—¡Jódete! —grito, la rabia estallando dentro de mí—. Si piensas que permitiré que siquiera intentes maltratarme, estás mal de la cabeza. Yo no soy como una de tus putas, a las que tratas como se te da la gana —lo encaro, sosteniéndole la mirada.
Me mira sonriendo. Mierda. Odio esa sonrisa tan perfecta, tan segura, tan él.
Se acerca lentamente, cortando la distancia entre los dos. Cuando está frente a mí, baja la mirada. Sus labios casi rozan los míos.
—Que te quede bien claro algo, niña —susurra—. Puedo ser un imbécil, dominante, posesivo con lo que me gusta... pero jamás, jamás, un maltratador.
Acerca sus labios a mi oreja. Su mano derecha se posa sobre mi espalda baja, segura, fuerte, atrayéndome hacia su cuerpo.
Mi corazón late con rabia, pero también con algo peor. Algo que se arrastra bajo mi piel y se instala entre mis piernas.
Lo odio, pero mi cuerpo... no parece estar de acuerdo.
—Puedo ser arrogante —vuelve a susurrar en mi oído, con voz grave—, pero no soy cruel. Y mucho menos contigo.
Y cuando me dice eso, mis ojos se cierran.
Siento cómo esa electricidad que sólo él logra causar en mí recorre todo mi cuerpo.
Y ese fue el momento exacto en que supe que estaba jodida. Porque él no era Enzo... pero podía romperme de formas nuevas. Peores. Adictivas.
YOU ARE READING
Rotos
RomanceMailet ya conoció el infierno: un ex que la rompió desde adentro, que la convirtió en sombra, palabra por palabra. Desde entonces, vive con reglas claras: No confiar. No ceder. Y sobre todo... no volver a amar. Hasta que aparece Riven. Con esa boca...
