sabes que, desde aquí, tus ojos no se ven tan serios?" —susurró, el tono más bajo, más lento, como si saboreara la osadía.

Miguel no se apartó de inmediato. Su mirada se sostuvo apenas un segundo de más, el gesto imperturbable… pero sus orejas traicionaron lo que su rostro no dejaba salir: un leve rubor, sutil como un rayo escondido entre nubes.

—"No empieces, Felix" —gruñó al fin, volviendo a ponerse de pie con algo de prisa, como si el aire repentinamente le pesara.

Pero Felix ya había ganado esa pequeña batalla. Lo vio darse la vuelta, lo vio esconder la expresión bajo su sombra habitual… y supo, sin lugar a dudas, que lo había hecho temblar.

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⏰ Last updated: Jun 14, 2025 ⏰

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