El aire vibraba con el rugido de la catástrofe. En medio del caos apocalíptico, dos adultos se aferraban a sus hijas pequeñas, Kara y Karen, cuyos llantos no cesaban ante la inminente destrucción de su planeta natal.
-Niñas, no tengan miedo, todo va a salir bien -intentó calmar la madre, con la voz quebrada.
-Pero mamá, no me quiero alejar de ustedes -sollozó Karen, aferrándose con fuerza.
-Karen, todo estará bien, mi niña -prometió la madre, con los ojos llenos de lágrimas-. Prométanme que se van a cuidar, y que protegerán también a su primo. Él ya debe haber llegado a su destino. Prometan que siempre estarán la una para la otra, como la familia que son.
Un grito de urgencia rompió el momento.
-¡Ya está todo listo! ¡Niñas, entren a la nave!
-No... no quiero irme -suplicó Kara, resistiéndose.
-¡ENTREN AHORA!
El grito sonó como un trueno, cargado de miedo y desesperación. Las niñas, asustadas, se apresuraron a entrar en la pequeña nave sin decir una palabra más.
Los padres se acercaron a la compuerta.
-Niñas, lo siento por gritarles, pero no queremos que les pase nada. Las amamos. Cuídense, mis princesas.
Con esas últimas palabras, el padre presionó un botón y la compuerta se cerró. La nave, con las dos hermanas dentro, comenzó a elevarse, dejando atrás el moribundo planeta y a sus padres para siempre.
A medida que se alejaban, el planeta explotó, desgarrándose en millones de fragmentos incandescentes. La onda expansiva golpeó la nave con una fuerza brutal, haciéndola tambalearse violentamente. Las luces parpadearon y, con un último estruendo, Kara y Karen perdieron el conocimiento, sumiéndose en una oscuridad sin sueños.
Inexplicablemente, la nave no se estrelló. En cambio, flotó a la deriva hacia un rincón del espacio que desafiaba toda lógica: la Zona Fantasma. Allí, el tiempo y el espacio se retorcían, y los años transcurrían sin que las niñas lo supieran. Años, quizás siglos, pasaron como un suspiro mientras permanecían inconscientes.
De repente, un fuerte traqueteo sacudió la oscuridad. Las luces, que habían permanecido apagadas, parpadearon con un brillo rojizo antes de estabilizarse en un tenue resplandor verde. Una voz monótona y metálica resonó por todo el habitáculo, repitiendo la misma advertencia:
-Aterrizaje inminente. Aterrizaje inminente.
Kara y Karen se removieron, sus cuerpos reaccionando a la vibración constante. La nave se sacudía con mayor violencia, como si luchara contra una fuerza invisible.
A través de la única ventana -una rendija ovalada en la pared frontal- se vislumbraba un torbellino de nubes blancas y vientos helados. Un rugido ensordecedor acompañó el descenso, mientras la nave se abría paso a través de la atmósfera de un planeta desconocido.
Con un último golpe seco, la nave impactó. No fue un choque violento, sino un aterrizaje forzoso pero estable.
El silencio que siguió fue casi más ensordecedor que el ruido anterior.
La voz mecánica cesó. La nave había llegado a su destino.
Kara y Karen abrieron los ojos, aturdidas, mientras sus mentes intentaban procesar el cambio abrupto. El aire frío y denso del exterior comenzó a filtrarse por las rendijas, y un escalofrío las recorrió de pies a cabeza. Miraron por la ventana y sus ojos se abrieron con asombro y confusión. La nave había aterrizado en medio de un vasto desierto de hielo y nieve: un paisaje desolado que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
No había rastro de civilización, ni luces lejanas, solo la inmensidad blanca bajo un cielo plomizo. La nave parecía haberse camuflado a la perfección en una grieta profunda cubierta de nieve, casi como si el hielo mismo la hubiera engullido para ocultarla del mundo.
Estaban solas, en un lugar que parecía estar en el fin del universo, sin saber dónde se encontraban, cuánto tiempo había pasado o qué les esperaba.
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DU LIEST GERADE
Las Hermanas Luthor
FanfictionDos hermanas kryptonianas ocultan su identidad y conocen a las hermanas Luthor, sin saber el vínculo que las une. Cuando salgan los secretos, deberán aceptarse tal cual son.
